sábado, 22 de noviembre de 2008

Amigos, sol y vuelta

Vuelvo, entro en el estudio, y una bofetada de olor a tabaco me para en seco. Ya han estado estos fumando e impregnándolo todo con esa pestilencia que tanto me recuerda al hedor de las habitaciones de los hospitales donde, dada la idiosincrasia de los pacientes y el mal pronóstico de sus historia clínicas, se les hacía la vista gorda. Puede que me esté volviendo un poco neurótico con este tema. Hasta ahora había convivido con personas fumadoras y lo había tolerado bien ¡lo que hacen los sentimientos!

El día, inmejorable en lo climatológico y muy completo en lo personal. A primera hora, después de despertarme cuando hacía rato que había salido el sol, cosa excepcional, recibo otra vez las atenciones de la familia. Luego, me doy un homenaje en forma tostada completa con salmorejo y jamón picado al estilo cordobés, seguida de zumo de naranja recien exprimido, que me predispone para lo que haga falta.

En la Jormada Profesional, todo el tiempo se va en acudir a las comunicaciones, las hay de todo tipo y calidad, y reestablecer relaciones. Acordamos con otra universidad hermana intercambiar docencial en mi materia. De momento sin convenio previo, no hace falta, y después puede que con las formaliades oportunas. Me encuentro con gente con experiencias similares a las mías, lo que se presta a la confidencia y a la comprensión. El almuerzo es de estilo bufet -no como apenas- en la terraza del hotel, con unas vistas preciosas hacia la sierra y la ciudad. Allí retomo el contacto con antiguos alumnos, hoy colegas, lo que me proporciona unos momentos que no tienen precio. Encuentro gente cordial, simpática, afectuosa, encantada de volver a verme -pero de verdad- con ganas de pasarlo bien en el más sano de los sentidos. Me preguntan insistentemente por la que falta y siento que no estuviera allí pues, dado su caracter y lo bueno que había sembrado, lo hubiera pasado de lo lindo. ¡Que pena por ambos!

De vuelta, disfruto de una compañía singular en el tren. Una joven madre -de belleza exótica e innegable procedencia oriental (india o pakistaní) pero de atuendo occidental, enseña a escribir las letras a un pequeñin de unos cinco años, dictándoselas en inglés. Consigen completar menos de la mitad del abecedario, mientras el padre se mantiene aparte, un poco a lo suyo. Fuera, el valle del Guadalquivir, con el tono cobrizo suave del atardecer, se quedaba detrás a doscientos veinte quilometros por hora. Tanta rapidez me recuerda otras precocidades que no sirven para nada.

Ahora quedo con mis fieles, que me convocan a la rutinaria y reconfortante ruta alcoholera y tapera por el centro. Me retraso un poco para terminar mis textos y beber algo menos.

En el momento de irme me doy cuenta de lo cansado que estoy. Mañana me espera otro día interesante, con buen tiempo y andanzas por la naturaleza, es lo previsto, por lo que me interesa acumular fuerzas. Además, últimamente leo poco. Mis fieles lo entiende perfectamente.

No hay comentarios: