jueves, 6 de noviembre de 2008

La cosecha

Actitud positiva y organización es lo que hace falta! No termino de rentabilizar el tiempo, no. La mañana a primera hora fue bien, con la clase debatiendo a fondo cuando surgió la cuestión de las mujeres que maltratan a los hombres, que hay quien lo ve como los pájaros que disparan a las escopetas. La conclusión es que a los hombres les cuesta denunciar los hechos porque les humilla el asunto, pero que hay un montón de ellos acorralados por señoras con espíritu de sargento de artillería. Lo he sabido siempre: lo peor es el maltrato psicológico, cuando hagas lo que hagas, está mal para tu “señora”. Conste que no estoy personalizando.

El resto de la mañana, algo de trabajo en el despacho y salida en bicicleta a un gran almacén de artículos deportivos: un pantalón para salir al campo y unos zapatos todo terreno. Ambos bien de precio y con posibilidad de ser usados en distintas ocasiones, sobre todo el calzado, que me resulta cómodo. Subo a la RTVA a recoger un documental de un amigo para ver en prácticas, y vuelta. En el camino me paro en otros grandes almacenes y me tomo una ensalada de las que vienen casi preparadas y un café con un pastel de palmera riquísimo. Miro las lavadoras secadoras que están por las nubes, de momento seguiré frotando y frotando. Procuro no darme lástima.

Por la tarde, seminario, con un buen documental y una perorata motivando al personal para que haga sus deberes. Cuando vuelvo, después de descubrir nuevas posibilidades del Blogger, los alumnos leen sus ensayos. Nivel muy discreto, quizás pido demasiado. Luego, la discusión se va animando. Entre los asistentes, una persona me llama la atención por lo resuelta y aparentemente madura e inteligente que se muestra. Tiene edad para eso. La despedida es amable y a la vuelta trato de identificarla en la ficha informatizada. No viene por clase ni está en la lista: un misterio. Trataré de acordarme de su nombre. Casi con toda seguridad, no llevará a nada.

Me quedo con las ganas de tomarme una cervecita con alguien y en su defecto me la tomo solo –no cerveza sino zumo de piña- en el bareto de la esquina, que para darle cinco euros a un desconocido, se los doy a mi vecino. El hombre lo agradece en silencio porque la honra española impide manifestarlo.
Tengo que leer un rato, estoy abandonando la literatura. Menos mal que escucho buena radio y eso me mantiene a punto para la última ocurrencia: tener mi propio programa de radio. Pues lo tengo, si señor, aunque sea en una emisora chiquita. Ya crecerá, solo es cuestión de cuidarla, como en todo. Es lo bueno de ser campesino, cuando se siembra y se cuida la cosecha, se recogen sus frutos.

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