Hay testimonios firmes y sinceros que nos impactan. Hoy ha intervenido en el programa de radio (Radiópolis Sevilla, 98.4 Martes a las 12 y jueves a las 8 de la mañana) un señor que ha logrado rehabilitarse después de treinta años padeciendo la losa del alcoholismo. Su testimonio ha sido inmejorable tanto por la claridad de sus ideas como por la calidad humana con que ha revestido los fríos datos.
Vivimos en una sociedad hedonista y consumista que basa la felicidad más en el placer inmediato y fácil que en la satisfacción por el logro tras el esfuerzo. El placer es básicamente instintivo y visceral mientras que la satisfacción es un sentimiento asentado en la voluntad y en el cumplimiento. Hace falta placer, por supuesto, pero sin satisfacción, nos queda un vacío permanente e insondable que ningún estímulo puede llenar. Ya se que puedo confundir placer con goce físico y que hay placeres de orden superior (los que proporciona cualquier tipo de arte) pero aún en este caso, es insustituible la conciencia del fruto del trabajo bien hecho, del deber cumplido, de la culminación de algo que uno ha creado, del resultado positivo de una acción...
El consumo de estupefacientes y/o alcohol es una forma fácil de tratar de escapar del vacío causado por la falta de satisfacción. También de eludir el enfrentamiento a las situaciones más o menos complicadas que nos plantea la vida, que son parte de ella.
Pero el alcohol o las drogas, utilizadas fuera de su contexto cultural que las integra de manera sana en la vida cotidiana, constituyen una trampa que, debido a los daños corporales, mentales y sociales que ocasiona, es mucho más terrible que los problemas que trata de soslayar y provoca muchas más amarguras que los placeres que pretende proporcionar. La hoja de coca mascada por un campesino boliviano en las altas montañas no hace le daño, pero la cocaína esnifada por un estudiante de instituto termina destrozándolo. Unos vinos en una ocasión concreta, acompañando a una buena comida, no son malos. Una botellona tras otra, acaba por arruinar a esa potencial ingeniera o a ese posible médico. Fuera de su moderado uso tradicional, las sustancias embriagantes y euforizantes son terriblemente dañinas. Convierten a la gente en una ruina física y en un giñapo social.Y ¡¡¡ mucho ojo que todo comienza con esas copitas, más de una, con los amigos y esas cervecitas, más de una, preparando la comida!!!. Sin darnos cuenta, se entra en la dependencia, en eso coinciden todos los que la padecen. El alcoholismo está al alcance de cualquiera. El enganche con las drogas, también. Manuel nos dio testimonio de ello, espero que los que nos escucharan se conviertan en propagadores de estas advertencias.
Una persona amiga pasó por el trance de un juicio de divorcio. Es doloroso tener que llegar a esto, soy un convencido de que un matrimonio si no es para siempre es un fracaso. La animé a que, por lo menos, tratara de llegar a acuerdos, pero al parecer no lo logró. Es duro tener una relación hostil con quien se ha compartido tanto. Falta bondad e inteligencia por alguna de las partes.
La tarde me pareció perdida porque me dedique a recorrer en bicicleta un polígono industrial buscando un determinado taller de reparaciones. No lo encontré, pero me di cuenta de que estuve pedaleando una hora, lo que me sirve para contrarrestar los excesos culinarios del fin de semana.
A última hora, una cervecita tempranera, una sola, con una persona algo especial para mí. Me advirtió sutilmente sobre la manera en que estaba llevando mis asuntos. Tomé nota y se lo agradecí, aunque las decisiones he de tomarlas yo, lógicamente. Fue un detalle que me llegó.
Haciendo balance me doy cuenta de que tengo asuntos importantes, de orden práctico, abandonados. Debe ser que no son divertidos y que rehuyo inconsciente, o conscientemente, de ellos. A ver si reconociendo el hecho conjuro la apatía. A la primera ocasión, me monto musiquita buena y les meto mano. Esta expresión tiene connotaciones sensuales en el ámbito popular que tampoco hay que desdeñar. No todo va a ser satisfacción.
Vivimos en una sociedad hedonista y consumista que basa la felicidad más en el placer inmediato y fácil que en la satisfacción por el logro tras el esfuerzo. El placer es básicamente instintivo y visceral mientras que la satisfacción es un sentimiento asentado en la voluntad y en el cumplimiento. Hace falta placer, por supuesto, pero sin satisfacción, nos queda un vacío permanente e insondable que ningún estímulo puede llenar. Ya se que puedo confundir placer con goce físico y que hay placeres de orden superior (los que proporciona cualquier tipo de arte) pero aún en este caso, es insustituible la conciencia del fruto del trabajo bien hecho, del deber cumplido, de la culminación de algo que uno ha creado, del resultado positivo de una acción...
El consumo de estupefacientes y/o alcohol es una forma fácil de tratar de escapar del vacío causado por la falta de satisfacción. También de eludir el enfrentamiento a las situaciones más o menos complicadas que nos plantea la vida, que son parte de ella.
Pero el alcohol o las drogas, utilizadas fuera de su contexto cultural que las integra de manera sana en la vida cotidiana, constituyen una trampa que, debido a los daños corporales, mentales y sociales que ocasiona, es mucho más terrible que los problemas que trata de soslayar y provoca muchas más amarguras que los placeres que pretende proporcionar. La hoja de coca mascada por un campesino boliviano en las altas montañas no hace le daño, pero la cocaína esnifada por un estudiante de instituto termina destrozándolo. Unos vinos en una ocasión concreta, acompañando a una buena comida, no son malos. Una botellona tras otra, acaba por arruinar a esa potencial ingeniera o a ese posible médico. Fuera de su moderado uso tradicional, las sustancias embriagantes y euforizantes son terriblemente dañinas. Convierten a la gente en una ruina física y en un giñapo social.Y ¡¡¡ mucho ojo que todo comienza con esas copitas, más de una, con los amigos y esas cervecitas, más de una, preparando la comida!!!. Sin darnos cuenta, se entra en la dependencia, en eso coinciden todos los que la padecen. El alcoholismo está al alcance de cualquiera. El enganche con las drogas, también. Manuel nos dio testimonio de ello, espero que los que nos escucharan se conviertan en propagadores de estas advertencias.
Una persona amiga pasó por el trance de un juicio de divorcio. Es doloroso tener que llegar a esto, soy un convencido de que un matrimonio si no es para siempre es un fracaso. La animé a que, por lo menos, tratara de llegar a acuerdos, pero al parecer no lo logró. Es duro tener una relación hostil con quien se ha compartido tanto. Falta bondad e inteligencia por alguna de las partes.
La tarde me pareció perdida porque me dedique a recorrer en bicicleta un polígono industrial buscando un determinado taller de reparaciones. No lo encontré, pero me di cuenta de que estuve pedaleando una hora, lo que me sirve para contrarrestar los excesos culinarios del fin de semana.
A última hora, una cervecita tempranera, una sola, con una persona algo especial para mí. Me advirtió sutilmente sobre la manera en que estaba llevando mis asuntos. Tomé nota y se lo agradecí, aunque las decisiones he de tomarlas yo, lógicamente. Fue un detalle que me llegó.
Haciendo balance me doy cuenta de que tengo asuntos importantes, de orden práctico, abandonados. Debe ser que no son divertidos y que rehuyo inconsciente, o conscientemente, de ellos. A ver si reconociendo el hecho conjuro la apatía. A la primera ocasión, me monto musiquita buena y les meto mano. Esta expresión tiene connotaciones sensuales en el ámbito popular que tampoco hay que desdeñar. No todo va a ser satisfacción.
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