Me siento a media mañana delante del ordenador y cuando un rato después me levanto noto que me he quedado helado. Ha llegado de improviso una ola de frío que cambia la temperatura en poco tiempo. Resulta chocante que por la mañana hiciera mejor día que ahora. El frío nos acobarda, nos repliega en nosotros mismos como si quisiéramos salvaguardar todo el calorcillo que nuestros huesos y nuestros pellejos pudieran retener. El frío es un buen acicate para buscar la piel amiga con la que compartir templanzas y aplacar los temblores incontenibles de la soledad. El frío, compañero inevitable de la última hora, se atempera mejor junto a otros fríos. A veces el frío viene de dentro y no hay lanas ni franelas que lo mitiguen. Entonces solo sirve encender la modesta candela de la voluntad y del optimismo sereno. ¡Hace frío!
Amigos y gente muy allegada dan el calor que le falta a la atmósfera. El día se cierra bien, sin ser de los mejores, pero tampoco se puede vivir en un estado exultante toda la vida. Se pretende estar a gusto sin sonreír y vivir feliz sin aspavientos. La felicidad es sobre todo, ausencia de infelicidad. ¡Sean felices!
Amigos y gente muy allegada dan el calor que le falta a la atmósfera. El día se cierra bien, sin ser de los mejores, pero tampoco se puede vivir en un estado exultante toda la vida. Se pretende estar a gusto sin sonreír y vivir feliz sin aspavientos. La felicidad es sobre todo, ausencia de infelicidad. ¡Sean felices!
No hay comentarios:
Publicar un comentario