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sábado, 29 de noviembre de 2008

Un día completito

El día comienza doméstico, haciendo algo por el espacio que ocupo y que no se adecúa a lo que me gusta, quizás sí a lo que soy. Recoloco muebles, ordeno enseres, limpio polvo, guardo ropa, quito suciedad, etc, etc, etc, etc.... Ahora me doy cuenta de la rutina hogareña: ¡Esas benditas amas de casa, trajinando sin parar para luego vuelta a empezar, como el burro cegado y sujeto a la noria que no deja de dar vueltas! Cuanta injusticia cometemos con quien hace este trabajo sin ser suficientemente valorado. Esa ropa interior, ordenada en su cajón, esas camisas planchadas, ese cuarto de baño limpio. ese suelo resplandaciente, esos espacios ordenados, ese frigorífico lleno, esa mesa puesta... esa comida elaborada y humeante! ¡¡Cuanto vale y que poco se paga!!

A mediodía, invitación para almorzar en casa de una nueva amistad, junto a su grupo habitual. Una madre nutricia reparte un puchero de los de invierno que sienta divinamente en este día invernal. Ese plato central es precedido de una sopa de fideos y seguido de esquisiteces varias, incluyendo bombones de buena calidad. La tertulia es amena, de buen nivel, alternandose los interlocutores. Los hijos ocupan buena parte de la charla. El trabajo también.

Por la noche, salida con los fieles y encuentro, casi a ciegas, con la conocida de un amigo, una chica competente con la que se pueden compartir ratos sanos y agradables. Luego, reunión con el grupo de la comida, que acababa de regresar del teatro. Cervecita, tapitas, mucha charla y algún bailecillo. Se entra en un antro dedicado al flamenquito, donde se cabe desafiando las leyes de la física. Se empuja aún más y nos embutimos entr el gentio. Algunos del grupo bailaban muy bien, me da verguenza y me prometo aprender. Llevo imcompliendo esto desde que vi bailar bien hace cuarenta años.

viernes, 28 de noviembre de 2008

En casita

El primer día realmente frío de este otoño me ha metido en casa. Me doy cuenta de que tengo un montón de cosas que hacer aquí, algunas necesarias y otras por placer. Este fin de semana me propongo organizar y adecentar más el espacio. Empezaré por la primera habitación, de uso indefinido y casi inutil. Trataré de convertirlo en un espacio polivalente que mantenga cierto atractivo. Un tono desenfadado y bohemio jusitificará un moviliario tan viariopinto e improvisado. Por otra parte, ese es el estilo que me gusta.

La mañana ha ido bien en las clases y dura en los trámites. Al final he sumado un montón de quilometros en bicicleta, la pobre cualquier día me deja tirado. Vuelvo a improvisar el almuerzo en el despacho, pero aunque frío, he comido bien, puede que demasiado. Confio en que el coresterol, que lo produzco de manera congénita, esté bajo mínimos. A mediodía, un breve encuentro con nuevos amigos me abren puertas. Son gente de vuelta de muchas cosas que viven el día a día. Compartimos bastantes gustos y espero mantener el contacto. Me acogen muy bien.

El abuelo me cuenta por teléfono que escucha mi programa y me da consejos para mejorar. Tiene razón en todos. Sigue lúcido y optimista. Hoy nos toca estar solos, él allá en el campo y yo en este barrio residencial. Quedo con en ir a visitarle. Puede que el domingo se organice una comida familiar.

El viernes es el mejor día de la semana, eso es sabido. Ahora pretendo darme un ligero festín de descanso, no importa el desvelo de madrugada. La radio, un buen libro y, en casos extremos alguna película pendiente de ver llenarán de sobra la vigilia pertinaz. A veces, es suficiente con la imaginación, que es como todo lo anterior junto, pero con un guión impredicible.