viernes, 5 de diciembre de 2008

Genio y figura

Cuando la jornada es apretada o se está mucho tiempo fuera de casa, el viernes por la noches se plantea el dilema de si salir fuera o disfrutar del rincón que tan caro cuesta y tan poco partido se le saca. Hoy he optado por no aceptar la invitación a salir con un grupo de nuevos amigos y quedarme "recogido". Esta palabra tiene otra acepción en el acervo popular y es el vivir casado, en el hogar, con una vida estable, cuidando de los hijos, pasadas ya las noches de parranda y desenfreno. Los tiempos son los que son, y ahora "recogido" puede significar quedarte solito en lo que llames casa, reflexionando sobre los abatares de la vida o navegando por internet, que unas veces te lleva a templos de santidad y otras a antros de perdición. De vez en cuando hay que perderse un poco, que ya alguien nos encontrará.

Así termino hoy este día, que empezó con una sesión clínica dura, ¡eso sí!, con gente por la que merece la pena dejarse el pellejo, que hay alumnos cuya calidad se les ve venir. En este grupo hay varios que serán unos profesionales como la copa de un pino, sobre todo una chica que es casi perfecta (la perfección absoluta no existe conmigo) y para la que tengo reservada ya una matricula de honor. Es buena en todo, incluso en lo modesta y sencilla. Otros dos chicos, ya algo más mayores, son también magníficos y un buen número más serán asimismo excelentes profesionales. Así da gusto trabajar. Mi trabajo ahora va muy bien, no me puedo quejar.

Luego, unos tramites y después un rato con el abuelo, que ha dejado su querido campo para venir a visitarme. El hombre, que cumple estos días los ochenta y cinco, está más mayor pero sigue lúcido y con total autonomía. Es una de las personas más inteligentes y buenas que existen y es opinión compartida por todos los que le conocen. Todavía mantiene la ilusión por el vuelo y disfruta pilotando la avioneta del aeroclub, bajo la supervisión de su otro hijo. Los aterrizajes resultan un poco duros, pero no nos salimos de la pista. Cualquiera diría que fue piloto de guerra. ¡Pues no! sacó su licencia a los 68 años, después de que a un servidor la crisis de los treinta le diera por volar y él dijera que ya era hora de cumplir el sueño de su vida. Y sacó su título de piloto privado y hasta se hizo una tarjeta que ponía "Fulanito de tal" Piloto Privado.

Después de la última clase, que tampoco ha estado mal, encuentro con los nuevos amigos, que me acogen con una cordialidad exquisita. Comemos juntos y me invitan a seguir luego por la noche. Pero tengo ganas de quedarme en mi rincón, tranquilo, y disfrutar algo de la música, la lectura... Al final ni escucho tanto ni leo mucho, pero bien. Es posible que la ansiedad de los primeros tiempos vaya dando paso a un cierto sosiego, sin que ello suponga apagar el espíritu inquieto que con el que uno nació. Genio y figura...

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