Ha sido un buen día de trabajo dentro y fuera de casa, colaborando con alguien entrañable en una tarea de bricolaje. Mientras apretaba tornillos y taladraba paredes, sintonizamos la FM 9.4 de Sevilla (Radiópolis) y empezó a sonar el programa grabado el martes pasado. La persona que me acompañaba no me reconoció: el timbre estaba algo distorsionado y el acento más castellanizado. Me parecía excesivamente formal y algo dubitativo, creo que lo normal en el primer programa, pero parece funcionar en esta emisora. A los responsables les gustó y a mí me anima a seguir y sobretodo a mejorar.
He salido con mis fieles. Las calles del centro estaban radiantes, llenas de gente joven, teñidas de la luz de gas de las noches de Sevilla. Hemos tomado unos vinos y alguna tapa que nos han entonado para pasar un ratito simpático con bastante desenfado, incluyendo momentos de confidencia. Cada cual deja traslucir, unos de manera sutil, otros con toda claridad, cuales son sus pretensiones en el campo más universal del mundo: el del amor. Lo que vi son desencuentros múltiples, de los que no procede entrar en detalle.
Creo que la gente tiene dificultades para encontrarse porque es bastante psudoromántica. Existe la creencia de que una fuerza misteriosa, el destino quizás, dirigirá a cada uno hacia la persona ideal, que estará esperando a que una especie de imán funcione y los atraiga mutuamente. Es absurdo porque las posibilidades de encontrar a alguien cuyas características y voluntades coincidan con las del que busca son remotas. Todo es muy aleatorio. ¿Que ocurre si el día que acudes a un bar de copas no está la persona adecuada, o se ha marchado antes que llegaras tú, o llega cuando te has ido? ¿Que pasa si no va a la misma ruta de senderismo, ni a la misma caseta de feria ni al mismo curso de inglés? Antes, había una tía solterona o no que decía al, o a la joven. –Niño/a conozco a alguien que es perfecto para ti. Mira, ¡es tan guapo/a, de tan buena familia, tiene tan buen carácter, que no conozco otro/a igual en siete leguas a la redonda! Y el/ella se interesaba, se ilusionaba y se enamoraba casi antes de conocerlo/a físicamente. Y aquello unas veces funcionaba y otras no, pero el porcentaje de éxitos no era menor que el de los encuentros casuales “no dirigidos”.
Esta claro que las relaciones deben estar basadas en unos requisitos previos,que sé lo que me digo, y que desde fuera alguien con buena voluntad los puede dirigir, al menos en principio, sin que ello le reste posibilidad de que “cuaje”. El amor viene a la par y se fabrica con intención, inteligencia y comunicación, si hay afinidad previa, insisto. Bueno, en mi caso hablo de futuro, que ahora estoy en fase de convalecencia sentimental y de explosión social. No obstante el tema no me deja, como es natural, indiferente.
He salido con mis fieles. Las calles del centro estaban radiantes, llenas de gente joven, teñidas de la luz de gas de las noches de Sevilla. Hemos tomado unos vinos y alguna tapa que nos han entonado para pasar un ratito simpático con bastante desenfado, incluyendo momentos de confidencia. Cada cual deja traslucir, unos de manera sutil, otros con toda claridad, cuales son sus pretensiones en el campo más universal del mundo: el del amor. Lo que vi son desencuentros múltiples, de los que no procede entrar en detalle.
Creo que la gente tiene dificultades para encontrarse porque es bastante psudoromántica. Existe la creencia de que una fuerza misteriosa, el destino quizás, dirigirá a cada uno hacia la persona ideal, que estará esperando a que una especie de imán funcione y los atraiga mutuamente. Es absurdo porque las posibilidades de encontrar a alguien cuyas características y voluntades coincidan con las del que busca son remotas. Todo es muy aleatorio. ¿Que ocurre si el día que acudes a un bar de copas no está la persona adecuada, o se ha marchado antes que llegaras tú, o llega cuando te has ido? ¿Que pasa si no va a la misma ruta de senderismo, ni a la misma caseta de feria ni al mismo curso de inglés? Antes, había una tía solterona o no que decía al, o a la joven. –Niño/a conozco a alguien que es perfecto para ti. Mira, ¡es tan guapo/a, de tan buena familia, tiene tan buen carácter, que no conozco otro/a igual en siete leguas a la redonda! Y el/ella se interesaba, se ilusionaba y se enamoraba casi antes de conocerlo/a físicamente. Y aquello unas veces funcionaba y otras no, pero el porcentaje de éxitos no era menor que el de los encuentros casuales “no dirigidos”.
Esta claro que las relaciones deben estar basadas en unos requisitos previos,que sé lo que me digo, y que desde fuera alguien con buena voluntad los puede dirigir, al menos en principio, sin que ello le reste posibilidad de que “cuaje”. El amor viene a la par y se fabrica con intención, inteligencia y comunicación, si hay afinidad previa, insisto. Bueno, en mi caso hablo de futuro, que ahora estoy en fase de convalecencia sentimental y de explosión social. No obstante el tema no me deja, como es natural, indiferente.
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