El viento helado corta la cara cuando pedaleas en su contra. Las agitadas ramas de los árboles te avisan de que una mole gélida e invisible se opone a tu avance, como si mil brazos de muertos resucitados de un glaciar te empujaran hacia atrás. Solo el acompasado brío de tus piernas mantiene el marcha de la bicicleta, algo más ziszasgueante que otras veces. La funcionaria es extraordinariamente amable, pero hace falta otro papel para obtener el que busco, una semana después del entregar el primero, junto a un impreso solicitándolo. Vuelvo con viento a favor pensando en la sorpresa de la báscula mañana. Piano, piano. Me tomaré un buen desayuno.
La clase es definitivamente levantisca. Con un tono contundente de sargento cuartelero, que procura no generar dudas, trato de establecer las reglas del juego, pero no las tengo todas conmigo. Los llevo a visitar fábricas y laboratorios dentro de una semana.
El almuerzo, casero, no está mal. Llevo dos días comiendo bien, con uno intermedio que me las apañé en el despacho.
La consulta tranquila pero bien. Los casos son sorprendentemente parecidos, es una constante que se repite con frecuencia. Unos días toca una cosa y otros otra.
Finalmente me hago de un pijama de invierno, acompañado de una bufanda. Es suave, mimoso, de un celeste relajante, y está lavado y planchado con cariño. Tiene tacto de mujer bonita, y olor a pecho materno. Es tarde ya, pero me prometo que mañana empezare a tomar decisiones serenas y firmes, a tomar las riendas. Sin pausas pero...
La clase es definitivamente levantisca. Con un tono contundente de sargento cuartelero, que procura no generar dudas, trato de establecer las reglas del juego, pero no las tengo todas conmigo. Los llevo a visitar fábricas y laboratorios dentro de una semana.
El almuerzo, casero, no está mal. Llevo dos días comiendo bien, con uno intermedio que me las apañé en el despacho.
La consulta tranquila pero bien. Los casos son sorprendentemente parecidos, es una constante que se repite con frecuencia. Unos días toca una cosa y otros otra.
Finalmente me hago de un pijama de invierno, acompañado de una bufanda. Es suave, mimoso, de un celeste relajante, y está lavado y planchado con cariño. Tiene tacto de mujer bonita, y olor a pecho materno. Es tarde ya, pero me prometo que mañana empezare a tomar decisiones serenas y firmes, a tomar las riendas. Sin pausas pero...
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