Hay días tristes,
Y días que hace sol
Lo mismo pasa con nuestras cosas
Y más con el amor.
Creo que así empezaba una vieja canción de Karina, que se quedó grabada en nuestros recuerdos quinceañeros en blanco y negro. Ayer fue un día con un sol espléndido y hoy ha terminado gris maliciento y con nubarrones. Vuelvo abatido de una entrevista más que inconveniente, donde he recibido una sobredosis de hiel. Alguien me quiere quitar mi estúpida sonrisa de la boca, igual que el sargento instructor al recluta baboso en “Chaqueta metálica”.
Ahora toca acurrucarse en el catre, taparse la cabeza y quedarse a oscuras, como si quisiera regresar al vientre materno. Mañana, aunque más cansado tal vez, buscaré un camino y reemprenderé la marcha, esperando que se disipe pronto la niebla que apenas deja ver los pies. Mañana saldrá otra vez el sol, sol de otoño, preludio del invierno, sol afín de cuentas.
(...)
Un correito de última hora, sin pretensiones, casi de cortesía, me hace darle un giro al tono amargo de este texto. ¡Que gente más inda anda por ahí, tú! ¡Que luceros nos guían hasta el alba! Me parece que esta noche voy a estirar las piernas y a soñar despierto. ¡A tomar por saco la tristeza, joder, que son dos días!
Ahora toca acurrucarse en el catre, taparse la cabeza y quedarse a oscuras, como si quisiera regresar al vientre materno. Mañana, aunque más cansado tal vez, buscaré un camino y reemprenderé la marcha, esperando que se disipe pronto la niebla que apenas deja ver los pies. Mañana saldrá otra vez el sol, sol de otoño, preludio del invierno, sol afín de cuentas.
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Un correito de última hora, sin pretensiones, casi de cortesía, me hace darle un giro al tono amargo de este texto. ¡Que gente más inda anda por ahí, tú! ¡Que luceros nos guían hasta el alba! Me parece que esta noche voy a estirar las piernas y a soñar despierto. ¡A tomar por saco la tristeza, joder, que son dos días!
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