viernes, 12 de diciembre de 2008

Frío y pedantería

Hago la vuelta rencofortado, a pesar del frío, de la calle solitaria y de la iluminación a medio gas. La visita familiar me ha reportado la suficiente calidez como para hacer el trayecto sin que se me congele el alma. ¡Toma ya discurso pedante! Rectifico: sin que la tristeza me amilane ¡Tampoco queda! Lo intento de nuevo: sin que se me resienta el buen estado de ánimo.¡Mejor! En mi cubículo pruebo una morcillita de Burgos a cuyo sabor no estoy acostumbrado, una naranja con el cítrico muy alto, se ve que son de antes del riego por goteo, y me reservo un rosquito de vino para después. Lo peor es que no tengo previsto mucho ejercicio físico para el fin de semana, haber como canta la báscula.

La mañana, algo dura. Llegué diez minutos tarde, una barbaridad para mí, y empecé a batallar con los alumnos en la sesión clínica. No han estado mal, algunos muy bien. Este grupo, ya lo he comentado, es especialmente bueno y está motivado, aunque siempre hay quien falla. Después, contactos con gente. Consigo hablar con un experto en tabaquismo al que le grabo la entrevista por teléfono: el en su despacho y yo en la emisora. Me parece un tío enrollado, que se decía tradicionalmente. Queda bien en la entrevista y se ofrece en seguir colaborando en otros espacios. Habrá que trabajar el tema que promete mucho.

A mediodía, comida en toda regla en el restaurante/cafetería de siempre. No está mal, muy casera.
Por la tarde, encuentro con los compañeros de la clínica. Aprovecho que una amiga quería venir a ver lo que tenía, y ensayamos los nuevos protocolos con ella. Se presta encantada por verse rodeada de profesionales tan solícitos y nosotros también por tener una paciente tan amable. Después, cada uno a su casa y Dios en la de todos. en mi caso, mi casa ya no es mi casa y Dios está a lo suyo. Pero no me quejo. ¡Que se ocupe de otros que lo necesitarán más!

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