lunes, 17 de noviembre de 2008

Fados

Hoy también empiezo por el final en este día luminoso moteado de pinceladas oscuras. La última hora ha sido apoteósica. Me llega la información de que alguien viene a cantar fados a un tugurio del centro. Insinúo que me gustaría ir y me veo en el sitio, rodeado de un grupito de personas con las que tengo más afinidades que divergencias. Empieza la gala y ¡sorpresa! la artista es una sevillana que canta como los ángeles portugueses, con un dominio de la voz y una variedad de registros y de ritmos que entusiasma hasta a los menos iniciados. Al final, termino “con las carnes de gallina• En la pared un figura texto que más o menos decía: “Voy a llorar un millón de lágrimas con la esperanza de que el sol se las lleve para siempre”. ¡Que oportuna la frasecita! La vuelta, un paseo nocturno en bici con una de las personas más encantadoras que he conocido recientemente, si bien es verdad que me he encontrado más gente así en las últimas semanas que en toda mi vida, y eso que antes también las tenía. No toca ahora, ni en bastante tiempo, otra cosa y nos despedimos con un “buenas noches” al que solo le faltaba el “tenga usted”, al más puro estilo decimonónico.

La mañana empezó bien en clase: varios alumnos habían creado sus blogs, aunque aún no han escrito apenas en ellos. Parece que les hace ilusión. Les largo un breve discurso justificador de la importancia del ciberespacio en la profesión cuando les pregunto y me doy cuenta de que esta generación no vivió en los tiempos en que no existía internet, que fue “antes de ayer”. Son ellos los que pueden enseñarme a mí. Después se debate animadamente sobre un artículo que trata del consumo televisivo inapropiado de los niños.

Por la mañana, en la consulta, se evidencian los problemas propios de la coyuntura en que vivimos, y que afectan a todo el mundo. Por la tarde doy por terminado el curso de edición avanzada: ya tengo cierta idea de cómo funcionar y me interesa ahora ir por mi cuenta. A veces me he sentido tan perdido con este programa como hace muchos años, con las clases de matemáticas o de idiomas en la escuela de mi niñez. Después, un contacto telefónico con final decepcionante y preocupante vuelve a poner un tono amargo a la jornada.

Haciendo balance, ha merecido la pena, y mucho, haberlo vivido, a pesar los malos tragos que venían en el lote. Mañana, el programa es apretado. A ver como se ve después, que hasta el rabo, todo es toro.
(...)
Reflexionando después, en el insomnio de la madrugada, llego a la convicción de que todas estas nuevas vivencias son un pobre sustituto de mi metódica vida anterior, de trabajo programado, estancia con mi familia en el hogar -en el más entrañable sentido de la palabra- paseo rutinario con mi compañera -lleno de afecto- y vuelta a dormir, cálidamente. No dudaría en volver a esa situación si de mi dependiera, a pesar de las dificultades que conllevaba. No lo dudaría si tuviera la oportunidad. ¡Con el tiempo… nunca se sabe!

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