Desayunar como un rey, almorzar como un señor, cenar como un pobre, es la fórmula magistral para mantener una buena salud en lo que se refiere a la dieta. Ayer, sin preverlo, invertí el orden. El desayuno fue el de un señor, el almuerzo fue de pobre y la cena de rey –del de las monarquías de muy bajo presupuesto-. No pensaba salir, pero mis fieles me animaron y quedamos en una especie de feria de la comida gallega donde, por una cantidad razonable, nos llevamos un lote no excesivo de viandas propias de la región. Nuestra amiga, que llegó también razonablemente tarde, había preparado en su casa, con tanto cariño como acierto, otros platitos para completar el festín. Dos cosas destacaron: la excelente calidad de lo que comimos y el tono relajado y distendido del momento. Mi amigo clínico, que gastaba un ánimo incisivo, sacó su alma de poeta escribiendo unos versos -de estrofa muy corta- en el móvil. Empezaban por "Pajarillo, pajarillo, que te posas en la piedra blanca".... y ya no recuerdo más. Bromeamos con el doble sentido de "pajarillo", de "posarse" y de "piedra", solo por gansear. Mi amigo caballero andaluz se marcó un baile a lo castizo al que puso mucho arte y nuestra anfitriona estuvo atenta, solícita y encantadora. Total, que todos "estamos tan agustito", como la canción del torero. Al final, hasta se bailó un poco al son de música cubana y se tocaron instrumentos de percusión traídos en uno de los numerosos viajes de la anfitriona. Nos fuimos con ganas de quedarnos, pero aplicando aquello de marcharse de la fiesta en el mejor momento, que es la manera de guardar un buen recuerdo.
El día había sido de total recogimiento, dedicado casi en exclusiva a la escritura. Acepté el reto de presentarme a un par de certámenes literarios de relato corto y completé uno, a falta de un pulido posterior. He escrito para ganar, porque los escritores que triunfan –como los toreros- son los que tienen hambre. Yo estoy bien alimentado, pero tengo un proyectito editorial que necesita algo de financiación, así que voy a jugar a obtenerlo por esta vía tan bohemia. En el peor de los casos, espero mejorar un poco mi estilo literario y mi capacidad narrativa. El jurado dirá.
Al final, mi vástago cambió la brocha de pintar por la playa. Hoy me ha dicho que viene, así que me prepararé para irnos al tajo los tres: mi hijo, la radio y yo.
El día había sido de total recogimiento, dedicado casi en exclusiva a la escritura. Acepté el reto de presentarme a un par de certámenes literarios de relato corto y completé uno, a falta de un pulido posterior. He escrito para ganar, porque los escritores que triunfan –como los toreros- son los que tienen hambre. Yo estoy bien alimentado, pero tengo un proyectito editorial que necesita algo de financiación, así que voy a jugar a obtenerlo por esta vía tan bohemia. En el peor de los casos, espero mejorar un poco mi estilo literario y mi capacidad narrativa. El jurado dirá.
Al final, mi vástago cambió la brocha de pintar por la playa. Hoy me ha dicho que viene, así que me prepararé para irnos al tajo los tres: mi hijo, la radio y yo.
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