¡¡Bueno, bueno!!, otro día casi terminado, aunque aún queda un ratito de lectura si el sueño me deja. Esta mañana ha tocado correr para cumplir con un compromiso –redactar un proyectito para una colaboradora- y preparar a marchas forzadas el programa de hoy. Un golpe de suerte y consigo pillar, justo a tiempo, a la especialista en problemas psicológicos, que se compromete a acudir en directo, y además llega a su hora. He ensayado un poco con mi colaboradora y a las doce en punto estábamos en antena, con un estilo y desenvoltura que ya se va acercando a lo profesional. Lo hemos hecho de manera desenfadada, transmitiendo los mensajes en tono distendido: disfrutamos mucho, incluyendo a la invitada, y el tiempo se nos pasa volando.
Además hoy la comida del menú estaba buena, lo cual es una novedad. ¡Que echo de menos las comidas de mi ex-casa! Pero este mediodía me han puesto un plato de alubias con una pizca de morcilla y un filetito de carne algo grasienta de segundo, todo regado con zumo de tomate gran reserva, y de postre excelente flan casero ¡Es que ni un marques, vamos! que dirían los burgueses humildes de la postguerra.
Luego en el curso, un poco despistado, pero espero amortizar la inversión. El programa de edición avanzada es interesante, aunque diferente a lo que me imaginaba, al menos hasta ahora. A última hora coincido, voy a su encuentro, con una persona muy allegada y compartimos unas breves tareas. Dentro de la dificultad, la relación está mejorando en los últimos tiempos. Recibo también un correo de otra persona muy afín, que desde el otro lado del Mare Nostrum me tranquiliza a medias. Por último, un ratito de charla telefónica con otra personita esencial para mi, que se muestra cariñosa como corresponde, pero que no era seguro que fuera a ser así.
Todos estos momentos han estado rodeados de una especie de bruma gris que se mete entre los costillares. Menos mal que voy conociendo los mecanismos que permiten torear, al natural, a los fieros y engañosos arraques de la tristeza. Y es que como ha dicho la especialista hoy, el duelo hay que pasarlo, que la gente ya no quiere sufrir por nada y eso, además de inconveniente, es imposible.
Luego en el curso, un poco despistado, pero espero amortizar la inversión. El programa de edición avanzada es interesante, aunque diferente a lo que me imaginaba, al menos hasta ahora. A última hora coincido, voy a su encuentro, con una persona muy allegada y compartimos unas breves tareas. Dentro de la dificultad, la relación está mejorando en los últimos tiempos. Recibo también un correo de otra persona muy afín, que desde el otro lado del Mare Nostrum me tranquiliza a medias. Por último, un ratito de charla telefónica con otra personita esencial para mi, que se muestra cariñosa como corresponde, pero que no era seguro que fuera a ser así.
Todos estos momentos han estado rodeados de una especie de bruma gris que se mete entre los costillares. Menos mal que voy conociendo los mecanismos que permiten torear, al natural, a los fieros y engañosos arraques de la tristeza. Y es que como ha dicho la especialista hoy, el duelo hay que pasarlo, que la gente ya no quiere sufrir por nada y eso, además de inconveniente, es imposible.
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