Una nueva amiga me gestiona, con dedicación y amabilidad, una entrevista con una experta en el tema del día para mi programa de radio, "Tranquilidad y buenos alimentos". Cuando la llamamos, ya en antena, el teléfono no coincide, suena a fax. y se va al garete la programación. El plan B es una copia de la entrada a este blog "Micromanual contra la depresión". Cuando numero las sugerencias que propongo me salen treinta. Un número feo para venderlo como un paquete sugerente. No obstante, su desarrollo me dura toda la hora, con breves intervalos musicales, y resuelvo la ausencia de la invitada. Se cumplen los objetivos generales, referidos a una visión holística de cualquier problema y de su tratamiento desde los distintos frentes, no tanto el específico, que era divulgar la prevención de la drogodependencia. Cómo soy un perseverante inconstante, volveré a montar el programa el próximo martes. En internet se puede oír en Radiópolis.org, según me dicen, aunque no lo he escuchado aún. En onda es en 98.4, en Sevilla.
Volviendo al Micromanual, ese texto de autoayuda improvisada y sin pretensiones puede ser una forma simple de enfocar los problemas cotidianos. Aunque resulte obvia, todo lo relacionado con el sentido común lo es, es útil que nos recuerden lo que ya sabemos pero olvidamos aplicarlo cuando toca. En muchas ocasiones, más que informar hay que persuadir. No es fácil: en mi caso me propongo vivir a un ritmo más relajado, cómo aconseja todo el que opina sobre la cuestión, pero me acelero con más frecuencia de lo debido. Especialmente cuando se trata de comer despacio, algo esencial para la buena alimentación. Hay días en que no tengo mucho tiempo pero en otros no me mete prisa nada ni nadie, solo yo mismo.
Hoy me toca pedazo de almuerzo, con puchero calentito donde destaca un trozo de morcilla serrana totalmente pecaminosa: mi colesterol debió tocar las palmas. De segundo, una carnecita en salsa con patatas a lo pobre y para terminar un pudin de chocolate de postre. Cerveza sin alcohol: total, 6 euros. No les digo el sitio que se llena y suben el precio. Me acuerdo de las hambres de Carpanta. Antes era por que no había nutrientes, ahora porque, a pesar de la crisis, comemos más de los que quemamos. En mi caso. como siga con estos festines mando al traste el control del peso y, en parte, el de mi sempiterna barrigilla cervecera, ambos muy controlados últimamente. Prometo que hoy me comporto. Bueno, otros días toca empanada gallega de Mercadona en el despacho, cuando me quedo a trabajar.
Pierdo la tarde en labores que no me corresponden, supliendo a alguien enfermo de la consulta. Por la noche, tiempo familiar, que detraigo de otras actividades pero que es tan necesario como reconfortante.
A última hora contesto un correillo que me adjunta una foto preciosa, de auténtica profesional. Cada uno debería tener alguna forma de expresión artística que le permita sublimar las tensiones del vivir. La fotografía es un ejemplo al alcance de todos. Solo hay que desarrollar sensibilidad y un poco de técnica. En mi caso tendré que seguir mejorando mi pobre estilo literario, no tanto para llegar a deleitar como para no aburrir.
Volviendo al Micromanual, ese texto de autoayuda improvisada y sin pretensiones puede ser una forma simple de enfocar los problemas cotidianos. Aunque resulte obvia, todo lo relacionado con el sentido común lo es, es útil que nos recuerden lo que ya sabemos pero olvidamos aplicarlo cuando toca. En muchas ocasiones, más que informar hay que persuadir. No es fácil: en mi caso me propongo vivir a un ritmo más relajado, cómo aconseja todo el que opina sobre la cuestión, pero me acelero con más frecuencia de lo debido. Especialmente cuando se trata de comer despacio, algo esencial para la buena alimentación. Hay días en que no tengo mucho tiempo pero en otros no me mete prisa nada ni nadie, solo yo mismo.
Hoy me toca pedazo de almuerzo, con puchero calentito donde destaca un trozo de morcilla serrana totalmente pecaminosa: mi colesterol debió tocar las palmas. De segundo, una carnecita en salsa con patatas a lo pobre y para terminar un pudin de chocolate de postre. Cerveza sin alcohol: total, 6 euros. No les digo el sitio que se llena y suben el precio. Me acuerdo de las hambres de Carpanta. Antes era por que no había nutrientes, ahora porque, a pesar de la crisis, comemos más de los que quemamos. En mi caso. como siga con estos festines mando al traste el control del peso y, en parte, el de mi sempiterna barrigilla cervecera, ambos muy controlados últimamente. Prometo que hoy me comporto. Bueno, otros días toca empanada gallega de Mercadona en el despacho, cuando me quedo a trabajar.
Pierdo la tarde en labores que no me corresponden, supliendo a alguien enfermo de la consulta. Por la noche, tiempo familiar, que detraigo de otras actividades pero que es tan necesario como reconfortante.
A última hora contesto un correillo que me adjunta una foto preciosa, de auténtica profesional. Cada uno debería tener alguna forma de expresión artística que le permita sublimar las tensiones del vivir. La fotografía es un ejemplo al alcance de todos. Solo hay que desarrollar sensibilidad y un poco de técnica. En mi caso tendré que seguir mejorando mi pobre estilo literario, no tanto para llegar a deleitar como para no aburrir.
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