miércoles, 10 de diciembre de 2008

A Valverde

El contrapunto del suculento almuerzo de ayer es la empanada gallega de emergencia, acompañada de minitetrabrik de piña, flan y pistachos, en mi despacho. No está mal excepto que, como los niños chicos, derramo el caramelo del postre sobre mi sillón, en un sitio tan indiscreto que parece cualquier cosa menos caramelo de flan. Mañana me llevaré un quitamanchas, si bien mi experiencia es que estos productos magnifican los lamparones más de quitarlos.

Contacto con la diseñadora local más conocida, a ver si quiere o puede venir a charlar con los chavales . El problema es que su estilo de producto no coincide con el ideal en cuestiones de salud y quizás por eso no venga. Los alumnos está ilusionados aunque algunos ponen objeciones al trabajo de fin de carrera. Dicen que hacer manualidades es cosa de niños.

La consulta está tranquila, pero no faltan pacientes., aunque menos que otros añor por esta època. Tratamos de atenderlos lo mejor posible y eso parece dar resultados. Tenemos que introducir elementos innovadores y ya tengo alguna idea. No obstante, las actividades en general están bajo mínimos y la nuestra no lo es menos. Dicen que es la peor crisis de los últimos sesenta años. O sea que lo peor está por venir: no quiero pensar como irá el año próximo y los siguientes.

Alguien me llama y nos tomamos una cerveza y un "rivera" (Rivera del Duero) después, con alguna tapa de diseño y un queso de los de toda la vida. Como siempre con esta persona, la conversación es un placer en el más gozoso e inocente sentido de la palabra. Da gusto. Hablamos de lo humano -el trabajo- y de lo divino -el amor- con la misma naturalidad. Insiste en pagar, no se como vamos a expresar los hombres nuestra hombría cuando no caben ya estos gestos.

Mañana vamos a Valverde para un encuentro con empresarios. Lo peor, hay que estar a las siete y media en el punto de encuentro. Esperemos que merezca la pena.

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