El valor de la amistad es incalculable. Pues sí, un tópico pero es verdad. Tampoco se trata de un sentimiento pletórico de los que embargan hasta saltar las lágrimas -eso se deja para la penúltima fase del exceso etílico- sino de la suave sensación de bienestar que se nota entre las personas que “están ahí”. Soy un tío con más buena suerte que mala, con la habilidad de sacarle el jugo a la vida, de hacer del limón limonada, que decían los del OPUS cuando se estrenó el Código da Vinci. Así que me estoy dedicando a espantar nostalgias y amarguras exprimiendo la cara buena que tiene todo lo que acontece.
Ayer vi a una mujer enamorada de un hombre, no de mí precisamente, aclaro. Estaba radiante, lo que la hacía aún más bella de lo que la naturaleza generosa había previsto El, un tío bien parecido –decir guapo es de maricas- se hallaba aletargado, desmotivado o cansado, y no parecía responder en la medida que ella hubiera querido, pero la mujer no cejaba. Me llegó de refilón la luminosidad de su cara marinera y el fulgor de su corazón transparente. Es cursi decirlo así pero no se hacerlo mejor. ¡Que bonito es el amor! que decimos por esta tierra. Me despertó una corriente de simpatía, creo que correspondida, que contribuyó a endulzarme el rato.
El otro hombre, caballero andaluz, sensible, franco, y noble, de los que dan la mano con firmeza y sinceridad, constituía un leal apoyo, siempre disponible aunque no siempre haya sido tratado con reciprocidad.
La otra mujer, inteligente, de una gracia discreta y amable, de semblante sereno y dulce, puso el tono perfecto a una noche simpática. Lo mejor, que solo se vivió en el presente y, si acaso, se jugó a recrear algo del futuro inmediato. Todavía no se tiene edad de anclarse en el pasado.
El texto me sale bastante acaramelado,no soy Miguel Delibes, más quisiera tener una décima parte de su prosa llana y elegante, pero es la mejor forma que tengo de contar lo que me ha calado de lo vivido ayer por la noche. Mañana más y con mejor estilo. Lo prometo
Ayer vi a una mujer enamorada de un hombre, no de mí precisamente, aclaro. Estaba radiante, lo que la hacía aún más bella de lo que la naturaleza generosa había previsto El, un tío bien parecido –decir guapo es de maricas- se hallaba aletargado, desmotivado o cansado, y no parecía responder en la medida que ella hubiera querido, pero la mujer no cejaba. Me llegó de refilón la luminosidad de su cara marinera y el fulgor de su corazón transparente. Es cursi decirlo así pero no se hacerlo mejor. ¡Que bonito es el amor! que decimos por esta tierra. Me despertó una corriente de simpatía, creo que correspondida, que contribuyó a endulzarme el rato.
El otro hombre, caballero andaluz, sensible, franco, y noble, de los que dan la mano con firmeza y sinceridad, constituía un leal apoyo, siempre disponible aunque no siempre haya sido tratado con reciprocidad.
La otra mujer, inteligente, de una gracia discreta y amable, de semblante sereno y dulce, puso el tono perfecto a una noche simpática. Lo mejor, que solo se vivió en el presente y, si acaso, se jugó a recrear algo del futuro inmediato. Todavía no se tiene edad de anclarse en el pasado.
El texto me sale bastante acaramelado,no soy Miguel Delibes, más quisiera tener una décima parte de su prosa llana y elegante, pero es la mejor forma que tengo de contar lo que me ha calado de lo vivido ayer por la noche. Mañana más y con mejor estilo. Lo prometo
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