jueves, 11 de diciembre de 2008

Ceramistas y alfareros

Al final medio me he enterado de la diferencia entre ceramistas y alfareros. Los alfareros usan torno y sus utensilios tienen una finalidad práctica, en principio. Los ceramistas no tienen porqué usar torno y la pretensión suele ser artística. Eso me lo explicaba una ceramista que tenía mucho respeto por los alfareros. Estábamos en la exposición de una artista de la cerámica que trabaja el barro para dar rienda suelta a sus sentimientos, a sus emociones y a lo que quiera. Luego cuece la pieza en un horno, la pinta con extraños esmaltes y la vuelve a cocer. Las ha expuesto todas en el salón municipal de un pueblo del Aljarafe, una antigua almazara que aun conserva las tinajas y las piedras de moler la aceituna. Conforman conjuntos escultóricos que tratan de transmitir conceptos como "caminamos", reflexión, "guerra no", etc. El ambiente es sencillo y amable, lejos de la afectación y la pedantería propias de otros eventos de no más merito. Gente que no va de nada, que quieren admirar y apoyar a la expositora y se alegran de volver a verse después de muchos años: varios de ellos fueron antiguos alumnos de la escuela de Artes y Oficios. Fui allí por que la persona a quién llamé primero no estaba disponible.

Antes había quedado a las siete y media de la mañana con compañeros para acudir a unas jornadas de encuentro con los fabricantes de un sector de interés. Las dos conferencias estuvieron bien y mejor aún el debate posterior. En la comida de trabajo, comí poco, me senté adrede con los fumadores porque me interesaba charlar con alguien de Cataluña que me llamaba la atención. Me dijo que su cometido como consultor era detectar las posibilidades que tenían las distintas artesanías que aún abundan en el sur para su desarrollo empresarial. Era, según deduje de sus explicaciones, una forma de tratar de sustituir la perdida de actividad industrial que provoca la salida de los fabricantes de coches del país, con el motivo/pretexto de al crisis. Me asombra la capacidad que los empresarios, u organismos de apoyo de estos, tienen para analizar los sectores productivos y el mercado con miras a largo plazo. Me fascina la cultura de empresa e innovación que tienen, no solo los líderes sino también la gente de a pie. Aunque por estas latitudes aún estamos muy atrás, hay que aprender.

Me acuesto pronto (a las una) y me doy cuenta que no he gastado ni un duro. Las últimas cervezas con tapas -las de todo un grupo- las ha pagado una señora que se ha dado el gustazo de reirse de la crisis. El resto, la organización de la actividad empresarial: me lo he ganado. He generado conceptos, ideas y acciones que los demás no siempre saben captar. En Andalucía nos falta cultura de trabajo en equipo. Habrá que despabilarse. Menos cerveza en el bar y más reunión de trabajo, pero productivo.

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