miércoles, 3 de diciembre de 2008

Temerario vs valiente

No pensé que fueran tantos los alumnos matriculados. El autobús iba casi lleno, cincuenta en total. Después de esperar a dos rezagados salimos para Valverde a ver la fábrica. Se respiraba el ambiente festivo propio de quien va por primera vez a la playa en los felices años cincuenta. Al llegar costó trabajo organizar a tanta gente, pero finalmente todos pudieron ver los distintos procesos de fabricación. A continuación hice un resumen del procedimiento y luego vino lo mejor: un grupito de alumnos hizo una demostración en vivo de su arte, acompañados al cante por una de ellas. Para terminar, la bailaora se arrancó por bulerías, acompañada por la cantaora, y brindó uno de los espectáculos improvisados con más salero que he visto. Por último, visitamos un laboratorio no muy grande pero novedoso. Los alumnos volvieron contentos y todo transcurrió sin ningún incidente.

Lentejas rápidas y pavía de merluza, exquisita, deprisa, deprisa. Buenos alimentos, pero de tranquilidad nada. La tarde en consulta bien, con algunos problemas con los equipos. El mantenimiento, sí se descuida, fastidia y da mala imagen. Mucho, mucho frío en la calle. Por la noche el tiempo mejora, lo que sirve de pretexto para unos vinos como antaño: agridulces en principio, más serenos al final.

Reflexiono, al hilo de no se muy bien que, sobre esos conceptos cercanos en lo superficial y distintos en el fondo. Hemos tratado la diferencia entre listo e inteligente. Es listo el que pretende un bien propio, no importan los demás, a corto plazo; Es inteligente el que busca el bien propio dentro del bien común y a largo plazo, por ejemplo. Hemos comentado la distancia entre el placer y la satisfacción: placer como goce de los sentidos por el medio que sea, no importa el antes ni el después, ni tampoco el aporte personal que se obtenga o deje de obtenerse; satisfacción como el sentimiento de plenitud por el logro conseguido tras el esfuerzo, por poner un caso. Hoy se me viene a la cabeza la diferencia entre valentía y temeridad, como dos conceptos y vivencias cercanas pero distintas en el enfoque y en los resultados.

Temerario es el que por impulso, sin pensar en el alcance de sus decisiones en otras personas ni en si mismo, realiza actos que conllevan riesgos no calculadas y con alta probabilidad de que ocurran, para obtener hipotéticos beneficios que, vistos objetivamente, ni son realistas ni merecen la pena aunque se alcanzaran. Suele ser temerario el que ignora la realidad de fondo, no analiza la situación y no mide bien sus fuerzas, creyéndose sobrado de ellas.

Valiente es el que, después de estudiar la situación, de medir sus fueras, toma una decisión asumiendo riesgos calculados en busca de un objetivo factible e interesante, y que tiene preparada una alternativa por si la aventura no sale bien. Conoce las dificultades que va a asumir, sabe que si no funciona, la situación no será catastrófica, procura que en ese caso no afecte a terceras personas y, lo más importante en el valiente, sabe rectificar a tiempo si se da cuenta de que la cosa no va por buen camino.

El temerario es tozudo, impulsivo, ignorante y loco; el valiente es firme, sereno, reflexivo y prudente. El temerario arrastra al desastre a los que van con él. El valiente termina consiguiendo sus logros y hace partícipes a los que le rodean.

Estos tipos son dos extremos teóricos, porque los humanos no somos perfectos y a veces, entre el valiente y el temerario solo se interpone una delgada linea roja, del color que tienen las lágrimas cuando se hace complicada la vuelta atrás.

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