El día, como tantas veces, ha pasado como una exhalación. Habría que aprender –no creo que sea tan difícil- a detener el tiempo un momento, al menos para orientarse. He hecho cosas pero no he disfrutado, quizás porque todo lo haga un poco forzado. Lo más novedoso, el primer programa de radio, que a la gente de la emisora el ha gustado pero a mí, no. No había preparado bien los contenidos –no resistiría una análisis mínimamente riguroso- y tampoco me había entrenado para parecer un locutor, aunque sea de emisora de tercera.
Me ha acompañado un invitado, un paciente diabético que se define asimismo como el “diabético perfecto”, pues ha desarrollado todas las complicaciones típicas: retinopatía, nefropatía, y amputaciones de varios dedos del pie. Al terminar, ha clavado el diagnóstico. Bastante monótono y algunas intervenciones demasiado largas. Lo acepto y me digo que puedo hacerlo bien, pues en clase soy un aceptable orador. Lo emiten el sábado a las nueve de la noche en Radiópolis, en la 98.4 FM, de Sevilla. El martes que viene, haremos ya el programa en directo, y espero prepararlo mejor.
He terminado la clase de las seis con la sensación de que los alumnos no están muy interesados en lo que imparto. Requiere demasiado esfuerzo cambiar los conceptos tradicionales y entiendo perfectamente la expresión, “clamar en el desierto”. Pero por culpa de mi proclamada y reconocida tozudez, yo la denomino perseverancia, no voy a cejar en el empeño: vencer o morir, como un Che Guevara de juguete. Antes de volver, no tenía ninguna prisa en encerrarme, he pasado por el seminario práctico que impartía un buen compañero, que me ha pedido que les muestre a los alumnos algunos recursos prácticos. Esos truquillos son muy demandados y en eso sí que he tenido audiencia. Es bueno endulzar un poco la boca.
La vuelta, por el centro de Sevilla, que está precioso por la mañana, por la tarde y por la noche. Al llegar a “la Campana”, me he bajado de la bicicleta y hecho el trayecto andando, hasta llegar a “la pasarela”. Prefería disfrutar viendo a la gente cruzarse. Casi todos iban acompañados.
Tengo un montón de tarea por hacer, la que me mandan y la que yo me busco. Voy a empezar por la que más me gusta y lo otro ya se verá. Toda la faena es interesante, pero no me apetece. Estos ratitos un poquito agrios se pasan mejor con buena música de fondo. Ahora suena un son cubano de un grupo de esos que son felices con un poquito de nada. Cantan sobre la Habana, sabrosura, gozar, irse con una negrita hasta “la madrugá” y fantasías así. Lo he conseguido en la tienda de segunda mano por sesenta céntimos. Una tarea primordial será contestar un par de correos de gente cercana y gente amiga. La compañía a través de las ondas, la radio, y en el ciberespacio, internet, sustituye cada vez más a la presencia corporal. Resulta interesante y abre posibilidades, pero no es lo mismo.
Me ha acompañado un invitado, un paciente diabético que se define asimismo como el “diabético perfecto”, pues ha desarrollado todas las complicaciones típicas: retinopatía, nefropatía, y amputaciones de varios dedos del pie. Al terminar, ha clavado el diagnóstico. Bastante monótono y algunas intervenciones demasiado largas. Lo acepto y me digo que puedo hacerlo bien, pues en clase soy un aceptable orador. Lo emiten el sábado a las nueve de la noche en Radiópolis, en la 98.4 FM, de Sevilla. El martes que viene, haremos ya el programa en directo, y espero prepararlo mejor.
He terminado la clase de las seis con la sensación de que los alumnos no están muy interesados en lo que imparto. Requiere demasiado esfuerzo cambiar los conceptos tradicionales y entiendo perfectamente la expresión, “clamar en el desierto”. Pero por culpa de mi proclamada y reconocida tozudez, yo la denomino perseverancia, no voy a cejar en el empeño: vencer o morir, como un Che Guevara de juguete. Antes de volver, no tenía ninguna prisa en encerrarme, he pasado por el seminario práctico que impartía un buen compañero, que me ha pedido que les muestre a los alumnos algunos recursos prácticos. Esos truquillos son muy demandados y en eso sí que he tenido audiencia. Es bueno endulzar un poco la boca.
La vuelta, por el centro de Sevilla, que está precioso por la mañana, por la tarde y por la noche. Al llegar a “la Campana”, me he bajado de la bicicleta y hecho el trayecto andando, hasta llegar a “la pasarela”. Prefería disfrutar viendo a la gente cruzarse. Casi todos iban acompañados.
Tengo un montón de tarea por hacer, la que me mandan y la que yo me busco. Voy a empezar por la que más me gusta y lo otro ya se verá. Toda la faena es interesante, pero no me apetece. Estos ratitos un poquito agrios se pasan mejor con buena música de fondo. Ahora suena un son cubano de un grupo de esos que son felices con un poquito de nada. Cantan sobre la Habana, sabrosura, gozar, irse con una negrita hasta “la madrugá” y fantasías así. Lo he conseguido en la tienda de segunda mano por sesenta céntimos. Una tarea primordial será contestar un par de correos de gente cercana y gente amiga. La compañía a través de las ondas, la radio, y en el ciberespacio, internet, sustituye cada vez más a la presencia corporal. Resulta interesante y abre posibilidades, pero no es lo mismo.
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