domingo, 14 de diciembre de 2008

Cine, radio y literatura

Hay días que parecen noches y noches que parecen días. Lo digo por el sueño. Por la noche me paso la mitad del tiempo despierto y durante el día me duermo a cada rato. Lo peor ha sido que he quedado para ver Il Divo, la película que relata la degeneración de la Democrácia Cristiana Italiana, en versión original subtitulada. Era realmente buena, con una fotografía novedosa e impactante y un casting espectacular, pero he estado toda la sesión dormitando. Creo que he llegado a roncar en algún momento. Esas invesiones del sueño dicen que constituyen un signo de depresión. Puede ser aunque yo las relaciono más con el que no se duerma por la noches simplemente por que se acumulan las preocupaciones, en diversos frentes, y uno se desvela. Durante el día, esa vigilia pasa factura. Ahora tendré que ver de nuevo la película.

Por la mañana, bricolage en solitario. He realizado la mitad del trabajo y mañana haré al otra parte, cuando compre una pintura especial antihumedad, de las de verdad, no las que se desprenden en cuanto te descuidas. Esta tarea solo la puedo hacer si me acompaña la radio, inseparable amiga que no pide nada y que te da lo que le solicites con tal de cambiar el dial. Es muy instructivo analizar los distintos estilos de locución de diferentres comunicadores. Los hay que son francamente malos, sobre todo los que se dedican al futbol, pero otros resultan de una brillantez casi perfecta. Les distingue su timbre vibrante, su tono sugerente, su registro rico en matices, y sobre todo la expontaneidad y riqueza en las expresiones, fruto no solo de muchas horas de micrófono si no de mucho tiempo de socialización con todo tipo de gentes. La escuela de la radio está en la calle.

Hago una visita familiar, un poco tarde ya, y están bien. Me retiro tranquilo a mi espacio, con ánimo para enfrentar la semana, la última antes de la Navidad. ¡Parece que fue ayer cuando celebramos la anterior! La vida no es más que una sucesión limitada de veranos, navidades, hipotecas y presidentes de gobierno.

Tengo la lectura abandonada. "Todos los nombres" de Saramago me espera con a penas veinte páginas leidas. Está encima de la minúscula mesilla y parece mostrárseme como una hembra en celo, receptiva a mis caricias y mis manejos. El tema tampoco es muy lividinoso que digamos, pero está escrito con la elegancia sobriedad del autor lusitano. Quizás sus páginas mejoren un poco la discreta calidad de mis textos. el calificativo de "discreto" ya es bastante autocomplaciente, pero tampoco es cuestión de flagelarme. Ya la hace la aventura cotidiana todos los días, y que no falte, señal de que estamos vivos.

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