viernes, 31 de octubre de 2008

Contrapunto

La película es algo lenta y desesperanzadora porque los buenos acaban vendiéndose y el protagonista fracasa. Hacía tiempo que no veía un film en la pequeña pantalla de 17 pulgadas. La acción pasa de un escenario a otro en un montaje paralelo simultáneo que obliga a seguir dos o tres historias a la vez, para no enterarte bien de ninguna. La cámara, casi siempre al hombro, inestable, produce sensación de inseguridad. El dinero y el petróleo caminan de la mano, lo mismo que los Estados Unidos y los Emiratos Árabes. Un ojo de pájaro vigila y apunta a l objetivo. El coche vuela por los aires y a miles de quilómetros de distancia los potentados celebran la victoria. En otro lugar, un chico desencantado sube al cielo estrellando su embarcación contra un petrolero. Un joven padre también vuelve a su hogar, igual de abatido, donde le espera una esposa irreal y un hijo de anuncio, al son de una música casi fúnebre. Es una historia con final triste, con final real. No ha sido un buen título para empezar a ver cine en DVD otra vez, aunque la hechura parece buena. La tarde es muy gris y la luz de la habitación, pobre. Me voy un rato a la calle.
(…)
Entro en mi tienda de segunda mano y encuentro cinco buenos títulos después de rebuscar entre decenas de DVD poco o nada interesantes o repetidos. Se me pasa el tiempo volando y acudo a mi cita con la persona que me invita al teatro.
Ha sido el contrapunto a la tarde. El ambiente, grato y selecto dentro de la normalidad, la compañía encantadora y el espectáculo magnífico: una especie de musical con una puesta en escena atrevida e ingeniosa, con unos actores cantantes de voces de registros amplios y sonoros y unos temas sencillamente preciosos. Destacaron un fado y una especie bolero con una letra bonita, bonita. Que buen regalo me han hecho, sobre todo me satisface el hecho en sí que vale tanto como el propio obsequio. Me vuelvo satisfecho a mi rincón, más optimista para empezar mañana el día. ¡Que detalle, que canciones, que mimos, que bien…!


jueves, 30 de octubre de 2008

Imparciales

La bicicleta es una herramienta importante en mi rutina diaria, en su doble función de trasportarme ecológicamente y permitirme hacer ejercicio. Me pregunto si los ocho o diez quilómetros por llano que hago al día son suficientes para compensar el sedentarismo que impone mi actividad. Cuando puedo, ando además algo porque los músculos que se activan son distintos y el mundo se ve menos deprisa, que la bicicleta parece que no pero también alcanza su velocidad con buenas piernas, que yo no las tengo malas. Tiene el buje holguero y las ruedas también, pero funciona perfectamente. Lo lógico es que apure al máximo las piezas y luego venda el vehículo por lo que me den y compre otra, pero tendemos a otorgarles personalidad a las cosas. Así, termino cogiéndole una especie de cariño a la ya castigada bicicleta y puede que en mi subconsciente piense quizás ella también me corresponde. ¡Lo que hace la necesidad de afecto!

El día transcurre peleando por enderezar los entuertos del futuro plan de estudios. Es sorprendente como gente inepta puede tener tanta capacidad de decisión a nivel nacional. El resultado es un plan de estudios asentado sobre unas bases absurdas y retrogradas. Queda un pequeño margen que permite, con mucho esfuerzo por la resistencia de los que no ven más allá de sus narices, mejorarlo en parte, y creo que lo estoy consiguiendo.

Por la tarde seminario de Factores Socioambientales –la clase de teoría fue a primera hora de la mañana- y encuentro breve con un viejo amigote con el que compartí más cachondeos que confidencias. A última hora, ratito con una persona muy allegada que resulta especialmente gratificante. Después, solo, algo triste, alterno la pantalla del ordenador con la del televisor. Un programa ensalza a los ingleses caídos en la guerra de las Malvinas y olvida a los argentinos. La BBC no es nada imparcial cuando se trata de los suyos.

He cenado demasiado, es decir, que he cenado, así que hoy dormiré un poco peor. Debería haber una danza para invocar el sueño como la hay para que llueva. Estos indios cherokies solo se preocupaban de lo suyo, como la BBC.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Consumir y consumir

Preocupación, gestiones, llamadas, y por fin la noticia que no por esperada deja de ser bien recibida. Está bien y no había podido avisar por la improvisación del viaje y la falta de comunicaciones en el lejano país. Me ha dejado cansado.

Después, discusión en clase por la empenizamiento del nucleo duro de alumnos en minusvalorar la profesión con proyectos poco dignos. Prima el beneficio inmediato al buen ejercicio profesional. Tendré que tratar el tema con los compañeros.

La tarde en la consulta, muy tranquila, que la gente se ha tomado en serio lo de la crisis. Una buena experiencia será subsistir con poco dinero. Si hay suficiente para pagar los recibos y la hipoteca, lo demás se resuelve pues el consumo diario se puede reducir sin que la calidad de vida se resienta. Basta con no relacionar satisfacción con consumir y consumir, si se toma menos, sabe mejor. ¿Por qué se hacen a diario cosas que antes solo eran para los días de fiesta? ¡Volvamos a recuperar la fiesta! reservemos los extras para ese día.
Por la noche, unos correos deliciosos me insuflan oxígeno anímico hasta el tuétano de los huesos. Me acuesto cansado pero contento. Mañana, clase a las ocho, luego a resolver lo que venga, que descansado no hay quien me pare.

martes, 28 de octubre de 2008

Escala de grises

El día de ayer se cerró con miedo a lo desconocido. La persona cercana no da señales de vida desde el lugar lejano por donde debe estar viajando, y eso no es normal en ella. Hoy empezaremos a mover hilos para buscar información y si no se avanza nos pondremos en contacto con la embajada. Si, como esperamos, solo es un problema de comunicación o un olvido, se llevará un broncazo por no resolver esto previamente o por tamaña dejadez. ¡No hay derecho a que se haga esto a los seres queridos!

Por la mañana, gestiones en favor de la viajera: tenía una beca pendiente de cobro. Lo mejor fue la atención de un funcionario que parecía por su trato amable y eficaz, más un vendedor de seguros que un auxiliar administrativo. Y no fue tan atento por que me identificara como profesor, ya tuvo ese trato antes cuando no lo sabía y nos informó por teléfono. Se le veía involucrado personalmente en este o en cualquier asunto que trataba y era evidente que disfrutaba haciéndolo. ¡Que inteligente, vivir satisfecho de su trabajo!

Tras este buen sabor de boca, seguí preparando el programa de salud que se emitía a las doce. El invitado, un compañero tan alejado ideológicamente como cercano profesionalmente, estaba ilusionado. El espacio funcionó bien la primera media hora en que el experto fue contestando a mis preguntas. En la segunda parte tuve unos minutos de confusión por no organizar adecuadamente los contenidos, hasta que empezó a emitirse la grabación del día anterior con el testimonio de la paciente, que había quedado bien. Conclusión: hay que mejorar preparando mejor la información y ensayando un lenguaje más fluido. Además hay que fragmentar el espacio con temas. Otra opción interesante sería incluir otra voz, femenina, que sirva de contrapunto. Trabajaré en eso.

Por la tarde, descanso y aturdimiento sin hacer gran cosa, que era lo que pedía el cuerpo, así que trataré de evitar el complejo de culpa y hoy recuperaré el tiempo perdido.
Esta mañana una persona muy amiga me manda un SMS que me advierte de un mensaje subliminar que me mandan. Acudo a la fuente y aunque es ambiguo me sorprende, pero trato de no dejarme influir pues las reacciones de las personas son a veces imprevisibles. Aunque una cosa es “tratar de” y otra conseguirlo.

Empezaré la mañana haciendo las gestiones que me piden para la separación, a la que colaboro con la docilidad de quien quiere asumirlo cuanto antes y que todo transcurra amablemente. Es la forma de que la separación lo sea menos. Entre el blanco y el negro hay una infinita escala de grises.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cincuenta años

Lo último que he hecho antes de redactar esta entrada es contestar el correo de un buen amigo del pueblo que nos convoca a celebrar el cincuenta aniversario de los que nacimos, lógicamente, en 1858. Me hace ilusión reunirme con los de mi quinta, de hecho lo hacemos con frecuencia con cualquier motivo. No tengo ninguna pesadumbre por cumplir estos años, que no significan nada, pues a la vista está que la vida nos guarda todavía sorpresas de distinto signo. No tengo una conciencia clara y perenne de haber cumplido medio siglo. Es verdad que veo muy lejos mi infancia, quizás porque falta la madre, con la que se relaciona esta etapa, pero por lo demás, siento que sigo viviendo una permanente semi-adolescencia, que espero que no signifique inmadurez. En realidad, la madurez extrema es la antesala de la senectud, o sea que no me interesa. Cincuenta años es buena edad para tomar conciencia de que hay que vivir el día a día con intensidad, pero empezando a pararse un poco para que el tiempo no se escape de las manos. Empecemos a practicar, comiendo más despacio, que el masticar deprisa engorda y no aprovecha el alimento.
Antes, he grabado con una invitada una parte del programa de mañana. He disfrutado haciéndolo, estaba tranquilo e iba saliendo bien. Creo que si me lo propongo puedo ser un buen director y locutor de radio. La invitada, encantadora, sensible, inteligente, ha estado magnífica y también se ha sentido a gusto, diciendo lo que tenía que decir. Después una cervecita en plan confidencial, muy reconfortante.
A medio día, un rato de preocupación familiar por la falta de noticias de alguien cercano que está muy lejos, en un sitio extraño. Cuando nos llega alguna información nos tranquiliza solo en parte, porque se ha adentrado aún más por aquellos territorios.
Por la mañana, consulta, con algún rato de charla agradable con pacientes muy especiales, de los que aprendes mucho cuando los escuchas. Previamente, una clase participativa que ha funcionado, por fin despiertan estos chicos.
La puñetera verdad es que cambiaría todo esto por estar en mi casa con mi familia y mi compañera, pero si eso no puede ser, tendré que mitigar el sinsabor de la perdida con todas estas experiencias. ¡Que se le va a hacer!

domingo, 26 de octubre de 2008

Desencuentros y encuentros

Ha sido un buen día de trabajo dentro y fuera de casa, colaborando con alguien entrañable en una tarea de bricolaje. Mientras apretaba tornillos y taladraba paredes, sintonizamos la FM 9.4 de Sevilla (Radiópolis) y empezó a sonar el programa grabado el martes pasado. La persona que me acompañaba no me reconoció: el timbre estaba algo distorsionado y el acento más castellanizado. Me parecía excesivamente formal y algo dubitativo, creo que lo normal en el primer programa, pero parece funcionar en esta emisora. A los responsables les gustó y a mí me anima a seguir y sobretodo a mejorar.
He salido con mis fieles. Las calles del centro estaban radiantes, llenas de gente joven, teñidas de la luz de gas de las noches de Sevilla. Hemos tomado unos vinos y alguna tapa que nos han entonado para pasar un ratito simpático con bastante desenfado, incluyendo momentos de confidencia. Cada cual deja traslucir, unos de manera sutil, otros con toda claridad, cuales son sus pretensiones en el campo más universal del mundo: el del amor. Lo que vi son desencuentros múltiples, de los que no procede entrar en detalle.

Creo que la gente tiene dificultades para encontrarse porque es bastante psudoromántica. Existe la creencia de que una fuerza misteriosa, el destino quizás, dirigirá a cada uno hacia la persona ideal, que estará esperando a que una especie de imán funcione y los atraiga mutuamente. Es absurdo porque las posibilidades de encontrar a alguien cuyas características y voluntades coincidan con las del que busca son remotas. Todo es muy aleatorio. ¿Que ocurre si el día que acudes a un bar de copas no está la persona adecuada, o se ha marchado antes que llegaras tú, o llega cuando te has ido? ¿Que pasa si no va a la misma ruta de senderismo, ni a la misma caseta de feria ni al mismo curso de inglés? Antes, había una tía solterona o no que decía al, o a la joven. –Niño/a conozco a alguien que es perfecto para ti. Mira, ¡es tan guapo/a, de tan buena familia, tiene tan buen carácter, que no conozco otro/a igual en siete leguas a la redonda! Y el/ella se interesaba, se ilusionaba y se enamoraba casi antes de conocerlo/a físicamente. Y aquello unas veces funcionaba y otras no, pero el porcentaje de éxitos no era menor que el de los encuentros casuales “no dirigidos”.

Esta claro que las relaciones deben estar basadas en unos requisitos previos,que sé lo que me digo, y que desde fuera alguien con buena voluntad los puede dirigir, al menos en principio, sin que ello le reste posibilidad de que “cuaje”. El amor viene a la par y se fabrica con intención, inteligencia y comunicación, si hay afinidad previa, insisto. Bueno, en mi caso hablo de futuro, que ahora estoy en fase de convalecencia sentimental y de explosión social. No obstante el tema no me deja, como es natural, indiferente.

sábado, 25 de octubre de 2008

Gente inteligente y sencilla

Entramos en una época bonita del año. El otoño se identifica con la madurez en el mejor de los sentidos, el reposo después de la euforia, la sabiduría, la templanza, la serendidad… los colores suaves que pintan las riveras arboladas, sus distintos tonos dorados, la luminosidad viva del mediodía cuando está claro, la acumulación de sonidos lejanos cuando va a llover, el olor a tierra húmeda cuando ha llovido, todo eso me retrotrae a mi niñez y mi juventud en pleno valle del Guadalquivir. Voy a salir al campo las veces que pueda. Me gusta andar por senderos de tierra y grama algo mullida por las lluvias pasadas, subiendo y bajando laderas con la curiosidad permanente de saber que habrá después de esa curva y detrás de aquel cerro, y luego otra curva y otro cerro. Caminar es como vivir, llegado a un punto se sigue hasta el siguiente, y así hasta que termina la jornada.
Ayer fue un día de trabajo moderado: sesiones clínicas por la mañana, gestiones a mediodía, fastidiado por la infección de virus del ordenador, clase a las dos y largísima siesta después. Una rápida vista a un gran almacén, donde le arrebaté descaradamente la dependienta a una señora que empezaba a contar su vida mientras yo llegaba tarde. Llegue justo a tiempo a una cita con una persona amiga, con la que pasé un rato agradable de conversación de temas personales, esos que solo entienden los que han pasado por lo mismo, y de tapitas de diseño riquísimas. Luego cine -regular pero divertido- y vuelta atravesando el centro de Sevilla en bicicleta. Un buen día, y sobre todo un buen rato por la noche, como siempre que coincido con esta persona. Da gusta tratar con gente sencilla e inteligente. Siempre he distinguido entre el listo, que quiere obtener ventaja de todo y de todos, y el inteligente, que trata de estar a gusto con los demás y consigo mismo, ¡Que fácil sería todo si hubieran muchos así!

jueves, 23 de octubre de 2008

Para siempre

Hay una corriente filosófica o psicológica muy en boga, creo, en los Estados Unidos que se basa en el principio de que la mente racional puede dominar los sentimientos. Se conoce comúnmente como Inteligencia emocional. No la conozco a fondo aunque empecé a leer el libro donde se enuncia y del que no recuerdo el autor. Gracias a otros trabajos personales desde la corriente psicológica de la Gestalt, he desarrollado técnicas para controlar los sentimientos negativos y revertirlos en positivos. Creo que mi idea personal de Inteligencia entronca con ese trabajo.

El principal logro es haber generado una corriente de entendimiento y trato civilizado con la parte contraria de mi litigio cambiando rencor por amabilidad. Y funciona, oiga. He decidido no sentir odio a pesar de haber sido “repudiado”. Todo lo contrario, mantengo una relación de “buen rollito” que nos está permitiendo avanzar sin problemas en los acuerdos previos. Sin embargo el método no sirve para hacer desaparecer los sentimientos más profundos, como es el amor, descargado de romanticismos, enamoramientos y otros fuegos de artificio. Me refiero al amor sincero cimentado a lo largo de años y años de reconvertir broncas en reconciliaciones. De amor reforzado con el compromiso, la palabra dada, el para siempre. No es que no consiga limpiar sentimiento tan inconveniente en estas circunstancias, es que no lo he intentado y no lo he hecho porque sencillamente, no quiero dejar de querer. Ser un caballero es lo que tiene.

De momento dejaré soterrado este amor no correspondido y trataré, y conseguiré, desarrollar otras afectividades equivalentes y a ser posible, reciprocas. No serán lo mismo, pero puede que tan parecido que no se note la diferencia, ni la otra parte ni yo mismo.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Oeneges

Es gratificante encontrar a gente que dedica su tiempo a ayudar a los demás desinteresadamente. ¡Que forma más inteligente y productiva de dar sentido a la vida! Ayer se celebró un encuentro de ONGs para fomentar el voluntariado entre los universitarios. Hacerlo en Ciencias de la Salud no es lo más adecuado para captar voluntarios de inmediato porque el régimen en que viven los chicos es acaparador, entre clases y prácticas, pero en el futuro si podrían ser cooperantes.

Me llamaron la atención dos: una asociación ecologista que en vez de estar en el candelero denunciando trasgresiones ecológicas, trabaja día a día con la gente, en las escuelas, en las asociaciones de vecinos, etc. El chico era simpático y ella guapa y también agradable. Da la casualidad de que tienen un programa de radio en Radiopolis (FM 98.4) la misma donde he empezado esta semana. Quedamos en que presentarían la Asociación en clase y de paso concienciarían a los alumnos sobre el problema del calentamiento global.

La otra, modestísima, se dedicaba a dar apoyo a los familiares de los pacientes hospitalizados de larga duración. He pensado muchas veces en esas personas de pueblos lejanos, esas esposas con sus maridos, esas madres con sus hijos, que pasan semanas mal comiendo, mal durmiendo y mal aseándose, situaciones que agravan la angustia provocada por el estado de salud de su familiar. Suelen ser mujeres, lo recuerdo de mi etapa de ATS, las que acompañan a los enfermos ya que los hombres están en el trabajo o en sus cosas. ¡Ojalá que les vaya bien! Trataré de apoyarlos en lo que pueda.

Ser voluntario es la forma más inteligente y productiva de ser egoísta, porque se recibe mucho más de lo que se da. No lo neguemos: a los andaluces nos gusta ser hospitalarios, ayudar al viajero cuando está desorientado, dar un consejo a veces incluso cuando no nos lo piden... podemos seguir disfrutando en esa línea. ¡Cuanto jubilado está sin saber en que emplear su tiempo, pudiendo aprovechar sus capacidades echando una mano donde hace falta! ¡Que buena terapia ocupacional! Yo no me pienso jubilar: cuando termine en la escuela, me dedicaré a ayudar a los demás que es una forma de ayudarme a mi mismo. Jubilarse sin hacer nada es empezar a morirse.

martes, 21 de octubre de 2008

Cybercompañía

El día, como tantas veces, ha pasado como una exhalación. Habría que aprender –no creo que sea tan difícil- a detener el tiempo un momento, al menos para orientarse. He hecho cosas pero no he disfrutado, quizás porque todo lo haga un poco forzado. Lo más novedoso, el primer programa de radio, que a la gente de la emisora el ha gustado pero a mí, no. No había preparado bien los contenidos –no resistiría una análisis mínimamente riguroso- y tampoco me había entrenado para parecer un locutor, aunque sea de emisora de tercera.

Me ha acompañado un invitado, un paciente diabético que se define asimismo como el “diabético perfecto”, pues ha desarrollado todas las complicaciones típicas: retinopatía, nefropatía, y amputaciones de varios dedos del pie. Al terminar, ha clavado el diagnóstico. Bastante monótono y algunas intervenciones demasiado largas. Lo acepto y me digo que puedo hacerlo bien, pues en clase soy un aceptable orador. Lo emiten el sábado a las nueve de la noche en Radiópolis, en la 98.4 FM, de Sevilla. El martes que viene, haremos ya el programa en directo, y espero prepararlo mejor.

He terminado la clase de las seis con la sensación de que los alumnos no están muy interesados en lo que imparto. Requiere demasiado esfuerzo cambiar los conceptos tradicionales y entiendo perfectamente la expresión, “clamar en el desierto”. Pero por culpa de mi proclamada y reconocida tozudez, yo la denomino perseverancia, no voy a cejar en el empeño: vencer o morir, como un Che Guevara de juguete. Antes de volver, no tenía ninguna prisa en encerrarme, he pasado por el seminario práctico que impartía un buen compañero, que me ha pedido que les muestre a los alumnos algunos recursos prácticos. Esos truquillos son muy demandados y en eso sí que he tenido audiencia. Es bueno endulzar un poco la boca.

La vuelta, por el centro de Sevilla, que está precioso por la mañana, por la tarde y por la noche. Al llegar a “la Campana”, me he bajado de la bicicleta y hecho el trayecto andando, hasta llegar a “la pasarela”. Prefería disfrutar viendo a la gente cruzarse. Casi todos iban acompañados.
Tengo un montón de tarea por hacer, la que me mandan y la que yo me busco. Voy a empezar por la que más me gusta y lo otro ya se verá. Toda la faena es interesante, pero no me apetece. Estos ratitos un poquito agrios se pasan mejor con buena música de fondo. Ahora suena un son cubano de un grupo de esos que son felices con un poquito de nada. Cantan sobre la Habana, sabrosura, gozar, irse con una negrita hasta “la madrugá” y fantasías así. Lo he conseguido en la tienda de segunda mano por sesenta céntimos. Una tarea primordial será contestar un par de correos de gente cercana y gente amiga. La compañía a través de las ondas, la radio, y en el ciberespacio, internet, sustituye cada vez más a la presencia corporal. Resulta interesante y abre posibilidades, pero no es lo mismo.

lunes, 20 de octubre de 2008

Epidural

Ayer toco un poco de organización doméstica –no muy lucida- lectura, algo de escritura y relajo. Lo mejor, una visita a mediodía a casa del abuelo, donde la hermana había preparado un cocido de los que resucita a un muerto: ¡que punto, que caldo, que avíos –choricito, morcillita-!. Luego más descanso y más lectura. Y también mucha radio y algo de música. Muy poca televisión, solo la Formula 1.

He de reconocer que me atacó un poco la melancolía y cierto desasosiego, pero debidamente reconducido. Mi amigo el psicoanalista, que ejerce conmigo ocasional e informalmente mientras nos tomamos algo- me dice que el duelo hay que pasarlo, que si no, no se supera y sigue apareciendo de forma intespectiva. Bueno, si es así, mantendremos a ratos la tenaza de la garganta, pero no demasiado. ¿No hay epidural para estos tragos?

domingo, 19 de octubre de 2008

El rencor te autodestruye

Una ligera ayuda para dormir hace levantarme espeso y con dolor de cabeza, que poco a poco se va disipando. El día de ayer empezó anodino. Tareas domésticas que antes nunca había hecho y reorganización, minina del espacio. Por la tarde en un arranque de actitud…. llamémosle “emocionalmente inteligente”, plantee un giro en el conflicto que tengo entre manos. Decidí cambiar el tono de la relación con la parte contraria y le sugerí que nos viéramos. Aunque el principio fue tenso por su parte, como siempre, después conseguí hacerle ver que los sentimientos negativos son autodestructivos, que el que más sufre es el que los siente. que la persona hacia quien se proyecta, los padece menos. Lo entendió de entrada y llegamos a un preacuerdo y a un trato amable. Para mi despegue sentimental , eso no es bueno, pero para todo lo demás, sí. Cuestión de tirar un poco más de las riendas para donde se debe.

Por la noche, vuelta con los amigos. ¡Mis buenos amigos! Estaba cansado y fastidiado con las agujetas del palizón de bicicleta del día anterior y me mostraba poco comunicativo, o mejor dicho, poco espontáneo. Algunas veces, no conseguimos sintonizar con determinadas personas y eso nos dificulta la relación. Me dejó un mal sabor de boca y regrese un poco tonto, mientras los otros seguian con su marcha.

Ayudar a alguien en situación similar es eficacísimo para levantarse uno mismo. Conozco gente que se sostiene de esa forma, aunque si se emplea únicamente esa estrategia, no se revisa el fondo y no se superan los problemas. Bueno, parece que más que superarse, los problemas se aceptan y se asimilan, se controlan sus consecuencias, pero siempre están ahí. Un correito de alguien por quien siento un gran afecto me sirve para poner en práctica la teoría anterior.

Me levanto con la TV puesta en la carrera de coches. Fernando Alonso va bien. Es uno de las pocas competiciones que sigo, pero me resultan aburridas las carreras. Me interesan más los resultados, quizás por ese resto de amor patrio, rescoldo de las muchas horas de Formación de Espíritu Nacional con que los falangistas nos adoctrinaban en la escuela primaria. Esos a quienes el juez Garzón persigue por crímenes contra la humanidad.

Hoy va a ser un buen día.

viernes, 17 de octubre de 2008

Un buen día

No me canso de repetirlo. Uno de los mayores placeres que existen es la conversación bien entendida, aquella que se da entre dos personas inteligentes que hablan un leguaje común y saben alternar el uso de la palabra y administrar los silencios, que si son cómplices no resultan embarazosos. Hoy he tenido la oportunidad de disfrutar largo y tendido -en el sentido figurado, que todo el tiempo hemos estado o en taburete o en mesita- de un rato de charla espontánea y sustanciosa con alguien que sabe hacerlo con sabia sencillez. Luego, vuelta en bicicleta callejeando por el intricado centro de Sevilla, dejándome guiar, si saber muy bien por donde pasaba.

La mañana ha ido muy bien. La sesión clínica de primera hora empieza a dar resultados y los alumnos van dominando la “puesta en escena” y, algo menos el fondo del caso clínico. Tiempo al tiempo. Después, visita a la emisora para preparar el programa. La cosa va en serio y el martes grabo el programa piloto, ese en el que demuestras que sabes hacer lo que dices que sabes. Lo prepararé un poco, pero tengo confianza, espero no ser confiado. Después, una clase Aplicación Industrial muy productiva, donde al final los alumnos se lanzaron a contar sus proyectos y hubo que cortar el turno de palabra. Acto seguido, veinticinco kilómetros de bicicleta, que, aunque han sido con el viento a favor, me han servido para exudar un montón de toxinas. Mi padre está bien y su sordera mejor –es decir, más sordo- pero solícito y encantador. Muy preocupado por todos los aspectos escabrosos del asunto legal que traigo entre manos, le tengo que convencer que con que me preocupe yo ya es bastante, y que yo trato de hacerlo solo lo imprescindible. Se queda algo más tranquilo, aunque se que no dejará de darle vueltas. Se ha llevado una gran desilusión, era su nuera favorita.

Sigo genial con mi abstinencia de alcohol, rota por la penúltima copa que sí es de vino, cerveza, combinado o lo que toque, pero solo una: animo a que lo prueben. Es magnífico el control permanente de tus actos y la leve euforia final, justo para despedirte con un buen sabor de boca.
En definitiva, un buen día. Solo falta que ahora el sueño no se haga el remolón, que debo de no estar al corriente con la cuota y están dejando de suministrarme. Es que con la crisis, lo que más escasea es el sueño y la empresa fabricante no tiene competidor y lo hace pagar caro.

Buenas noches y buen descanso.

La paga extra

Ayer fue otro día de trabajo intenso, quizás el último de esta temporada con ese ritmo. Cuando se ha vivido un día deprisa, después cuesta recodar lo que se ha hecho porque con tanta rapidez no da tiempo a fijar lo acontecido. Por un instante recapitulo y recuerdo: clase de Factores por la mañana, muy buena, seminario de Factores por la tarde, regular, clase de Clínica Podológica luego –choque con la realidad de la escasa asimilación de los contenidos- y seminario de la misma materia al final, con aceptable resultado.

Obtener resultados es lo que pretendo. El sueldo, que se va en hipotecas y recibos, no me satisface porque solo resuelve cuestiones domésticas, y por los pelos. Ahora, la paga extra de cada día es que mi labor tenga trascendencia, que sirva para algo. Es una cuestión personal que a veces puede resultar algo obsesiva. Presiono a los alumnos para que no se duerman en el trabajo. Analizo sus necesidades formativas y trato de darles una respuesta integral. Ahora trabajamos en una doble línea: adquirir conocimientos y habilidades técnicas por un lado y dominar habilidades sociales y comunicativas por otro. Pretendo que nuestros alumnos, además de saber cómo lograr un diagnóstico y de que manera implementar un tratamiento, sean capaces de proyectar sobre el paciente la imagen de profesional de prestigio que éste espera de su Podólogo. Por ello, se analizan y se ponen en práctica signos externos que inspiren autoridad y confianza. No obstante, les nsisto en que el mejor complemento de su formación podológica es su formación humanística: estudiar Antropología les es más útil que un master de Biomecánica.

A última hora, una muestra de amistad y una larga conversación telefónica en tono de apoyo y guía existencial proporcionó un buen cierre del día. Hoy la jornada, aunque con muchísimo trabajo burocrático-organizativo por delante, está más tranquila. Por fin, después de tres semanas, voy a ver a mi padre. El día que me falte, me arrepentiré del tiempo que pude estar con él y no lo hice.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Día duro, momentos satisfactorios.

Otro día duro, dedicado por entero al trabajo: por la mañana, un rato tratando de concentrarme en la revisión de un documento de interés, más una reunión improvisada, a las dos, clase de Aplicación Industrial, donde hemos seguido revisando los proyectos, a las tres comida ligerísima y café con pastas, a las cuatro, visita a una emisorita de radio (luego cuento), a las cinco, clase de CPI –intensa y provechosa, la mayor parte de los alumnos me siguen- y después, consulta hasta tarde. Es una maravilla esto de no parar. Tiene una indudable función narcotizante.

Lo de la emisora fue una “picada”. Hace tres semanas fui invitado al programa de un famoso locutor, al que conocía de una fiesta anterior, para tratar de Podología. Funcionó muy bien, con la centralita colapsada de llamadas, y me animó a retomar una vieja actividad que había practicado antaño: tener mi propio programa de radio. Había localizado una emisora vecinal, Radiopolis (98.4), que podría prestarse a tal fin, y me dirigí directamente a los estudios. Hablé con alguien que parece mantener aquello y me enseñó las instalaciones –mínimas pero suficientes para los fines propuestos-. No tienen ningún programa de prevención de la salud y si parecen disponer de un hueco, el martes por la mañana. Así que me veo con mi hora semanal, si aceptan el proyecto que he de confeccionar y entregar. En realidad, tengo un montón de cosas que hacer, pero esto me apetece y me voy a dar el capricho.

He recibido algún correo encantador desde el ámbito profesional, que me ha animado mucho. También otros breves correitos contestando saludos míos, que me han sabido a gloria.

A última hora, cuando el cansancio se acerca al agotamiento, me dispongo a dormir, ojalá que como un bendito, con esperanzas de lograrlo, pues anoche el sueño se lució poco. Toca ya reiniciar otro libro que soy de los que los van alternando, como gran parte de las cosas. A alguna cosa que le era fiel no me ha merecido la pena.

martes, 14 de octubre de 2008

Lo que tenga que ser



Recibo el anticipo de la noticia con decepción, tristeza y algo de preocupación por las consecuencias prácticas del asunto: son estos, malos tiempos para abogados y rupturas, pero… lo que tenga que ser, será.
Ha sido un día de claroscuros en la tarea docente, me encontraba bajo de forma en el seminario y mejor en la clase. He vuelto, con una preciosa luna llena por techo, por el centro de Sevilla. La ciudad está más llena aún que nuestro satélite, llena de gente, de vida, de noche iluminada con ese color de atardecer de otoño que retrotrae a los mejores momentos de los mejores años de nuestra existencia. El pedaleo fue de vigoroso a sosegado para volver a alcanzar un ritmo rápido cuando llegaba a mi rincón. Tenía verdaderas ganas de adentrarme en la blogosfera para acceder el blog de una joyita apenas descubierta, de una florecilla blanca que brota del pedregal reseco de nuestra juventud litronera. He puesto su enlace entre los recomendados -de momento solo hay otro- y pueden juzgar ustedes mismos.
Es bueno el trabajo. Ocupa la mente y desaloja, o al menos constriñe, la mala leche que emanan las mulas traicioneras de la vida. Tratar de no parar, seguir, seguir, andar, andar, para adelante, siempre para adelante, hasta dejar atrás el desierto inhóspito y mísere y llegar al valle de los ríos de leche y miel. Tampoco hay que agotarse. El paso de buey, con su ritmo acompasado y su marcha imperturbable es el mejor modelo a seguir, aunque uno a veces tenga los arranques de un potro cimarrón, aún cuando con estos lustros se termine pagando la osadía con las fatigitas de la extenuación, mientras se contempla cómo el resto de la manada levanta ya la polvareda por el otro extremo de la dehesa.
Una persona muy allegada se despide hasta mañana. Ha ocupado el estudio preparando una prueba que le supondrá el fin de una etapa muy importante en su vida. Al igual que otros días, me resulta gratísimo y reconfortante saber que alguien está cerca aunque en lo suyo. Me acuesto feliz dentro de la tristeza porque lo que tenga que ser, será. No tenemos ni idea de lo que nos depara el porvenir, en esta vida que más que camino es noria, aunque a cada vuelta aparezca más vetusta la rueda y con más agujeros los cangliones.
Me acuesto pues, con el regustillo de lo que he leído y con la modesta expectación de lo que voy a leer. Aun no he terminado la cuarta lectura de “Cien años de soledad”.

lunes, 13 de octubre de 2008

Cada uno en su casa

La tarea se ha terminado a medias, pero anima ver que se avanza. Mi vida ha sido una sucesión de proyectos cumplidos a la mitad y en el doble de tiempo previsto, cuando no aplazados sine die. De hecho, uno de las empresas más importantes, la del matrimonio, tampoco va a concluir como yo esperaba: soy de los de “hasta que la muerte os separe”. Ahora, en vez de la vieja dama, puede separarte cualquier fantasma –corpóreo o subconsciente-.
Una buena siesta, contestar unos correos muy esperados y un largo rato de lectura han ocupado la tarde, que se ha visto enriquecida por la presencia de una persona cercana que, aunque ha venido a lo suyo, me ha hecho sentirme divinamente sabiendo que estaba allí, mientras yo avanzaba en los últimos capítulos del libro del momento.

Tras acompañar de vuelta hasta su casa a mi visita, entro en el bareto de la esquina. El empleado me cuenta su vida –yo le tiro descaradamente de la lengua- y compruebo una vez más que todo el mundo es interesante, por una cosa u otra. Desde los catorce años tras el mostrador, acumulando mucha experiencia y poco dinero, ¡porqué estará tan mal repartida la ambición! Me habla de cuando los alimentos se vendían a granel, las neveras enfriaban con barras de hielo que traía el carro de la nieve y de cuando llegó la Coca Cola. Todavía no siento añoranza por los tiempos pasados, señal inequívoca de que se entra en la vejez. Pienso solo en el futuro, y cada vez más en el presente. ¡Quizás sea algo inmaduro y viva en una adolescencia obsoleta! Pues bueno, me va bien. El dueño, y cocinero, me pone mi aliño de melva –sustancioso, sanísimo, riquísimo- y unas albóndigas con sabor a madre.

De recogida en el estudio, estas líneas y un libro. No se aún que CD poner, creo que uno de música gallega que me prestó la anfitriona de ayer, la que se quedó en su casa sola cuando cada uno se fue a la suya.

Cenar como un rey

Desayunar como un rey, almorzar como un señor, cenar como un pobre, es la fórmula magistral para mantener una buena salud en lo que se refiere a la dieta. Ayer, sin preverlo, invertí el orden. El desayuno fue el de un señor, el almuerzo fue de pobre y la cena de rey –del de las monarquías de muy bajo presupuesto-. No pensaba salir, pero mis fieles me animaron y quedamos en una especie de feria de la comida gallega donde, por una cantidad razonable, nos llevamos un lote no excesivo de viandas propias de la región. Nuestra amiga, que llegó también razonablemente tarde, había preparado en su casa, con tanto cariño como acierto, otros platitos para completar el festín. Dos cosas destacaron: la excelente calidad de lo que comimos y el tono relajado y distendido del momento. Mi amigo clínico, que gastaba un ánimo incisivo, sacó su alma de poeta escribiendo unos versos -de estrofa muy corta- en el móvil. Empezaban por "Pajarillo, pajarillo, que te posas en la piedra blanca".... y ya no recuerdo más. Bromeamos con el doble sentido de "pajarillo", de "posarse" y de "piedra", solo por gansear. Mi amigo caballero andaluz se marcó un baile a lo castizo al que puso mucho arte y nuestra anfitriona estuvo atenta, solícita y encantadora. Total, que todos "estamos tan agustito", como la canción del torero. Al final, hasta se bailó un poco al son de música cubana y se tocaron instrumentos de percusión traídos en uno de los numerosos viajes de la anfitriona. Nos fuimos con ganas de quedarnos, pero aplicando aquello de marcharse de la fiesta en el mejor momento, que es la manera de guardar un buen recuerdo.

El día había sido de total recogimiento, dedicado casi en exclusiva a la escritura. Acepté el reto de presentarme a un par de certámenes literarios de relato corto y completé uno, a falta de un pulido posterior. He escrito para ganar, porque los escritores que triunfan –como los toreros- son los que tienen hambre. Yo estoy bien alimentado, pero tengo un proyectito editorial que necesita algo de financiación, así que voy a jugar a obtenerlo por esta vía tan bohemia. En el peor de los casos, espero mejorar un poco mi estilo literario y mi capacidad narrativa. El jurado dirá.

Al final, mi vástago cambió la brocha de pintar por la playa. Hoy me ha dicho que viene, así que me prepararé para irnos al tajo los tres: mi hijo, la radio y yo.

domingo, 12 de octubre de 2008

Discoteca

Los que somos amigos del hablar, aunque a veces guardemos un silencio observador, no nos gusta tener un fondo ruidoso que impida escuchar lo que te dicen. Ayer tocó entrar en una gran pub discoteca con pretendido aire oriental. Me sorprendió que, aunque la mayor parte de la clientela era gente joven, había un gran número de personas de otras edades, incluyendo los de entorno a los cincuenta, que es mi caso. A parte de la fisonomía, se distinguían en la actitud, los jóvenes bailaban más, y por la forma de hacerlo, sincopada en los chicos, ondulante en los maduros. Al final, tras ejercer el oficio de antropólogo observante, terminé meneando un poco las carnes al ritmo de la música disco, tras tomarme la única copa de alcohol de la noche: güisqui con Seven Up. No estuvo mal, aun conservo cierta capacidad de seguir los retumbantes golpes del bajo. También he descubierto la fórmula de no beber alcohol, si acaso la última copa (penúltima sería mejor decir, lo otro suena a último deseo antes del ajusticiamiento). Me gusta conservar la cabeza fría en lo posible, ya se encargan otros temas de fondo de calentármela, y tratar de no perder ni una pizca de control, más en tiempos delicados como los que vivo.

Reflexiono sobre los distintos niveles de la conservación –es un tema que me interesa exprimir-. No funciono bien en el primero, el espontaneo, ese que surge de cualquier cosa, que trata de temas insustanciales o cotidianos, cuyo hilo empieza y se corta numerosas veces. Es más propio de los que se conocen mucho. Luego está el que gira en torno a asuntos concretos que requieren criterio propio y algún conocimiento sobre la cuestión. En ese funciono bien, aunque procuro no caer en el papel del erudito de turno. Me gusta especialmente que hablen de viajes y costumbres –deformación de antropólogo no ejerciente- en cuyo caso adopto el papel del escuchante atento. Hablar por hablar es una habilidad social que los que nos hemos criado en la soledad de los campos de cultivo –reivindico mi origen campesino- no tenemos muy desarrollada y sentimos que se nos nota. Con la práctica, se irá dominando de forma espontánea y relajada.

Es hora de desayunar y de trabajar un poquito en la pintura de las paredes.

sábado, 11 de octubre de 2008

Viento y lluvia

El fuerte viento y la lluvia me despiertan del segundo sueño de la noche, un sueño cargado de inquietudes y desazones cuyo argumento he olvidado enseguida. Entre éste y el primero, cuatro horas de lectura compulsiva de “Las travesuras de la niña mala”, un libro que no debería leer ahora porque se presta a la identificación fácil y quizás inexacta. Es hora, pues, de enderezar el curso de las emociones que, como caballo cimarrón, tuercen para donde no deben, lo mismo que la cabra tira para el monte. Jinete tozudo y menos bisoño ya, jalo pues de riendas mentales para recolocarme en la senda que interesa, la que me lleva a la satisfacción que otorga la creatividad realizada: un poco pretencioso pero esa es la meta.
El programa, no lo hay realmente, tiene varias alternativas de tipo doméstico, asunto muy descuidado, y dependiendo de la colaboración de mi vástago.
(Cinco horas después)
Sonó el timbre y, tal como habíamos quedado, llegó extrañamente puntual. Desayunamos como reyes, que en Andalucía consiste en una tostada entera con aceite de oliva y jamón serrano, zumo de naranja él, descafeinado yo. Luego, cien euros en pinturas que no gotean pero que si gotean. Tan duro como pintar es encintar los límites de lo que se ha de colorear. Uno a una cosa y el otro a otra y en medio un programa de radio de fin de semana. No hablamos mucho, aunque durante un rato apagué el transistor y le apunté alguna buena idea sobre su futuro profesional que no le disgustó. Nos espera tarea para todo el puente, con lo que el viaje será a través de las ondas y de la cálida y aterciopelada voz de mi locutora favorita.
Ahora, casi las tres, dudo si aplazar el almuerzo con mi hija pequeña por el mal tiempo, pero cojo el teléfono y le confirmo que quedamos. A eso me dispongo.
(Siete de la tarde)
Después de la siesta, me acuerdo de lo agradable de la tarde de ayer. No es frecuente que me deje invitar a almorzar, en un restaurante nada desdeñable, por una mujer, pero ante la buenísima y sanísima amistad que me unía a la comensal, desestime mi prurito machista –presumo de que soy un caballero- y disfruté de ensalada, pulpo a la gallega, gambas y ribeiro. Tuvo la delicadeza de dejarse pagar después a un café acompañado de un pastelillo compartido.
No dejo de percibir la importancia de la sintonía mental entre las personas. Esa manera de entenderse fácilmente, de captar el sentido exacto que él que las dice, le quiere dar a las palabras, de optar por la mejor de las interpretaciones, de dar la respuesta adecuada o simplemente de comprender, es algo valiosísimo, que no se da tanto como parece. Es el producto de una cultura, formación e ideales compartidos, y es de las cosas que –como la salud- se valoran cuando se echan en falta. Por fortuna, tengo la capacidad de saber valorar casi siempre –con puntuales y escandalosas excepciones- lo bueno que me rodea.
Ayer por la noche, tapitas y paseo con un amigo de fidelidad inquebrantable como una roca, redondean un día que empezó bien en lo docente: la primera sesión clínica del año empezó a poner a punto a los alumnos para su tarea. Queda mucho por hacer con ellos. Se hará todo lo que se pueda, y además, tratando de divertirse sin euforias, que luego los compañeros te miran como a un excéntrico.
Esta noche, cita con los de siempre, y que no falte.

viernes, 10 de octubre de 2008

Cuando las paredes responden

Cuando se tiene todo el día ocupado, no da tiempo a pensar, solo a sentir y a seguir. Cuando pasan muchas cosas, tampoco es posible acordarse de todo, solo de lo que más impacta. Ayer fue otro día bastante completo y hoy, si no hago un pequeño esfuerzo, solo tengo presentes algunas cosas. Una clase de Factores Socio-ambientales mejor que la anterior, una buena clase de Clínica Podológica, donde conseguí desatascar el atrancón de la precedente, un regular debate en el seminario de Factores por la tarde y una cervecita en agradable conversación después.

La comunicación es una de las mayores satisfacciones que se puede vivir. Ahora trato de trasmitirles –enseñar no está de moda, lo actual es el aprendizaje- a mis alumnos la distinción entre el placer –sensación, hedonismo- y la satisfacción –sentimiento de obtener lo que se merece tras pasar por momentos buenos y menos buenos-. La conversación, ya sea a dos o en grupo, aúna placer y satisfacción. Hay poca tradición de “tertulia” y es más frecuente la “discusión” en el sentido de “competir por el uso de la palabra”. Se acerca al concepto andaluz de “porfía”. Me gusta que me dejen sitio y que no me pisen cuando quiero hablar, ya me cuido yo de respetar la palabra de los demás. Esto se cumple cuando se trata de un acto formal (encuentros profesionales, etc.) aunque no siempre. Cuando se trata de una reunión informal, cada uno trata de romper el discurso del otro porque de pronto se le ocurre una idea y parece que se le acaba el tiempo de exponerla. No me gusta esa actitud. Por eso, cuando coincido con a una persona que “sabe escuchar”, que habla, y dice todo lo que tenga que decir, cuando ha terminado de hacerlo su interlocutor, me resulta un placer satisfactorio. Ayer, después del seminario, delante de unas croquetas caseras, un arroz exótico y una quesadilla montada sobre rodajas de manzana verde, regado por cerveza sin alcohol y copita de Rivera del Duero, tuve un rato de conversación, ni más ni menos.
Soy de los que escuchan, pero también me gusta comunicar. Aunque lo hago continuamente en clase, ese es mi trabajo, no es lo mismo. Por eso converso a través del blog con mis contertulios casi inexistentes sin muchas esperanzas de recibir respuesta. A pesar de ello aguanto. Dicen que lo malo no es que le hables a las paredes, sino cuando éstas te responden. En mi caso, si las paredes virtuales respondieran, no sería malo en absoluto, sería magnífico. He de confesar, no obstante, que se que al menos una persona lee esto. Con eso ya es más que suficiente. Es el mejor antídoto para combatir los zarpazos de la melancolía.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Temblad, michelines


Ha esta hora, el día ha dado casi todo lo que tenía que dar aunque aún quedan algunos restos. Algo de radio, un poco de música tal vez, dos páginas de un libro y el ratito de escritura para esta entrada. El cine en vídeo lo tengo aparcado y se me está amontonando el trabajo: tengo buenas películas por ver. Después dentro de un rato a dormir las cinco horas benditas que aguantan mis neuronas desconectadas de la mundana realidad.
El Consejo de Departamento ha estado bien porque, además de estudiar medidas para controlar aún más a los alumnos ¡que buenos policías se ha perdido la benemérita! se ha hablado, con cierta autocrítica a veces, de la enseñanza, de los contenidos, de la metodología… me parece un sueño este nivel. Espero que se traduzca en cambios en el Centro, para mejor, claro. La clase de Aplicación Industrial, donde se diseña calzado y útiles de Podología, ha estado genial. Primero medio capítulo sobre la fabricación artesanal del calzado. Después, puesta en común de los proyectos de los alumnos. Ha habido de todo, a saber: calzado para bailaora de flamenco, calzado para ir a la feria cómoda, deportivo para jugar al futbol en cualquier campo, zapato para que las modelos no se caigan en la pasarela, calzado para hacer el Camino de Santiago… y hasta unas botas de astronauta. De útiles, un aspirador, una autocaravana clínica, un bisturí ergonómico, etc. Nos hemos divertido comentando cada caso. La clase de Clínica Podológica no ha estado mal, pero ningún alumno ha obtenido el aprobado automático que prometí ayer, porque la capacidad crítica es muy limitada. El principio fue bien pero con el último concepto que explicaba se me atrancó la gente y no llegué. Tendré que volver a intentarlo mañana con más tino.
La consulta ha estado bien, con varios casos interesantes. Uno de ellos, un pie con una deformidad muy acentuada que he grabado en vídeo para su uso docente. Las compañeras, simpáticas como siempre. Por último, lo mejor, quedé con alguien muy cercano para charlar de la familia y de ella misma. Muy provechoso y más reconfortante.: vengo contento. Esperaba un correito que ha llegado, también tonificante aunque sucinto, cada uno tiene su estilo.
Lo peor, que en la cena con la persona aludida he comido demasiado, y mañana no engaño a la báscula. Iba bien: me he puesto de nuevo una talla menos de pantalón. Y es que otra vez estoy en el mercado y tengo que cuidar la mercancía, que en esta sociedad de consumo, el producto –aunque sean personas- está compuesto de contenido y continente, sin saber que es más importante. Así que, ¡temblad, michelines!
Buenas noches y buenos sueños.

martes, 7 de octubre de 2008

Vicky Cristina Barcelona

Vicky Cristina Barcelona es una película simpática de la que uno no se arrepiente ni del dinero invertido ni del tiempo dedicado. Trata de las aventuras amorosas de tres mujeres en torno a un macho ibérico bohemio, interpretado por Javier Bardén. Sin ser una obra maestra, hace pasar un buen rato e induce no pocas identificaciones con los personajes. He tenido ocasión de verla con dos amigos cinéfilos, cuyos comentarios me han dado algunas claves que yo no había captado.
Después hemos celebrado unos tíntos gustosos y unas tapitas de diseño, de esas que están tan de moda y que tan apetecibles resultan gracias y a pesar de su elaborada composición. ¡Cómo ha cambiado el mundo de la tapa! Ya pasaron de moda, aunque en muchos sitios las sirven aún, las consabidas ensaladillas, churrascos, calamares fritos,,, ¡que horror! Eso sí, un buen “pescaíto” frito –con poco aceite y no muy crudo- siempre estará vigente: tampoco la espinacas con garbanzos ni las croquetas caseras (meto “cocretas” y me salta el corrector).
Tras las tapitas, el regreso en bici. Tuve ocasión de llevar en el transportín durante un breve trayecto a una amiga –un joya- que en una muestra de recato prefirió sujetarse al sillín antes que a mi cintura. Me encantó esa actitud de prudencia y comedimiento –que tampoco nuestra relación es tan antigua como para tomarse demasiadas confianzas dando una imagen que no se quiere dar-. Sentía su peso liviano detrás mientras pedaleaba procurando mantener estable la vieja bicicleta, poco acostumbrada a tan noble carga. Me veía como un caballero medieval con su dama a la grupa, ¡sensación más bonita, tú! La calle estaba aún animada, la temperatura inmejorable y la ciudad con su luz única, realmente mágica, la misma que me pareció un ensueño cuando reparé en su calidez, después de vivir un par de años en Madrid.
Ayer lunes fue duro de c.j.n.s. De ocho a nueve clase de Factores Socio- ambientales. El curso es nuevo y yo estaba espeso. Apenas conseguí conectar con los alumnos, no los enganché. Espero que mejore. El resto de la mañana, consulta privada. Pude ver a algunos viejos pacientes que me contaron sus males de siempre. Estuvo ben. A las cuatro, seminario con segundo: duro pero estaba bien preparado y en este caso sí motivé y conecté a pesar de mi cansancio acumulado.
Hoy, mañana de trabajo en casa y rebusco en el montón de vídeos de la tienda de saldo. Buena compra: una de Louis de Funes, otra por Michael Dougles, otra más de Malckovich –interpretada por Bardén- y la última interpretada por Nicolas Gage, todo por 10 euros, incluyendo un documental didáctico de primeros auxilios. Ha sido una buena inversión.
Por La tarde, clase con 3º, manteniendo al personal con la máxima tensión. Les he pedido que agudicen su espíritu crítico para detectar un error en un modelo biomecánico, ofreciéndo un aprobado sin examen al primero que lo averigüe, y se ha formado un buen revuelo Hemos salido 10 minutos tarde, algo impensable teniendo en cuenta que era la última clase. Después, seminario con un grupo de 3º. Les he machacado paternalmente, introduciéndoles las técnicas de exploración anglosajona por las orejas. Y las han asimilado. A la vuelta, he escoltado a una alumna que también volvía en bicicleta. Me encantan los chicos que vienen desde los pueblos a estudiar a Sevilla. Llegan acobardados pero luego maduran más que los de la ciudad. Tengo unas clases maravillosas, da un gusto casi físico trabajar con ellos. Lo único es que al final te vuelves algo insensible a tanto escote sexi, que estas chicas dejan poco a la imaginación, pero se ve que no lo hacen para provocar, solo porque se lleva. Bueno, los alumnos no tiene sexo, y cuando dejan de ser alumnos, se van, o sea que en clase, de santo varón.
Una llamda telefónica me intenta amargar la noche hablándome de abogados pero no lo ha conseguido. Un correo sencillo y precioso me ha insuflado calor y autoestima. Esta vez no es igual que la otra, no señor, aunque no sea en absoluto un camino de rosas.
Tengo varios libros a medio empezar. Creo que voy a releer un ratito a García Márquez, en realidad releer por enésima vez “Cien años de soledad”. Alguien me dijo que es una tontería volver a leer un libro, habiendo tantos por leer. ¿También lo es ver otra vez una película o escuchar de nuevo una canción?
Buenos noches y buenos y profundos sueños.

domingo, 5 de octubre de 2008

Una mujer enamorada, otra mujer apacible

El valor de la amistad es incalculable. Pues sí, un tópico pero es verdad. Tampoco se trata de un sentimiento pletórico de los que embargan hasta saltar las lágrimas -eso se deja para la penúltima fase del exceso etílico- sino de la suave sensación de bienestar que se nota entre las personas que “están ahí”. Soy un tío con más buena suerte que mala, con la habilidad de sacarle el jugo a la vida, de hacer del limón limonada, que decían los del OPUS cuando se estrenó el Código da Vinci. Así que me estoy dedicando a espantar nostalgias y amarguras exprimiendo la cara buena que tiene todo lo que acontece.

Ayer vi a una mujer enamorada de un hombre, no de mí precisamente, aclaro. Estaba radiante, lo que la hacía aún más bella de lo que la naturaleza generosa había previsto El, un tío bien parecido –decir guapo es de maricas- se hallaba aletargado, desmotivado o cansado, y no parecía responder en la medida que ella hubiera querido, pero la mujer no cejaba. Me llegó de refilón la luminosidad de su cara marinera y el fulgor de su corazón transparente. Es cursi decirlo así pero no se hacerlo mejor. ¡Que bonito es el amor! que decimos por esta tierra. Me despertó una corriente de simpatía, creo que correspondida, que contribuyó a endulzarme el rato.

El otro hombre, caballero andaluz, sensible, franco, y noble, de los que dan la mano con firmeza y sinceridad, constituía un leal apoyo, siempre disponible aunque no siempre haya sido tratado con reciprocidad.

La otra mujer, inteligente, de una gracia discreta y amable, de semblante sereno y dulce, puso el tono perfecto a una noche simpática. Lo mejor, que solo se vivió en el presente y, si acaso, se jugó a recrear algo del futuro inmediato. Todavía no se tiene edad de anclarse en el pasado.

El texto me sale bastante acaramelado,no soy Miguel Delibes, más quisiera tener una décima parte de su prosa llana y elegante, pero es la mejor forma que tengo de contar lo que me ha calado de lo vivido ayer por la noche. Mañana más y con mejor estilo. Lo prometo

sábado, 4 de octubre de 2008

Otra vez aquí

Érase una vez un hombre que vivía feliz (en la acepción realista de la palabra) en el seno de una familia numerosa y que –casi sin enterarse del cómo ni del cuando- tuvo que empezar a ser feliz (en el sentido sereno del término) fuera del seno de la familia que fue entonces menos numerosa y menos familia. Ese soy yo, Cándido Cienfuegos, nacido hace ya ni me acuerdo –las primeras remenbranzas solo me alcanzan a mis tres añitos de vida- en el valle del Guadalquivir, pero debió ser después que Serrat y poco antes que Zapatero. La forma en que llegué a esta situación no merece la pena comentarse ahora, porque, como dirían los historiadores, no hay perspectiva. Y además, por que voy a tratar que esto sea una crónica de presente y de futuro, que del pasado ya he escrito más de lo que me convenía. También pretendo darle un tonillo algo frívolo y jocoso, aunque esto, como tantas otras veces, luego puede que no lo cumpla y el relato me salga hecho un drama lírico de los que uno se avergüenza de releer.
Lo de “hoy es el primer día del resto de nuestra vida” es una pamplina, ya que no se puede hacer borrón y cuanta nueva, pero sigue sirviendo para tratar de descargarse un poco del pasado cuando pesa demasiado, sobre todo cuando las emociones y las melancolías -de las que habría que establecer una unidad de medida- son demasiado espesas aún, que más que una sustancia viscosa, yo las veo como un humo denso y envolvente que a duras penas dejan ver. Lo de la medición precisa es para poder hacer un análisis cuantitativo de sus causas y consecuencias, ya que de lo contario, dicen que su estudio no es científico. Otro día les contaré lo que me ha ocurrido con lo cuantitativo y lo cualitativo. Volviendo al hilo de la cuestión, hoy es un poco el primer día, aunque más lo será, quizás, cuando se firmen los papeles. Pero hoy es cuando la otra parte me ha dicho, de manera “franca y directa”, siguiendo sus palabras, que quiere divorciarse. Ya me lo esperaba, porque llevo casi separado un par de meses, pero esto no te lo crees del todo hasta que no pasa el tiempo y pasan las cosas, y siempre se tiene la esperanza de que se plantee un último intento. Por cierto, que lo de "resoltero reincidente", para quién no esté en antecedentes, es porque ya estuve separado de la misma persona medio año largo y luego se reinició la relación.
Lo primero que voy a hacer, lo he hecho ya, es llamar a los fieles y salir a dar una vueltecita. Voy a tratar de distraerme de manera relajada, desarrollando una cualidad que nunca quisiera perder: la curiosidad por lo que me rodea. A ver si la realidad de la calle supera la ficción. Mañana les cuento.