Los lunes empiezan bravucones en la actividad. Una clase mañanera donde hay que despertar a la chiquillería para toda la semana. La sesión es una puesta en escena sin guión porque la forma de trabajar es atípica. No hay un tema específico del día sino que el temario se va desarrollando a medida que surgen las cuenstiones en el debate. Al final , sale un pudín muy compelto entre mis disertaciones más o menos improvisadas, el comentario de los artículos de opinión y el debate propuesto. Hoy tocaba el Sida, ya que es el día mundial de esa enfermedad, aunque casi no da tiempo a tratarlo. Los alumnos están mejorando su nivel; he leido blogs interesantes, muy prometedores y los artículos comentados son variados y oportunos.
El resto de la mañana, demasiado tranquilo, acorde con los tiempos de retraimiento que estamos viviendo. El frío pone de su parte también, un frío atormentador y paralizante, de los que no recuerdo haber sufrido nunca.
Toca comer bien: lentejas riquisimas, salmón delicioso y pudin de postre. Para beber, zumo de tomate. No pega pero no me importa. Es curioso que el menú más económico de la ciudad esté servido por un camarero con las maneras propias de un restaurante de cuatro tenedores.
(Suenan enl a radio noticias económicas de corte fúnebre con un tono de resignación estóica que entristece más que consuela. Definitivamente hay que reinventar el capitalismo).
La tarde transcurre sin ningún logro productivo, paralizado por la adversidad climática que vuelve inhospito mi cubículo. Falta crear hogar, falta dar habitabiliad a todo este espacio. Del próximo puente no pasa.
A última hora, un encuentro casi improvisado me resulta especialmente gratificante. Me sirve para afianzarme en la línea que quiero seguir. Por otro lado, tengo varios correos pendientes, también de gente entrañable, amigos todos.
Vivir este día ha sido una buena e inevitable opción, aunque muchos de sus sucesos sean más una lotería que una decisión libre. Ya pasé la etapa donde creía que la libertad existe. Al menos soy consciente de su falta y creo saber como sortear ciertos caprichos del azar. Algunas veces apruebo y otras suspendo, como todo el mundo. Además, es muy dificil hacer trampas.
El resto de la mañana, demasiado tranquilo, acorde con los tiempos de retraimiento que estamos viviendo. El frío pone de su parte también, un frío atormentador y paralizante, de los que no recuerdo haber sufrido nunca.
Toca comer bien: lentejas riquisimas, salmón delicioso y pudin de postre. Para beber, zumo de tomate. No pega pero no me importa. Es curioso que el menú más económico de la ciudad esté servido por un camarero con las maneras propias de un restaurante de cuatro tenedores.
(Suenan enl a radio noticias económicas de corte fúnebre con un tono de resignación estóica que entristece más que consuela. Definitivamente hay que reinventar el capitalismo).
La tarde transcurre sin ningún logro productivo, paralizado por la adversidad climática que vuelve inhospito mi cubículo. Falta crear hogar, falta dar habitabiliad a todo este espacio. Del próximo puente no pasa.
A última hora, un encuentro casi improvisado me resulta especialmente gratificante. Me sirve para afianzarme en la línea que quiero seguir. Por otro lado, tengo varios correos pendientes, también de gente entrañable, amigos todos.
Vivir este día ha sido una buena e inevitable opción, aunque muchos de sus sucesos sean más una lotería que una decisión libre. Ya pasé la etapa donde creía que la libertad existe. Al menos soy consciente de su falta y creo saber como sortear ciertos caprichos del azar. Algunas veces apruebo y otras suspendo, como todo el mundo. Además, es muy dificil hacer trampas.
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