domingo, 16 de noviembre de 2008

Dieciocho km de sierra cuesta arriba

Otro día largo pero aceptablemente bien aprovechado. Empezó trabajando en la consulta, donde se dieron algunos ratitos de charla interesante con varios pacientes. Uno de ellos, situado en un puesto clave de la banca, me comenta detalles de lo que empiezan a sufrir las PYME.

A mediodía, comida agradable con personas cercanísimas. Por la tarde, trasteando con el nuevo programa de edición. Por la noche, salida simpática con los fieles, a lo que se unen hoy aires frescos de Huelva. De regreso, rendido y con sueño, me limito a saludar al personal y a disponerme a dormir. Mi radio y yo estamos cansados. No tengo perrito que se acueste en mi cama, pero si radio que me susurra al oído toda la noche.

Domingo a la vuelta de la salida de senderismo:

Ha sido un día intenso tanto en lo físico, 18 km de subida de sierra, como en lo personal: no he parado de hablar con la gente de la excursión. Me he encontrado de todo. Una profesora del Instituto de mi hija, otra del Dto. de Pedagogía de la Universidad con la que comparto amigos comunes, gente de distintas procedencias de perfiles dispares, pero con una cosa en común, el amor por la naturaleza, la cultura, la vida sana y los momentos agradables, sin complicaciones. Una de las senderistas, convaleciente de una intervención, tiene dificultades para avanzar con peso y cargo con su mochila. Me introduce en un grupo majísimo que me acoge como a uno más y me invitan a sus actividades culturales y afines. Los monitores, estupendos. Lo bueno, que no hay tensión en absoluto. Cada uno es como es y se relaciona con quien quiere, pero nadie es desagradable ni despreciativo. No es fácil encontrar esta atmósfera como esta.

Cuando llego, después de una breve visita al comedor de noche, el bareto de marras, pongo un CD de Canto Gregoriano que me ayuda a sosegarme tras el subidón de endorfinas, y me siento ante el teclado. Mis vecinas invisibles, las del piso de estudiantes de al lado, denuncias su presencia con un portazo. La que duerme junto a mí, con 7 cm de pared por medio, no parece estar hoy con su noviete, por lo que dormiré mejor, que siempre andan poniéndome los dientes largos.

Mando un correo, demasiado largo y más imprudente aún, haciendo peligrar una prometedora amistad, y me dispongo a castigar a mi pobre sofá cama. Seguramente me dormiré antes de que suene el “Exultemus et laetemur”, de la Shola Gregoriana Hispana. Director F. Javier Lara. Editado por Alfa Delta.

1 comentario:

mentapoleo-escenarios dijo...

Me alegro de que todo te vaya tan bien. Te lo digo sinceramente, a mí me da un respiro, a la vez que tu te sientes mejor yo voy sintiendome menos culpable. Solo es cuestión de tiempo. Al final encontrarás a una persona que te siga y te valore, yo no supe o tal vez, no quise. Adelante.