viernes, 7 de noviembre de 2008

Chamusquina

Un grupo importante de alumnos empieza a funcionar. No todos desde luego, pero el panorama promete algo más. Son especialmente productivas las clases de diseño de calzado y material para uso clínico. La gente participa y a veces cuesta ordenar el turno de intervenciones, dado que todo el mundo quiere hablar a la vez. Estamos preparando un breve viaje de estudios para ver las fabricas de calzado y otros actos.
A medio día me invita a comer una persona muy allegada. Me introduce en el mundo de las ciberrelaciones en el que entro con paso tembloroso y pidiendo perdón. Ya aprenderé. Aunque abre un montón de posibilidades, hay que procurar no olvidar a los personajes reales, la relación directa, el contacto físico, aunque sea el visual, o esencialmente púdico. Lo mejor es intentar combinar ambas modalidades en la misma persona. Conocerse a través de internet y establecer después relación directa. De momento, solo me interesa la amistad, por lo que pienso incluir gente de ambos sexos.
Por la tarde, que se hace cortísima, me pongo al ordenador para empezar los contactos. Como cualquier comienzo, me resulta difícil arrancar, es lo que se espera. Poco después llega otra persona allegada y tenemos un ratito de charla muy agradable y sustanciosa. Por la noche acudo a una cita con una buena persona. Un rato de buena conversación, algunas risas y una actitud de respeto mutuo dan un tono perfecto al encuentro. Me despido creo que en el momento justo para no ser pesado y me vengo tan a gusto para casa. Las relaciones humanas deben madurar a fuego lento, para que no queden quemadas por fuera y crudas por dentro cosa que ocurre literalmente con los apretones de las amistades fulgurantes. Cómo los churrascos mal hechos, la cosa queda para tirarla.

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