Érase una vez un hombre que vivía feliz (en la acepción realista de la palabra) en el seno de una familia numerosa y que –casi sin enterarse del cómo ni del cuando- tuvo que empezar a ser feliz (en el sentido sereno del término) fuera del seno de la familia que fue entonces menos numerosa y menos familia. Ese soy yo, Cándido Cienfuegos, nacido hace ya ni me acuerdo –las primeras remenbranzas solo me alcanzan a mis tres añitos de vida- en el valle del Guadalquivir, pero debió ser después que Serrat y poco antes que Zapatero. La forma en que llegué a esta situación no merece la pena comentarse ahora, porque, como dirían los historiadores, no hay perspectiva. Y además, por que voy a tratar que esto sea una crónica de presente y de futuro, que del pasado ya he escrito más de lo que me convenía. También pretendo darle un tonillo algo frívolo y jocoso, aunque esto, como tantas otras veces, luego puede que no lo cumpla y el relato me salga hecho un drama lírico de los que uno se avergüenza de releer.
Lo de “hoy es el primer día del resto de nuestra vida” es una pamplina, ya que no se puede hacer borrón y cuanta nueva, pero sigue sirviendo para tratar de descargarse un poco del pasado cuando pesa demasiado, sobre todo cuando las emociones y las melancolías -de las que habría que establecer una unidad de medida- son demasiado espesas aún, que más que una sustancia viscosa, yo las veo como un humo denso y envolvente que a duras penas dejan ver. Lo de la medición precisa es para poder hacer un análisis cuantitativo de sus causas y consecuencias, ya que de lo contario, dicen que su estudio no es científico. Otro día les contaré lo que me ha ocurrido con lo cuantitativo y lo cualitativo. Volviendo al hilo de la cuestión, hoy es un poco el primer día, aunque más lo será, quizás, cuando se firmen los papeles. Pero hoy es cuando la otra parte me ha dicho, de manera “franca y directa”, siguiendo sus palabras, que quiere divorciarse. Ya me lo esperaba, porque llevo casi separado un par de meses, pero esto no te lo crees del todo hasta que no pasa el tiempo y pasan las cosas, y siempre se tiene la esperanza de que se plantee un último intento. Por cierto, que lo de "resoltero reincidente", para quién no esté en antecedentes, es porque ya estuve separado de la misma persona medio año largo y luego se reinició la relación.
Lo primero que voy a hacer, lo he hecho ya, es llamar a los fieles y salir a dar una vueltecita. Voy a tratar de distraerme de manera relajada, desarrollando una cualidad que nunca quisiera perder: la curiosidad por lo que me rodea. A ver si la realidad de la calle supera la ficción. Mañana les cuento.
Lo de “hoy es el primer día del resto de nuestra vida” es una pamplina, ya que no se puede hacer borrón y cuanta nueva, pero sigue sirviendo para tratar de descargarse un poco del pasado cuando pesa demasiado, sobre todo cuando las emociones y las melancolías -de las que habría que establecer una unidad de medida- son demasiado espesas aún, que más que una sustancia viscosa, yo las veo como un humo denso y envolvente que a duras penas dejan ver. Lo de la medición precisa es para poder hacer un análisis cuantitativo de sus causas y consecuencias, ya que de lo contario, dicen que su estudio no es científico. Otro día les contaré lo que me ha ocurrido con lo cuantitativo y lo cualitativo. Volviendo al hilo de la cuestión, hoy es un poco el primer día, aunque más lo será, quizás, cuando se firmen los papeles. Pero hoy es cuando la otra parte me ha dicho, de manera “franca y directa”, siguiendo sus palabras, que quiere divorciarse. Ya me lo esperaba, porque llevo casi separado un par de meses, pero esto no te lo crees del todo hasta que no pasa el tiempo y pasan las cosas, y siempre se tiene la esperanza de que se plantee un último intento. Por cierto, que lo de "resoltero reincidente", para quién no esté en antecedentes, es porque ya estuve separado de la misma persona medio año largo y luego se reinició la relación.
Lo primero que voy a hacer, lo he hecho ya, es llamar a los fieles y salir a dar una vueltecita. Voy a tratar de distraerme de manera relajada, desarrollando una cualidad que nunca quisiera perder: la curiosidad por lo que me rodea. A ver si la realidad de la calle supera la ficción. Mañana les cuento.
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