miércoles, 26 de noviembre de 2008

Sin pausa

El viento helado corta la cara cuando pedaleas en su contra. Las agitadas ramas de los árboles te avisan de que una mole gélida e invisible se opone a tu avance, como si mil brazos de muertos resucitados de un glaciar te empujaran hacia atrás. Solo el acompasado brío de tus piernas mantiene el marcha de la bicicleta, algo más ziszasgueante que otras veces. La funcionaria es extraordinariamente amable, pero hace falta otro papel para obtener el que busco, una semana después del entregar el primero, junto a un impreso solicitándolo. Vuelvo con viento a favor pensando en la sorpresa de la báscula mañana. Piano, piano. Me tomaré un buen desayuno.

La clase es definitivamente levantisca. Con un tono contundente de sargento cuartelero, que procura no generar dudas, trato de establecer las reglas del juego, pero no las tengo todas conmigo. Los llevo a visitar fábricas y laboratorios dentro de una semana.
El almuerzo, casero, no está mal. Llevo dos días comiendo bien, con uno intermedio que me las apañé en el despacho.
La consulta tranquila pero bien. Los casos son sorprendentemente parecidos, es una constante que se repite con frecuencia. Unos días toca una cosa y otros otra.
Finalmente me hago de un pijama de invierno, acompañado de una bufanda. Es suave, mimoso, de un celeste relajante, y está lavado y planchado con cariño. Tiene tacto de mujer bonita, y olor a pecho materno. Es tarde ya, pero me prometo que mañana empezare a tomar decisiones serenas y firmes, a tomar las riendas. Sin pausas pero...

martes, 25 de noviembre de 2008

Prisas y agobios

A primera hora toca algo de burocrácia, felizmente rápida y barata. En realidad solo es un escalón, esperemos que las escalera no sea muy larga y costosa. Después gestiono la participación de un experto en el programa de radio (Radiopolis Sevilla, 98.4 FM, los martes a las 12 horas) y cuando creo que lo tengo conseguido ¡zas! permiso oficial, contacto con resoponsables, enviar un informe, etc, etc.. Otro golpe de suerte y gente que tiene voluntad y, en el momento justo aparece en antena la experta, persona cordial y buena comunicadora que sintoniza con el locutor, no solo con la emisora. Un primer ratito agradable. La segunda media hora se salva con la participación de gente de la Universidad, además de los comentarios propios. Total, un resultado aceptable y, sobre todo, un estar tranquilo que permite divertirnos.

A medio día y por la tarde contactos telefónicos más agrios que dulces, más decepcionantes que ilusionantes, pero ahora no puede ser de otra manera. Es el momento de saber esperar, una de las artes más provechosas, pero a la vez más difíciles que puedan existir. Después, la letrada me hace ver, subliminarmente, los graves inconvenientes de los divorcios. Yo estudié el primer curso de Derecho, hace ni me acuerdo, pero debí terminar la carrera y dedicarme a esto.

A última hora me consuelo con unas buenas películas de segunda mano, a precio simbólico. Trato de negociar, de cachondeo, su visionado a cambio de una tortilla de patatas pero mi cliente no se presta. Esta justificado, así que veré las pelis solo y continuaré con mi dieta nocturna a base de picadillo de verduras a la que se añade pescado en conserva: atún o melva. Una cena magnífica y equilibrada para no enfadar a la báscula ¡oiga! ¿Ustedes gustan???

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ola de frío

Me siento a media mañana delante del ordenador y cuando un rato después me levanto noto que me he quedado helado. Ha llegado de improviso una ola de frío que cambia la temperatura en poco tiempo. Resulta chocante que por la mañana hiciera mejor día que ahora. El frío nos acobarda, nos repliega en nosotros mismos como si quisiéramos salvaguardar todo el calorcillo que nuestros huesos y nuestros pellejos pudieran retener. El frío es un buen acicate para buscar la piel amiga con la que compartir templanzas y aplacar los temblores incontenibles de la soledad. El frío, compañero inevitable de la última hora, se atempera mejor junto a otros fríos. A veces el frío viene de dentro y no hay lanas ni franelas que lo mitiguen. Entonces solo sirve encender la modesta candela de la voluntad y del optimismo sereno. ¡Hace frío!

Amigos y gente muy allegada dan el calor que le falta a la atmósfera. El día se cierra bien, sin ser de los mejores, pero tampoco se puede vivir en un estado exultante toda la vida. Se pretende estar a gusto sin sonreír y vivir feliz sin aspavientos. La felicidad es sobre todo, ausencia de infelicidad. ¡Sean felices!

domingo, 23 de noviembre de 2008

Cuerda floja.

Lo peor de ayer fue la tremenda, para mi, bajada después de una serie de subidas y descensos por los vericuetos forestales de la sierra norte de Huelva, rayando ya con la provincia de Badajoz. Tengo la impresión de que estas jornadas son como esas canciones que sabes que te gustan mucho pero que necesitas escucharlas más veces para disfrutarlas. Nunca había vivido yo una inmersión tan profunda en nuestra naturaleza, que se ha visto potenciada por un marco favorecedor: la ruta bien planificada, el día calido y el ambiente humano acogedor. Hemos pasado entre una fauna domestica variada, burros, ovejas, cabras, caballos, asentada sobre un habitat natural compuesto por dehesas, montes, prados y, lo más curioso, riveras compartimentadas en huertos abandonados donde podías coger algunas granadas y naranjas que ningún campesino se molestaba en recolectar. Puede que con la situación que se vive, estos espacios vuelvan a hacerse productivos por necesidad.

Por la noche, un largo rato de conversación en torno a unas cervezas y un picadillo, repasando hechos, pensamientos y emocionmes de los últimos tiempos. Antes y después, un largo paseo por las calles semidesiertas de la ciudad, haciendo lo mismo: hablar y escuchar. Reconfortante y reparador.

Empieza una semana que hay que afrontar con una gran calma mental, con el control de las emociones, del estado de ánimo. El mismo que han de tiener los funanbulistas cuando a la mitad del recorrido, a treinta metros del suelo, la suave brisa se convierte en viento recheado y la cuerda se afloja.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Amigos, sol y vuelta

Vuelvo, entro en el estudio, y una bofetada de olor a tabaco me para en seco. Ya han estado estos fumando e impregnándolo todo con esa pestilencia que tanto me recuerda al hedor de las habitaciones de los hospitales donde, dada la idiosincrasia de los pacientes y el mal pronóstico de sus historia clínicas, se les hacía la vista gorda. Puede que me esté volviendo un poco neurótico con este tema. Hasta ahora había convivido con personas fumadoras y lo había tolerado bien ¡lo que hacen los sentimientos!

El día, inmejorable en lo climatológico y muy completo en lo personal. A primera hora, después de despertarme cuando hacía rato que había salido el sol, cosa excepcional, recibo otra vez las atenciones de la familia. Luego, me doy un homenaje en forma tostada completa con salmorejo y jamón picado al estilo cordobés, seguida de zumo de naranja recien exprimido, que me predispone para lo que haga falta.

En la Jormada Profesional, todo el tiempo se va en acudir a las comunicaciones, las hay de todo tipo y calidad, y reestablecer relaciones. Acordamos con otra universidad hermana intercambiar docencial en mi materia. De momento sin convenio previo, no hace falta, y después puede que con las formaliades oportunas. Me encuentro con gente con experiencias similares a las mías, lo que se presta a la confidencia y a la comprensión. El almuerzo es de estilo bufet -no como apenas- en la terraza del hotel, con unas vistas preciosas hacia la sierra y la ciudad. Allí retomo el contacto con antiguos alumnos, hoy colegas, lo que me proporciona unos momentos que no tienen precio. Encuentro gente cordial, simpática, afectuosa, encantada de volver a verme -pero de verdad- con ganas de pasarlo bien en el más sano de los sentidos. Me preguntan insistentemente por la que falta y siento que no estuviera allí pues, dado su caracter y lo bueno que había sembrado, lo hubiera pasado de lo lindo. ¡Que pena por ambos!

De vuelta, disfruto de una compañía singular en el tren. Una joven madre -de belleza exótica e innegable procedencia oriental (india o pakistaní) pero de atuendo occidental, enseña a escribir las letras a un pequeñin de unos cinco años, dictándoselas en inglés. Consigen completar menos de la mitad del abecedario, mientras el padre se mantiene aparte, un poco a lo suyo. Fuera, el valle del Guadalquivir, con el tono cobrizo suave del atardecer, se quedaba detrás a doscientos veinte quilometros por hora. Tanta rapidez me recuerda otras precocidades que no sirven para nada.

Ahora quedo con mis fieles, que me convocan a la rutinaria y reconfortante ruta alcoholera y tapera por el centro. Me retraso un poco para terminar mis textos y beber algo menos.

En el momento de irme me doy cuenta de lo cansado que estoy. Mañana me espera otro día interesante, con buen tiempo y andanzas por la naturaleza, es lo previsto, por lo que me interesa acumular fuerzas. Además, últimamente leo poco. Mis fieles lo entiende perfectamente.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Córdoba moruna

El epicentro del día ha sido la ponencia -más bien "comunicación", que presento en las jornadas profesionales de la Comunidad Autónoma. Me sorprende la juventud de los demás ponentes, que me hace aparecer totalmente senior, a pesar de que los castizos que hacen tiempo que no me ven me dicen que "estoy más nuevo". ¡Lo que hacen unos quilos menos! El tema es atractivo y aunque he aprovechado parte del material del congreso anual, es bien acogido por los congresistas. Saludo a los antiguos alumnos y colegas, que en su mayoría se dirigen a mí con afecto, y los veo muy adultos. Han perdido la cara de inociencia con que los recordaba cinco o diez años atrás y se les ve más seguros, sabiendo lo que quieren. Me pregunto que habré ganado y perdido yo en este tiempo.

Por la mañana, visita al Centro para resolver algo y luego al Registro de la Propiedad buscando documentos para los abogados. Luego termino de preparar la presentación que, como siempre, queda muy mejorable, lo que es suplido por las tablas en este oficio. Pero no es lo suyo.

A última hora, encuentro familiar con los de aquí, que me invitan a cenar fuera y me tratan con todo tipo de atenciones. Los retoños son excepcionales, especialmente la segunda, que empieza a tocar la flauta travesera en el conservatorio.

Es hora de retirarse a descansar en la cama que le he usurpado a la mayor. Espero que no me guarde rencor.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Adelante, siempre adelante.

Perseverancia, paciencia, confianza, lemas universales que no pierden vigor. Los alumnos de primero van entrando por el aro. La mayoría han montado sus blog y cada día traen más artículos de opinión comentados. En algunos casos tienen verdaderos problemas para explicar lo que quieren decir, y no es que su pensamiento sea muy complejo precisamente, pero en otros, el discurso sale fluido, coherente y reflexivo. La cosa marcha.
A media mañana, la alumna bailadora de flamenco se deja grabar en acción para estudiar su biomecánica. Solo la veo en parte por el visor de la cámara, pero los momentos que retiro el ojo de la mirilla contemplo los más bonito que he visto últimamente. Junto a unos alumnos que se incorporan al espectáculo, no puedo reprimir un ¡¡OLE!! y un fuerte aplauso al terminar. Que movimientos, que gracia, que arte. Esta chica va a llegar a donde quiera en el baile.
Improviso un almuerzo en el despacho a base de empanada gallega, zumo y flan, mientras preparo la clase especial del Máster de Cirugía. Su director me pide una intensa inmersión en Biomecánica. En menos de dos horas de charla y conversación, trato de cambiarles algunos esquemas. Al final aplauden, cosa que confunde mucho a los narcisistas tímidos como yo.
Al regreso, compra de alguna prenda, prueba en el probador y paseo como en los viejos tiempos. Pero es un espejismo, no debo dejarme engañar. El encuentro es solo circunstancial y no cambia nada. Hablamos de trámites y abogados con una actitud respetuosa.
Me espera en la consulta una pareja de muy antiguos amigos, encantadores. Un rato de charla agradabilísima mientras la trato a ella. Comentan que me van a hacer un regalo muy especial. Cuando me dicen que es, estoy de acuerdo, especial sí es.
Un paseo acompañando a una persona cercanísima resulta muy provechoso y termina bien. Aclaro cosas e infundo ánimos.
En mi rincón, me llega un correo desde lejanas tierras que me alegra mucho. Van a viajar por una zona turística del lugar, esperemos que lo hagan sin novedad. Es una persona increíble.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

¡Crisis, crisis, no hay crisis!

La palabra crisis preside las conversaciones por donde quiera que paso. La gente, poco a poco, se va asustando. Es cierto que un sector importante de la población ha visto modificadas, para peor, sus condiciones de vida, pero otros muchos se están beneficiando de la crisis. Todos los que tienen ahorros acumulados o perciben ingresos estables han ganado capacidad adquisitiva porque no se está produciendo inflación. En nuestro sistema de libre mercado –capitalista a secas- la resección asociada a la inflación, la llamada “tormenta perfecta” es temible. Muchos precios empezarán a bajar y los fabricantes de casi todo comenzarán a lanzar ofertas para hacer caja (vivienda, coches, viajes, ropa, etc). Sin embargo, la gente se retrae en el gasto con lo cual la circulación económica –la sangre que alimenta el organismo socioeconómico- se enlentece. En el blog de Francisco Garrido leo “En economía funciona el famoso teorema de Thomas que dice que las consecuencias de un enunciado, independiente de su valor de verdad, son verdaderas”.

http://diputadodelosverdes.blogspot.com/

O sea que cuanto más hablemos de la crisis más la provocamos. La famosa profecía autocumplida. Yo mientras pueda me tomaré mi tapita, aunque ahora dejo menos propina, que soy del grupo de los afectados.

Por la mañana, búsqueda de un documento que me pide la abogada. ¡¡Terrible, terrible, terrible la burocracia!! Es de las pocas cosas que me sacan de quicio. Mañana iré a ver si me proporcionan una copia, no se muy bien donde. ¡Vaya asco de tiempo perdido!

Luego clase teórica, que el último día estaban los alumnos imposibles en el debate. En un momento me pongo muy enérgico en cuanto al orden en la clase, Me doy cuenta que son solo dos los que incordian y pido disculpas por el tono. Ya hablaré con los susodichos.

Por la tarde en la consulta, un poco taciturno. No he ejercido como debiera. Después la tapita y a mi rincón, que lo aprovecho poco. El abuelo parece estar bien por teléfono. Tampoco lo disfruto mucho. Este fin de semana ya lo he planificado y no tengo hueco para verlo. A ver como lo organizo. Mi pequeña suena como los ángeles, espero verla mañana.

Mañana empiezo con Factores Socioambientales de la Salud. El último día se debatió poco y eso no interesa porque hay que sacarlos de aletargamiento con que vienen del Bachillerato. A pesar de ser la élite de los estudiantes, su capacidad analítica y crítica es “cortita con leche”. ¿De quién será la culpa? ¿Qué cantidad de cambio podré ejercer sobre ellos? ¿Cuánto cielo me habré ganado? El cielo está en los recuerdos que conserven de ti y en el grado de superación que lograron por ti los que te rodearon. Eso es todo.

martes, 18 de noviembre de 2008

AUTOAYUDA

Escucho un programa de autoayuda y miro la emisora. Un tal D. Bernabé, psicólogo, psicopedagogo y algo más, habla desde Radio Nacional de España tratando de irradiar optimismo. El que sea la radio pública sugiere el interés del gobierno para que la gente supere el pesimismo provocado por la crisis y el desempleo. Lo que dice es obvio, pero aplicable a casi todas las esferas de la vida. Yo lo vengo haciendo a mi manera, con fórmulas parecidas: inteligencia, actitud positiva, aceptación de lo inevitable, interés por lo cercano, por lo inmediato…

Mi programa de radio en Radiópolis 98.4 ha funcionado a pesar de que ha faltado el experto. Resulta difícil en esa hora, pues los especialistas están trabajando. Los alumnos dan la talla y hablan con desenfado pero con prudencia, en el tono justo, de las prácticas de sexo que conllevan riesgo. Queda bien.
A última hora, una visita rápida pero útil a alguien que necesita contar los desatinos que están cometiendo los responsables de su empresa. Cada vez me resulta más evidente que muchos ineptos ambiciosos están situados en altas esferas de poder. A veces echan por tierra el trabajo de los demás, ocupados en sus luchas intestinas y en destrozar como tiburones a quien se les oponen.
Hace unos minutos he recibido una llamada que termina con una actitud aceptable, lo cual es un logro en comparación con otras veces. Termino el día luchando contra el sueño para subir este texto.
(...)

La tapita de última hora me proporciona un rato de tertulia inesperado. En este caso con gente del mundo del arte y la creación, La conversación relajada e inteligente sigue siendo un placer tan gratificante como poco apreciado. Da igual quien sea el interlocutor o interlocutores si hay buena comunicación. Para la comunicación no importa la crisis, quizas incluso la estimule. No hay mal...

lunes, 17 de noviembre de 2008

Fados

Hoy también empiezo por el final en este día luminoso moteado de pinceladas oscuras. La última hora ha sido apoteósica. Me llega la información de que alguien viene a cantar fados a un tugurio del centro. Insinúo que me gustaría ir y me veo en el sitio, rodeado de un grupito de personas con las que tengo más afinidades que divergencias. Empieza la gala y ¡sorpresa! la artista es una sevillana que canta como los ángeles portugueses, con un dominio de la voz y una variedad de registros y de ritmos que entusiasma hasta a los menos iniciados. Al final, termino “con las carnes de gallina• En la pared un figura texto que más o menos decía: “Voy a llorar un millón de lágrimas con la esperanza de que el sol se las lleve para siempre”. ¡Que oportuna la frasecita! La vuelta, un paseo nocturno en bici con una de las personas más encantadoras que he conocido recientemente, si bien es verdad que me he encontrado más gente así en las últimas semanas que en toda mi vida, y eso que antes también las tenía. No toca ahora, ni en bastante tiempo, otra cosa y nos despedimos con un “buenas noches” al que solo le faltaba el “tenga usted”, al más puro estilo decimonónico.

La mañana empezó bien en clase: varios alumnos habían creado sus blogs, aunque aún no han escrito apenas en ellos. Parece que les hace ilusión. Les largo un breve discurso justificador de la importancia del ciberespacio en la profesión cuando les pregunto y me doy cuenta de que esta generación no vivió en los tiempos en que no existía internet, que fue “antes de ayer”. Son ellos los que pueden enseñarme a mí. Después se debate animadamente sobre un artículo que trata del consumo televisivo inapropiado de los niños.

Por la mañana, en la consulta, se evidencian los problemas propios de la coyuntura en que vivimos, y que afectan a todo el mundo. Por la tarde doy por terminado el curso de edición avanzada: ya tengo cierta idea de cómo funcionar y me interesa ahora ir por mi cuenta. A veces me he sentido tan perdido con este programa como hace muchos años, con las clases de matemáticas o de idiomas en la escuela de mi niñez. Después, un contacto telefónico con final decepcionante y preocupante vuelve a poner un tono amargo a la jornada.

Haciendo balance, ha merecido la pena, y mucho, haberlo vivido, a pesar los malos tragos que venían en el lote. Mañana, el programa es apretado. A ver como se ve después, que hasta el rabo, todo es toro.
(...)
Reflexionando después, en el insomnio de la madrugada, llego a la convicción de que todas estas nuevas vivencias son un pobre sustituto de mi metódica vida anterior, de trabajo programado, estancia con mi familia en el hogar -en el más entrañable sentido de la palabra- paseo rutinario con mi compañera -lleno de afecto- y vuelta a dormir, cálidamente. No dudaría en volver a esa situación si de mi dependiera, a pesar de las dificultades que conllevaba. No lo dudaría si tuviera la oportunidad. ¡Con el tiempo… nunca se sabe!

domingo, 16 de noviembre de 2008

Dieciocho km de sierra cuesta arriba

Otro día largo pero aceptablemente bien aprovechado. Empezó trabajando en la consulta, donde se dieron algunos ratitos de charla interesante con varios pacientes. Uno de ellos, situado en un puesto clave de la banca, me comenta detalles de lo que empiezan a sufrir las PYME.

A mediodía, comida agradable con personas cercanísimas. Por la tarde, trasteando con el nuevo programa de edición. Por la noche, salida simpática con los fieles, a lo que se unen hoy aires frescos de Huelva. De regreso, rendido y con sueño, me limito a saludar al personal y a disponerme a dormir. Mi radio y yo estamos cansados. No tengo perrito que se acueste en mi cama, pero si radio que me susurra al oído toda la noche.

Domingo a la vuelta de la salida de senderismo:

Ha sido un día intenso tanto en lo físico, 18 km de subida de sierra, como en lo personal: no he parado de hablar con la gente de la excursión. Me he encontrado de todo. Una profesora del Instituto de mi hija, otra del Dto. de Pedagogía de la Universidad con la que comparto amigos comunes, gente de distintas procedencias de perfiles dispares, pero con una cosa en común, el amor por la naturaleza, la cultura, la vida sana y los momentos agradables, sin complicaciones. Una de las senderistas, convaleciente de una intervención, tiene dificultades para avanzar con peso y cargo con su mochila. Me introduce en un grupo majísimo que me acoge como a uno más y me invitan a sus actividades culturales y afines. Los monitores, estupendos. Lo bueno, que no hay tensión en absoluto. Cada uno es como es y se relaciona con quien quiere, pero nadie es desagradable ni despreciativo. No es fácil encontrar esta atmósfera como esta.

Cuando llego, después de una breve visita al comedor de noche, el bareto de marras, pongo un CD de Canto Gregoriano que me ayuda a sosegarme tras el subidón de endorfinas, y me siento ante el teclado. Mis vecinas invisibles, las del piso de estudiantes de al lado, denuncias su presencia con un portazo. La que duerme junto a mí, con 7 cm de pared por medio, no parece estar hoy con su noviete, por lo que dormiré mejor, que siempre andan poniéndome los dientes largos.

Mando un correo, demasiado largo y más imprudente aún, haciendo peligrar una prometedora amistad, y me dispongo a castigar a mi pobre sofá cama. Seguramente me dormiré antes de que suene el “Exultemus et laetemur”, de la Shola Gregoriana Hispana. Director F. Javier Lara. Editado por Alfa Delta.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Momento mágico

Empecemos por el final. La noche prometía tranquilidad y descanso en mi cúbiculo. La compañía de los últimos viernes optó por otro plan y aún así tuvo la elegancia de llamar para ver que tal estaba. Donde hay clase y humanidad, no faltan detalles. Lo agradecí de verdad y comprendí, solo faltaría, la varianza. Me voy al bareto que desde tiempos inmemoriables ha estado siempre ahí y hago una excepción pidiendo una cerveza con alcohol, con la consabida tapita de aliño y un montaíto –ríquisimo- luego. Apenas un cliente sostenía la barra mientras en el último rincón una pareja enigmática susurraba para sus adentros. Una mujer alta y guapa, con acento castellano, se toma una cerveza y el camarero la piropea con la naturalidad con la que los grandes toreros dan un pase de pecho sin mover los pies. Ella se marcha, con una sonrisa en la boca. El dueño trajinaba en la cocina y yo apuro el botellín mientras le echó el ojo a un brik de mosto y recuerdo que es viernes. El chico, de aspecto bohemio y hombros desmesurados, atrae la atención del camarero y empieza el diálogo poco antes de que aparezca una guitarra. Soy algo viejo en el asunto y me digo: aquí se está fraguando un momento mágico. Y me acerco con descaro diciendo: ¿va a ver un momento mágico? La compañera del improvisado guitarrista se une y habla de su incursión en el flamenco y de los lazos familiares que le unen a ese arte. Empieza el espectáculo: sones, cantes, quejíos, palmas , vinos, cervecita, y un jovenzuelo medio cani que se apropia de la guitarra y empieza a sacarle sonidos vigorosos y frescos, ¡juventud, juventud, divino tesoro!. Ella canta con la dulce fuerza de una mujer bonita, él toca la guitarra con voluntad y acierto, el niño la rasga con desparpajo y energía y el dueño, canta y toca con oficio. El que observa solo admira y envida sanamente, sin atreverse a tocar una sola palma por temor a desentonar y romper el hechizo. Efectivamente, ha sido un momento mágico. No saben sus autores cuanta falta hacía.

El día empezó bien, con una sesión clínica preparatoria muy sustanciosa, donde un nuevo grupo empieza el turno de prácticas. Presiento que estos alumnos van a funcionar bien. Después se me ocurre probar óomo funciona la institución desde el punto de vista del paciente y me hago una historia clínica. Le advierto al compañero que no diga nada a los alumnos del master y me dejo revisar y estudiar por dos chicas italianas y un catalán que no me conocían. No lo hicieron del todo mal, pero se olvidaron de que estaban con una persona y no con un pie enfermo. Al final les hice una revisión de los aspectos a mejorar y aprendí a sentir lo que sienten los pacientes. A medio día, una sesión difícil con unos alumnos que querían irse a casa.
El curso de edición de por la tarde, solo regular. Me he equivocado al meterme aquí.

Lo mejor el final y es que, cuando menos te lo esperas, salta la liebre de lo genuino, lo original, lo autentico, lo contrario a lo vulgar. No me importa lo vulgar, tiene su encanto, siempre que no sea pretensioso. En el caso anterior, estos chicos no parecían ni lo uno ni lo otro. Soy un tío con suerte. Hasta en los momentos malos de la vida lo paso bien. Eso, señores, se aprende ejerciendo el vivir con optimismo, conformidad e imaginación.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Buenas noches

Pienso en la nueva andadura. Trato de ver a la hasta ahora media naranja viviendo su vida por libre (con lo ingenuo y decepcionante que es el termino” libertad”) y usando de su libertad, también para equivocarse. Trato de pensar que cada uno tiene derecho a probarse en un camino en solitario, aunque no pueda evitar que los demás le tiendan una red invisible de seguridad, o tengan siempre dispuestos unos brazos para levantar y recomponer los fragmentos de un alma rota. ¿Transcurrirán los caminos paralelos, divergerán, convergerán hasta volver a juntarse, chocarán, se cruzarán para volverse a separar…? Habrá que tratar de mirar solo adelante, ni atrás ni a los lados. Es como esos viajes donde estás mareado y tratas de fijar tu vista en el horizonte, porque si la desvías, vomitas con seguridad.

En la clase de Factores de hoy se me ha ocurrido pedirla los alumnos que creen su propio blog dedicado a la asignatura. Parece una excentricidad, pero es un medio magnífico de que se familiaricen con las tecnologías aplicadas a la promoción de la salud y a la prevención de la enfermedad. A algunos les parecerá una imbecilidad, pero a otros les hará ilusión: a ver lo que ocurre.

Por la tarde, en el curso he estado despistado. Esto está pensado par los que están mas sueltos en la informática. Me ha cogido mayor.
A última hora, tapeo con dos personas muy allegadas y lectura de correo de otro ser querido. Me vuelve a coger cansado, por lo que me acuesto.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Tengo sueño.

No se lo que harán la mayor parte de mis amigos a esta hora, pero a mí me apetece estar recogido. En este momento deben estar abiertos muchos bares y restaurantes, bastantes salas de cine, alguna obra de teatro, exposición o conferencia a los que acudir. Pero he estado todo el día fuera y apetece refugiarse en el rincón. Miro alrededor y observo que nada tiene que ver con mi pulcra y detallista casa anterior, donde raramente se veían una mota de polvo y cada figurita estaba en el sitio de la balda adecuado. Echo de menos aquel orden impregnado de desvelo y quehacer diario, pero eso de momento quedó atrás. El espacio actual es parco, más bien cutre, pero ofrece posibilidades de dignificarlo, de que de el pego. Todo es cuestión de darle un aire algo bohemio y descuidado que justifique el desorden y la modestia. Cuando se resuelva todo, veré las posibilidades de hacerlo más habitable.

Hoy ha habido de todo: Junta de Centro para aprobar los planes de estudios de las carreras que se imparten, clase de diseño, comida nutritiva y postre dulce, mi pequeño pecado de casi todos los días. En el curso estoy un poco atrancado, que está pensado para los jóvenes de la era digital y pillan las cosas al vuelo. Mañana me animaré más, ahora estoy que me caigo de sueño. Buenas noches, y sean felices.

martes, 11 de noviembre de 2008

Inconveniente e imposible

¡¡Bueno, bueno!!, otro día casi terminado, aunque aún queda un ratito de lectura si el sueño me deja. Esta mañana ha tocado correr para cumplir con un compromiso –redactar un proyectito para una colaboradora- y preparar a marchas forzadas el programa de hoy. Un golpe de suerte y consigo pillar, justo a tiempo, a la especialista en problemas psicológicos, que se compromete a acudir en directo, y además llega a su hora. He ensayado un poco con mi colaboradora y a las doce en punto estábamos en antena, con un estilo y desenvoltura que ya se va acercando a lo profesional. Lo hemos hecho de manera desenfadada, transmitiendo los mensajes en tono distendido: disfrutamos mucho, incluyendo a la invitada, y el tiempo se nos pasa volando.

Además hoy la comida del menú estaba buena, lo cual es una novedad. ¡Que echo de menos las comidas de mi ex-casa! Pero este mediodía me han puesto un plato de alubias con una pizca de morcilla y un filetito de carne algo grasienta de segundo, todo regado con zumo de tomate gran reserva, y de postre excelente flan casero ¡Es que ni un marques, vamos! que dirían los burgueses humildes de la postguerra.

Luego en el curso, un poco despistado, pero espero amortizar la inversión. El programa de edición avanzada es interesante, aunque diferente a lo que me imaginaba, al menos hasta ahora. A última hora coincido, voy a su encuentro, con una persona muy allegada y compartimos unas breves tareas. Dentro de la dificultad, la relación está mejorando en los últimos tiempos. Recibo también un correo de otra persona muy afín, que desde el otro lado del Mare Nostrum me tranquiliza a medias. Por último, un ratito de charla telefónica con otra personita esencial para mi, que se muestra cariñosa como corresponde, pero que no era seguro que fuera a ser así.

Todos estos momentos han estado rodeados de una especie de bruma gris que se mete entre los costillares. Menos mal que voy conociendo los mecanismos que permiten torear, al natural, a los fieros y engañosos arraques de la tristeza. Y es que como ha dicho la especialista hoy, el duelo hay que pasarlo, que la gente ya no quiere sufrir por nada y eso, además de inconveniente, es imposible.