Entramos en una época bonita del año. El otoño se identifica con la madurez en el mejor de los sentidos, el reposo después de la euforia, la sabiduría, la templanza, la serendidad… los colores suaves que pintan las riveras arboladas, sus distintos tonos dorados, la luminosidad viva del mediodía cuando está claro, la acumulación de sonidos lejanos cuando va a llover, el olor a tierra húmeda cuando ha llovido, todo eso me retrotrae a mi niñez y mi juventud en pleno valle del Guadalquivir. Voy a salir al campo las veces que pueda. Me gusta andar por senderos de tierra y grama algo mullida por las lluvias pasadas, subiendo y bajando laderas con la curiosidad permanente de saber que habrá después de esa curva y detrás de aquel cerro, y luego otra curva y otro cerro. Caminar es como vivir, llegado a un punto se sigue hasta el siguiente, y así hasta que termina la jornada.
Ayer fue un día de trabajo moderado: sesiones clínicas por la mañana, gestiones a mediodía, fastidiado por la infección de virus del ordenador, clase a las dos y largísima siesta después. Una rápida vista a un gran almacén, donde le arrebaté descaradamente la dependienta a una señora que empezaba a contar su vida mientras yo llegaba tarde. Llegue justo a tiempo a una cita con una persona amiga, con la que pasé un rato agradable de conversación de temas personales, esos que solo entienden los que han pasado por lo mismo, y de tapitas de diseño riquísimas. Luego cine -regular pero divertido- y vuelta atravesando el centro de Sevilla en bicicleta. Un buen día, y sobre todo un buen rato por la noche, como siempre que coincido con esta persona. Da gusta tratar con gente sencilla e inteligente. Siempre he distinguido entre el listo, que quiere obtener ventaja de todo y de todos, y el inteligente, que trata de estar a gusto con los demás y consigo mismo, ¡Que fácil sería todo si hubieran muchos así!
Ayer fue un día de trabajo moderado: sesiones clínicas por la mañana, gestiones a mediodía, fastidiado por la infección de virus del ordenador, clase a las dos y largísima siesta después. Una rápida vista a un gran almacén, donde le arrebaté descaradamente la dependienta a una señora que empezaba a contar su vida mientras yo llegaba tarde. Llegue justo a tiempo a una cita con una persona amiga, con la que pasé un rato agradable de conversación de temas personales, esos que solo entienden los que han pasado por lo mismo, y de tapitas de diseño riquísimas. Luego cine -regular pero divertido- y vuelta atravesando el centro de Sevilla en bicicleta. Un buen día, y sobre todo un buen rato por la noche, como siempre que coincido con esta persona. Da gusta tratar con gente sencilla e inteligente. Siempre he distinguido entre el listo, que quiere obtener ventaja de todo y de todos, y el inteligente, que trata de estar a gusto con los demás y consigo mismo, ¡Que fácil sería todo si hubieran muchos así!
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