miércoles, 5 de noviembre de 2008

Enganchado

La cita de cada noche con el teclado, pasadas las doce, me lleva hoy a la noticia del día, esperada y celebrada. Obama, presidente electo. Se ha repetido hasta la saciedad que es un hecho histórico, increíble hace diez años, o solo cinco. Esto me recuerda a ascensos ilusionanttes como el de Lula en Brasil, que luego se quedaron en las serpentinas. Así que no esperen grandes cambios: ni puede ni quizás tampoco quiera.

En lo personal, me preocupa la dificultad para aceptar el nuevo panorama, fundamentalmente en el aspecto central de la cosa: la ruptura formal, y muy probablemente definitiva de la relación. Ello me duele más que los aspectos domésticos que se alteran, que no son nada desdeñables. Y la clave del problema es no llegar a la convicción profunda de que esa relación se ha terminado, en principio definitivamente. Me temo que, de conseguirlo, me llevará mucho tiempo. Ocurrirá cuando la realidad domeñe a las ilusiones.

La mañana ha sido medianamente productiva en labores y vivencias y a la tarde le he puesto interés a pesar de lo rutinario: un par de pacientes destacados han elevado el nivel de la interrelación.

Por la noche, la torpeza de un mensaje mío y la otra parte que entra al trapo. improvisan un encuentro La conversación, más unilateral que compartida, se desarrolla en un tono algo bronco y agrio, con momentos amables. Esta pretendida desintoxicación paulatina tiene más retrocesos que avances, pero la dependencia es lo que tiene, que sucumbes al consumo con cualquier pretexto y al poco de terminar, tienes más apetencia que antes. ¿Alguien conoce algún “Proyecto hombre” para esta droga?

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