Otro día duro, dedicado por entero al trabajo: por la mañana, un rato tratando de concentrarme en la revisión de un documento de interés, más una reunión improvisada, a las dos, clase de Aplicación Industrial, donde hemos seguido revisando los proyectos, a las tres comida ligerísima y café con pastas, a las cuatro, visita a una emisorita de radio (luego cuento), a las cinco, clase de CPI –intensa y provechosa, la mayor parte de los alumnos me siguen- y después, consulta hasta tarde. Es una maravilla esto de no parar. Tiene una indudable función narcotizante.
Lo de la emisora fue una “picada”. Hace tres semanas fui invitado al programa de un famoso locutor, al que conocía de una fiesta anterior, para tratar de Podología. Funcionó muy bien, con la centralita colapsada de llamadas, y me animó a retomar una vieja actividad que había practicado antaño: tener mi propio programa de radio. Había localizado una emisora vecinal, Radiopolis (98.4), que podría prestarse a tal fin, y me dirigí directamente a los estudios. Hablé con alguien que parece mantener aquello y me enseñó las instalaciones –mínimas pero suficientes para los fines propuestos-. No tienen ningún programa de prevención de la salud y si parecen disponer de un hueco, el martes por la mañana. Así que me veo con mi hora semanal, si aceptan el proyecto que he de confeccionar y entregar. En realidad, tengo un montón de cosas que hacer, pero esto me apetece y me voy a dar el capricho.
He recibido algún correo encantador desde el ámbito profesional, que me ha animado mucho. También otros breves correitos contestando saludos míos, que me han sabido a gloria.
A última hora, cuando el cansancio se acerca al agotamiento, me dispongo a dormir, ojalá que como un bendito, con esperanzas de lograrlo, pues anoche el sueño se lució poco. Toca ya reiniciar otro libro que soy de los que los van alternando, como gran parte de las cosas. A alguna cosa que le era fiel no me ha merecido la pena.
Lo de la emisora fue una “picada”. Hace tres semanas fui invitado al programa de un famoso locutor, al que conocía de una fiesta anterior, para tratar de Podología. Funcionó muy bien, con la centralita colapsada de llamadas, y me animó a retomar una vieja actividad que había practicado antaño: tener mi propio programa de radio. Había localizado una emisora vecinal, Radiopolis (98.4), que podría prestarse a tal fin, y me dirigí directamente a los estudios. Hablé con alguien que parece mantener aquello y me enseñó las instalaciones –mínimas pero suficientes para los fines propuestos-. No tienen ningún programa de prevención de la salud y si parecen disponer de un hueco, el martes por la mañana. Así que me veo con mi hora semanal, si aceptan el proyecto que he de confeccionar y entregar. En realidad, tengo un montón de cosas que hacer, pero esto me apetece y me voy a dar el capricho.
He recibido algún correo encantador desde el ámbito profesional, que me ha animado mucho. También otros breves correitos contestando saludos míos, que me han sabido a gloria.
A última hora, cuando el cansancio se acerca al agotamiento, me dispongo a dormir, ojalá que como un bendito, con esperanzas de lograrlo, pues anoche el sueño se lució poco. Toca ya reiniciar otro libro que soy de los que los van alternando, como gran parte de las cosas. A alguna cosa que le era fiel no me ha merecido la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario