Las calles del centro aparecen llenas de gente que va, que viene, que permanece frente a los barecillos de la plaza, sosteniendo los vasos de cerveza medio llenos, medio vacíos, con el último culín, mientras el voluntarioso del grupo se pelea por un puesto en la barra y por un camarero que le preste atención. Tras su ratito de poner cara de desmayado, consigo unas cañas y unos montaitos y puedo proveer al personal. Repetimos la operación en un par de sitios más y me doy por alimentado, solo a falta del descafeinado y de las pastitas. Sin algo dulce no se completa el almuerzo. Reflexiono sobre la aparente salud consumista del gentío y me percato de que están los mismos de siempre, pero un poco más comedidos a la hora de pedir. Horas después, en un ratito de gratísima compañía, coincido con la persona con quien converso que si no se mueve el dinero, si la gente no gasta, no consume, la crisis se agudizará in extremis.
Lo mejor de la conversación del medio día gira en torno al comportamiento social. Se discute sobre si interpretamos un papel o nos mostramos tal como somos. No hay consenso, pero llego a mi propia conclusión de que, si no se tiene confianza o se está inhibido por cualquier motivo, adoptamos una imagen diferente a la natural en nosotros. Sin embargo, si estamos a gusto, relajados, confiados y en sintonía con quien hablamos, nos quitamos la máscara y nos comportamos con espontaneidad. No hemos descubierto nada nuevo pero la cuestión no está tan clara para todos. Hay algunos que no se despojan de su disfraz en la vida. Se les pega tanto a la piel que llegan a creer que son ellos mismos. Cuando se lo quitan, hecho jirones, descubren que lo que tienen dentro es amorfo o está vacío. A ver en que boutique encuentras algo con que tapar a un ser así. Cuestión de mirar por las tiendas del centro.
Lo mejor de la conversación del medio día gira en torno al comportamiento social. Se discute sobre si interpretamos un papel o nos mostramos tal como somos. No hay consenso, pero llego a mi propia conclusión de que, si no se tiene confianza o se está inhibido por cualquier motivo, adoptamos una imagen diferente a la natural en nosotros. Sin embargo, si estamos a gusto, relajados, confiados y en sintonía con quien hablamos, nos quitamos la máscara y nos comportamos con espontaneidad. No hemos descubierto nada nuevo pero la cuestión no está tan clara para todos. Hay algunos que no se despojan de su disfraz en la vida. Se les pega tanto a la piel que llegan a creer que son ellos mismos. Cuando se lo quitan, hecho jirones, descubren que lo que tienen dentro es amorfo o está vacío. A ver en que boutique encuentras algo con que tapar a un ser así. Cuestión de mirar por las tiendas del centro.
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