Nuevo diario donde se registran y relatan los aconteceres, impresiones y reflexiones cotidianos desde la mirada de un neoadolescente tranquilo y sosegado... casi siempre. Trata sobre educación universitaria, radio, familia, relaciones, ocio.. y sobre como reorganizarse después de ver rotos los moldes que parecían irrompibles, ¡¡pero con optimismo, oye!! O al menos se intenta.
Una experimentada profesora andaluza que fue contratada en un instituto gallego me contó que le propuso a los alumnos ir de excursión a unos parajes de interés académico y que le diesen su respuesta colectiva lo antes posible. Como pasaba el tiempo y los alumnos no decían nada, les conminó a que en un breve plazo le dijeran si querían ir o nó. Su directora, enterada de la cuestión, la llamó a capítulo y le dijo: mira, "fulana", lo que has hecho, aquí no se suele hacer, porque entre un sí y un no, hay opciones intermedias que hay que considerar. Oséa, una infinita escala de grises. Igual ocurre en los demás ámbitos de vida. Por eso, Las situaciones no se pueden definir en terminos de negro o blanco, como en el lenguaje binario de 0 y 1. Si optas por lo negro, te pierdes un montón de blanco y si te decides por lo blanco, tienes que cargar con bastante oscuro. He tomado la decisión, sentida, reflexiva y firme, de adoptar el modelo de la escala de grises que he esbozado, en algunos ámbitos importates de mi vida. No aclaro más para no meter la pata.
La comida familiar ha estado bien. Mi familia paterna sigue siendo muy protectora. Mañana toca ejercicio y dieta moderada. No hay que privarse de lo que no hace daño una vez al ... mes.
La tarde-noche transcurre con paz e ilusión. Confio en que no se tuerza el clima creado, sobre todo por mi torpeza. El ser humano debe aprender a controlar sus pensamientos negativos, a manejarlos para que no le hagan daño a los demás ni a uno mismo.
Una persona encantadora me pide que le transmita energía en un momento importante. Como no creo en la bioenergética ni en la transmisión de impulsos positivos de forma telepática, trato de infundir ánimo y resolución a través de la palabra. Pero, por si acaso es verdad que se pueden transferir esas vibraciones, les propongo que el martes a las once de la mañana dediquen un tiempecito a que su asunto salga bien: más que para beneficiar a uno, para que los dos implicados ganen. ¡Mira que si funciona...!!
El día comienza doméstico, haciendo algo por el espacio que ocupo y que no se adecúa a lo que me gusta, quizás sí a lo que soy. Recoloco muebles, ordeno enseres, limpio polvo, guardo ropa, quito suciedad, etc, etc, etc, etc.... Ahora me doy cuenta de la rutina hogareña: ¡Esas benditas amas de casa, trajinando sin parar para luego vuelta a empezar, como el burro cegado y sujeto a la noria que no deja de dar vueltas! Cuanta injusticia cometemos con quien hace este trabajo sin ser suficientemente valorado. Esa ropa interior, ordenada en su cajón, esas camisas planchadas, ese cuarto de baño limpio. ese suelo resplandaciente, esos espacios ordenados, ese frigorífico lleno, esa mesa puesta... esa comida elaborada y humeante! ¡¡Cuanto vale y que poco se paga!!
A mediodía, invitación para almorzar en casa de una nueva amistad, junto a su grupo habitual. Una madre nutricia reparte un puchero de los de invierno que sienta divinamente en este día invernal. Ese plato central es precedido de una sopa de fideos y seguido de esquisiteces varias, incluyendo bombones de buena calidad. La tertulia es amena, de buen nivel, alternandose los interlocutores. Los hijos ocupan buena parte de la charla. El trabajo también.
Por la noche, salida con los fieles y encuentro, casi a ciegas, con la conocida de un amigo, una chica competente con la que se pueden compartir ratos sanos y agradables. Luego, reunión con el grupo de la comida, que acababa de regresar del teatro. Cervecita, tapitas, mucha charla y algún bailecillo. Se entra en un antro dedicado al flamenquito, donde se cabe desafiando las leyes de la física. Se empuja aún más y nos embutimos entr el gentio. Algunos del grupo bailaban muy bien, me da verguenza y me prometo aprender. Llevo imcompliendo esto desde que vi bailar bien hace cuarenta años.
El primer día realmente frío de este otoño me ha metido en casa. Me doy cuenta de que tengo un montón de cosas que hacer aquí, algunas necesarias y otras por placer. Este fin de semana me propongo organizar y adecentar más el espacio. Empezaré por la primera habitación, de uso indefinido y casi inutil. Trataré de convertirlo en un espacio polivalente que mantenga cierto atractivo. Un tono desenfadado y bohemio jusitificará un moviliario tan viariopinto e improvisado. Por otra parte, ese es el estilo que me gusta.
La mañana ha ido bien en las clases y dura en los trámites. Al final he sumado un montón de quilometros en bicicleta, la pobre cualquier día me deja tirado. Vuelvo a improvisar el almuerzo en el despacho, pero aunque frío, he comido bien, puede que demasiado. Confio en que el coresterol, que lo produzco de manera congénita, esté bajo mínimos. A mediodía, un breve encuentro con nuevos amigos me abren puertas. Son gente de vuelta de muchas cosas que viven el día a día. Compartimos bastantes gustos y espero mantener el contacto. Me acogen muy bien.
El abuelo me cuenta por teléfono que escucha mi programa y me da consejos para mejorar. Tiene razón en todos. Sigue lúcido y optimista. Hoy nos toca estar solos, él allá en el campo y yo en este barrio residencial. Quedo con en ir a visitarle. Puede que el domingo se organice una comida familiar.
El viernes es el mejor día de la semana, eso es sabido. Ahora pretendo darme un ligero festín de descanso, no importa el desvelo de madrugada. La radio, un buen libro y, en casos extremos alguna película pendiente de ver llenarán de sobra la vigilia pertinaz. A veces, es suficiente con la imaginación, que es como todo lo anterior junto, pero con un guión impredicible.
Ante una situación que se percibe como excepcionalmente negativa, si además es brusca e inesperada y sobreviene en un momento demoral baja, o se dan todas estas circunstancias juntas, se puede entrar en un estado de depresión. Esta puede venir precedida de una situación de ansiedad. Bioquímicamente se relaciona con el déficit de serotonina.
A parte de una gran inquietud física y mental cuando se experimenta un estado de ansiedad, la depresión se sufre con perdida de apetito, del deseo sexual, cansancio, insomnio nocturno que se acompaña de soñolencia diurna, perdida de memoria, de capacidad de concentración, desinterés por todo, sensación de falta de energía, sensación de angustia que se puede acompañar de opresión en la garganta o en el pecho, ideas suicidas y/u homicidas, etc. La persona se muestra apática, de mal humor y de actitud negativa ante todo. Las defensas naturales del organismo se debilitan y hay más propensión a sufrir infecciones y lesiones en la piel u otros órganos.
Ante este cuadro busque ayuda especializada en psicólogos o psiquiatras con formación en terapias psicológicas.
Desde la experiencia vital de quien trabaja en el ámbito de la Salud hace treinta años y de haber vivido cincuenta, me atrevo a sugerir algunas medidas que son de sentido común.
-Trate de ser racionalmente positivo. Toda situación tiene alguna forma de mejorar o de empeorar menos, o de retrasar el empeoramiento.
-Haga algo por mejorar su situación, aunque le parezca que no va a contribuir a ello. Si, por ejemplo, ha perdido su tabajo, siga formándose y buscando empleo. No diga que está en paro sino “buscando empleo”.
-No se evada artificialmente. Prescinda radicalmente del alcohol o las drogas, excepto los fármacos prescritos si fuera el caso, y sin abusar de ellos.
-En general, lleve una vida sana y ordenada.
-Haga una dieta equilibrada, baja en grasas y glucosa. Desayune muy bien, tome una fruta a media mañana, almuerce a medio día un menú mediterráneo, preferentemente sin pan. Tómese el postre que le guste, pero en cantidad moderada si es muy calórico. No tome ni vino, ni bebidas de cola, ni café, ni té, ni cacao o chocolate. Beba agua, o zumos, o cerveza sin alcohol. ¡Nada de alcohol! Después del postre, un descafeinado o una infusión no excitante. Tome una infusión o una fruta en la merienda y haga la cena ligera, preferentemente de verdura, yogurt o fruta.
-Prescinda del tabaco si al hacerlo no aumenta su ansiedad.
-Haga ejercicio moderado. No use ascensor, vaya andando todo o parte del trayecto a su trabajo o destino, camine a paso un poco ligero, redescubriendo sitios que merecen ser vistos. Si le es posible, desplácese en bicicleta.
-Mantenga su higiene y atuendo siempre en perfecto estado de revista.
-Cuide su físico en general. Saque partido a su imagen corporal. Controle y equilibre su peso.
-Ordene su espacio personal, vivienda, habituación, etc. Redecórelo y cambie la disposición del mobiliario si es posible.
-Relaciónese con gente, hable de su situación sin recato. Los buenos amigos lo entenderán. Dígales que más que consejos, lo que quiere es hablar de sus sentimientos, de su estado. Si le dan su parecer, valórelo pero si no está de acuerdo con sus apreciaciones, manifiéstelo.
-Mantenga activos sus vínculos familiares y cercanos. No descuide el contacto con ellos.
-Trate de contactar con gente de su perfil a través de las aficiones o hábitos comunes.
-No desaproveche la oportunidad de saludar a la gente con la que trata a diario, camarero de la cafetería, frutero, barrendero, señora que pasea al perro, aparcacoches, etc.
-Si algo a alguien le resulta muy molesto, puede que la intolerancia de usted sea fruto de su depresión. Si ha tenido usted una actitud fuera de tono o simplemente poco amable, rectifique y pida perdón, se sentirá mejor y será comprendido.
-Tenga presente siempre al idea de que de esta situación, como de la mayoría, se sale y algún día no muy lejano se encontrará bien: ¡tenga esperanza!
-Sonría todo lo que pueda, aunque la sonrisa resulte algo triste o forzada.
-Procure estar cerca de gente simpática y divertida y trate de seguirlos.
-Si se siente cansado, no se esfuerce y descanse, pero si solo está desganado o aburrido, haga algo dinámico, salga a la calle, etc.
-Disfrute de la música, de la radio, de los libros de evasión, de aventuras, etc.
-Si se despierta por la noche, tenga a mano su radio y sintonice emisoras entretenidas. Hay programas que le pueden sorprender y millones de personas escuchándolos, como usted.
-Practique alguna afición asequible tanto en lo técnico como en lo económico. Además de las anteriores, el baile, la fotografía, la jardinería, el bricolaje… no descarte tener un animal de compañía. Busque otras personas que cultiven la misma afición y comparta experiencias con ellos. Es un buen pretexto para relacionarse. El coleccionismo, si no es muy costoso, también puede servir. No caiga en el consumo compulsivo.
-Visite exposiciones, asista a conciertos o espectáculos, vaya al cine… si está falto de recursos económicos, acuda solo a los que no cuestan dinero o es poco. No se avergüence de reconocer su situación económica si fuera precaria. Hay muchos como usted.
-Si en el espacio físico no encuentra esas relaciones, o se considera tímido, no descarte el ciberespacio (es recomendable la página Facebook). Localice a través de internet los foros donde se comunican los que comparten sus aficiones o intereses y participe activamente de ellos. Pero no permita que internet ocupe todo su tiempo social. Si es posible, establezca relaciones directas con las personas que conoce por la red.
-Huya de la competitividad extrema y del consumismo desmedido. Haga un consumo inteligente y dentro de sus posibilidades.
-Disfrute de las pequeñas cosas a su alcance. Un paseo por el parque, la visión de los niños jugando, de las parejas de enamorados, de las estatuas, de los paisajes urbanos, de la puesta de sol… todo tiene interés…
-Otorge la mejor interpretación posible a los actos de los demás. Trate de no envidiar, ni odiar, ni recelar, ni estar resentido, etc, dentro de lo posible. Esos sentimientos provocan un gran desgaste interior. Hacen más daño al que los siente que al objeto de esos sentimientos.
-Relaciónese siempre que pueda con la naturaleza (campo, sierra, playa) y trate de inspirarse en ella para encontrar armonía interior, pero no olvide que la angustia vital es consustancial al hombre y que una cierta inquietud forma parte de nuestra vida.
-Si en principio no logra seguir una o varias, o muchas de estas sugerencias, no se preocupe. Propóngase pequeños logros que constituirán los peldaños sobre los que seguirá subiendo. Si recae, no se desanime y vuelva a intentarlo. Su voluntad será finalmente más fuerte que su tendencia momentánea.
-Trate de ser feliz. Si no lo consigue a la primera, siga intentándolo. Usted tiene una Duracef enorme en su corazón.
El viento helado corta la cara cuando pedaleas en su contra. Las agitadas ramas de los árboles te avisan de que una mole gélida e invisible se opone a tu avance, como si mil brazos de muertos resucitados de un glaciar te empujaran hacia atrás. Solo el acompasado brío de tus piernas mantiene el marcha de la bicicleta, algo más ziszasgueante que otras veces. La funcionaria es extraordinariamente amable, pero hace falta otro papel para obtener el que busco, una semana después del entregar el primero, junto a un impreso solicitándolo. Vuelvo con viento a favor pensando en la sorpresa de la báscula mañana. Piano, piano. Me tomaré un buen desayuno.
La clase es definitivamente levantisca. Con un tono contundente de sargento cuartelero, que procura no generar dudas, trato de establecer las reglas del juego, pero no las tengo todas conmigo. Los llevo a visitar fábricas y laboratorios dentro de una semana. El almuerzo, casero, no está mal. Llevo dos días comiendo bien, con uno intermedio que me las apañé en el despacho. La consulta tranquila pero bien. Los casos son sorprendentemente parecidos, es una constante que se repite con frecuencia. Unos días toca una cosa y otros otra. Finalmente me hago de un pijama de invierno, acompañado de una bufanda. Es suave, mimoso, de un celeste relajante, y está lavado y planchado con cariño. Tiene tacto de mujer bonita, y olor a pecho materno. Es tarde ya, pero me prometo que mañana empezare a tomar decisiones serenas y firmes, a tomar las riendas. Sin pausas pero...
A primera hora toca algo de burocrácia, felizmente rápida y barata. En realidad solo es un escalón, esperemos que las escalera no sea muy larga y costosa. Después gestiono la participación de un experto en el programa de radio (Radiopolis Sevilla, 98.4 FM, los martes a las 12 horas) y cuando creo que lo tengo conseguido ¡zas! permiso oficial, contacto con resoponsables, enviar un informe, etc, etc.. Otro golpe de suerte y gente que tiene voluntad y, en el momento justo aparece en antena la experta, persona cordial y buena comunicadora que sintoniza con el locutor, no solo con la emisora. Un primer ratito agradable. La segunda media hora se salva con la participación de gente de la Universidad, además de los comentarios propios. Total, un resultado aceptable y, sobre todo, un estar tranquilo que permite divertirnos.
A medio día y por la tarde contactos telefónicos más agrios que dulces, más decepcionantes que ilusionantes, pero ahora no puede ser de otra manera. Es el momento de saber esperar, una de las artes más provechosas, pero a la vez más difíciles que puedan existir. Después, la letrada me hace ver, subliminarmente, los graves inconvenientes de los divorcios. Yo estudié el primer curso de Derecho, hace ni me acuerdo, pero debí terminar la carrera y dedicarme a esto.
A última hora me consuelo con unas buenas películas de segunda mano, a precio simbólico. Trato de negociar, de cachondeo, su visionado a cambio de una tortilla de patatas pero mi cliente no se presta. Esta justificado, así que veré las pelis solo y continuaré con mi dieta nocturna a base de picadillo de verduras a la que se añade pescado en conserva: atún o melva. Una cena magnífica y equilibrada para no enfadar a la báscula ¡oiga! ¿Ustedes gustan???
Me siento a media mañana delante del ordenador y cuando un rato después me levanto noto que me he quedado helado. Ha llegado de improviso una ola de frío que cambia la temperatura en poco tiempo. Resulta chocante que por la mañana hiciera mejor día que ahora. El frío nos acobarda, nos repliega en nosotros mismos como si quisiéramossalvaguardar todo el calorcillo que nuestros huesos y nuestros pellejos pudieran retener. El frío es un buen acicate para buscar la piel amiga con la que compartir templanzas y aplacar los temblores incontenibles de la soledad. El frío, compañero inevitable de la última hora, se atempera mejor junto a otros fríos. A veces el frío viene de dentro y no hay lanas ni franelas que lo mitiguen. Entonces solo sirve encender la modesta candela de la voluntad y del optimismo sereno. ¡Hace frío!
Amigos y gente muy allegada dan el calor que le falta a la atmósfera. El día se cierra bien, sin ser de los mejores, pero tampoco se puede vivir en un estado exultante toda la vida. Se pretende estar a gusto sin sonreír y vivir feliz sin aspavientos. La felicidad es sobre todo, ausencia de infelicidad. ¡Sean felices!
Lo peor de ayer fue la tremenda, para mi, bajada después de una serie de subidas y descensos por los vericuetos forestales de la sierra norte de Huelva, rayando ya con la provincia de Badajoz. Tengo la impresión de que estas jornadas son como esas canciones que sabes que te gustan mucho pero que necesitas escucharlas más veces para disfrutarlas. Nunca había vivido yo una inmersión tan profunda en nuestra naturaleza, que se ha visto potenciada por un marco favorecedor: la ruta bien planificada, el día calido y el ambiente humano acogedor. Hemos pasado entre una fauna domestica variada, burros, ovejas, cabras, caballos, asentada sobre un habitat natural compuesto por dehesas, montes, prados y, lo más curioso, riveras compartimentadas en huertos abandonados donde podías coger algunas granadas y naranjas que ningún campesino se molestaba en recolectar. Puede que con la situación que se vive, estos espacios vuelvan a hacerse productivos por necesidad.
Por la noche, un largo rato de conversación en torno a unas cervezas y un picadillo, repasando hechos, pensamientos y emocionmes de los últimos tiempos. Antes y después, un largo paseo por las calles semidesiertas de la ciudad, haciendo lo mismo: hablar y escuchar. Reconfortante y reparador.
Empieza una semana que hay que afrontar con una gran calma mental, con el control de las emociones, del estado de ánimo. El mismo que han de tiener los funanbulistas cuando a la mitad del recorrido, a treinta metros del suelo, la suave brisa se convierte en viento recheado y la cuerda se afloja.
Vuelvo, entro en el estudio, y una bofetada de olor a tabaco me para en seco. Ya han estado estos fumando e impregnándolo todo con esa pestilencia que tanto me recuerda al hedor de las habitaciones de los hospitales donde, dada la idiosincrasia de los pacientes y el mal pronóstico de sus historia clínicas, se les hacía la vista gorda. Puede que me esté volviendo un poco neurótico con este tema. Hasta ahora había convivido con personas fumadoras y lo había tolerado bien ¡lo que hacen los sentimientos!
El día, inmejorable en lo climatológico y muy completo en lo personal. A primera hora, después de despertarme cuando hacía rato que había salido el sol, cosa excepcional, recibo otra vez las atenciones de la familia. Luego, me doy un homenaje en forma tostada completa con salmorejo y jamón picado al estilo cordobés, seguida de zumo de naranja recien exprimido, que me predispone para lo que haga falta.
En la Jormada Profesional, todo el tiempo se va en acudir a las comunicaciones, las hay de todo tipo y calidad, y reestablecer relaciones. Acordamos con otra universidad hermana intercambiar docencial en mi materia. De momento sin convenio previo, no hace falta, y después puede que con las formaliades oportunas. Me encuentro con gente con experiencias similares a las mías, lo que se presta a la confidencia y a la comprensión. El almuerzo es de estilo bufet -no como apenas- en la terraza del hotel, con unas vistas preciosas hacia la sierra y la ciudad. Allí retomo el contacto con antiguos alumnos, hoy colegas, lo que me proporciona unos momentos que no tienen precio. Encuentro gente cordial, simpática, afectuosa, encantada de volver a verme -pero de verdad- con ganas de pasarlo bien en el más sano de los sentidos. Me preguntan insistentemente por la que falta y siento que no estuviera allí pues, dado su caracter y lo bueno que había sembrado, lo hubiera pasado de lo lindo. ¡Que pena por ambos!
De vuelta, disfruto de una compañía singular en el tren. Una joven madre -de belleza exótica e innegable procedencia oriental (india o pakistaní) pero de atuendo occidental, enseña a escribir las letras a un pequeñin de unos cinco años, dictándoselas en inglés. Consigen completar menos de la mitad del abecedario, mientras el padre se mantiene aparte, un poco a lo suyo. Fuera, el valle del Guadalquivir, con el tono cobrizo suave del atardecer, se quedaba detrás a doscientos veinte quilometros por hora. Tanta rapidez me recuerda otras precocidades que no sirven para nada.
Ahora quedo con mis fieles, que me convocan a la rutinaria y reconfortante ruta alcoholera y tapera por el centro. Me retraso un poco para terminar mis textos y beber algo menos.
En el momento de irme me doy cuenta de lo cansado que estoy. Mañana me espera otro día interesante, con buen tiempo y andanzas por la naturaleza, es lo previsto, por lo que me interesa acumular fuerzas. Además, últimamente leo poco. Mis fieles lo entiende perfectamente.
El epicentro del día ha sido la ponencia -más bien "comunicación", que presento en las jornadas profesionales de la Comunidad Autónoma. Me sorprende la juventud de los demás ponentes, que me hace aparecer totalmente senior, a pesar de que los castizos que hacen tiempo que no me ven me dicen que "estoy más nuevo". ¡Lo que hacen unos quilos menos! El tema es atractivo y aunque he aprovechado parte del material del congreso anual, es bien acogido por los congresistas. Saludo a los antiguos alumnos y colegas, que en su mayoría se dirigen a mí con afecto, y los veo muy adultos. Han perdido la cara de inociencia con que los recordaba cinco o diez años atrás y se les ve más seguros, sabiendo lo que quieren. Me pregunto que habré ganado y perdido yo en este tiempo.
Por la mañana, visita al Centro para resolver algo y luego al Registro de la Propiedad buscando documentos para los abogados. Luego termino de preparar la presentación que, como siempre, queda muy mejorable, lo que es suplido por las tablas en este oficio. Pero no es lo suyo.
A última hora, encuentro familiar con los de aquí, que me invitan a cenar fuera y me tratan con todo tipo de atenciones. Los retoños son excepcionales, especialmente la segunda, que empieza a tocar la flauta travesera en el conservatorio.
Es hora de retirarse a descansar en la cama que le he usurpado a la mayor. Espero que no me guarde rencor.
Perseverancia, paciencia, confianza, lemas universales que no pierden vigor. Los alumnos de primero van entrando por el aro. La mayoría han montado sus blog y cada día traen más artículos de opinión comentados. En algunos casos tienen verdaderos problemas para explicar lo que quieren decir, y no es que su pensamiento sea muy complejo precisamente, pero en otros, el discurso sale fluido, coherente y reflexivo. La cosa marcha. A media mañana, la alumna bailadora de flamenco se deja grabar en acción para estudiar su biomecánica. Solo la veo en parte por el visor de la cámara, pero los momentos que retiro el ojo de la mirilla contemplo los más bonito que he visto últimamente. Junto a unos alumnos que se incorporan al espectáculo, no puedo reprimir un ¡¡OLE!! y un fuerte aplauso al terminar. Que movimientos, que gracia, que arte. Esta chica va a llegar a donde quiera en el baile. Improviso un almuerzo en el despacho a base de empanada gallega, zumo y flan, mientras preparo la clase especial del Máster de Cirugía. Su director me pide una intensa inmersión en Biomecánica. En menos de dos horas de charla y conversación, trato de cambiarles algunos esquemas. Al final aplauden, cosa que confunde mucho a los narcisistas tímidos como yo. Al regreso, compra de alguna prenda, prueba en el probador y paseo como en los viejos tiempos. Pero es un espejismo, no debo dejarme engañar. El encuentro es solo circunstancial y no cambia nada. Hablamos de trámites y abogados con una actitud respetuosa. Me espera en la consulta una pareja de muy antiguos amigos, encantadores. Un rato de charla agradabilísima mientras la trato a ella. Comentan que me van a hacer un regalo muy especial. Cuando me dicen que es, estoy de acuerdo, especial sí es. Un paseo acompañando a una persona cercanísima resulta muy provechoso y termina bien. Aclaro cosas e infundo ánimos. En mi rincón, me llega un correo desde lejanas tierras que me alegra mucho. Van a viajar por una zona turística del lugar, esperemos que lo hagan sin novedad. Es una persona increíble.
La palabra crisis preside las conversaciones por donde quiera que paso. La gente, poco a poco, se va asustando. Es cierto que un sector importante de la población ha visto modificadas, para peor, sus condiciones de vida, pero otros muchos se están beneficiando de la crisis. Todos los que tienen ahorros acumulados o perciben ingresos estables han ganado capacidad adquisitiva porque no se está produciendo inflación. En nuestro sistema de libre mercado –capitalista a secas- la resección asociada a la inflación, la llamada “tormenta perfecta” es temible. Muchos precios empezarán a bajar y los fabricantes de casi todo comenzarán a lanzar ofertas para hacer caja (vivienda, coches, viajes, ropa, etc). Sin embargo, la gente se retrae en el gasto con lo cual la circulación económica –la sangre que alimenta el organismo socioeconómico- se enlentece. En el blog de Francisco Garrido leo “En economía funciona el famoso teorema de Thomas que dice que las consecuencias de un enunciado, independiente de su valor de verdad, son verdaderas”.
O sea que cuanto más hablemos de la crisis más la provocamos. La famosa profecía autocumplida. Yo mientras pueda me tomaré mi tapita, aunque ahora dejo menos propina, que soy del grupo de los afectados.
Por la mañana, búsqueda de un documento que me pide la abogada. ¡¡Terrible, terrible, terrible la burocracia!! Es de las pocas cosas que me sacan de quicio. Mañana iré a ver si me proporcionan una copia, no se muy bien donde. ¡Vaya asco de tiempo perdido!
Luego clase teórica, que el último día estaban los alumnos imposibles en el debate. En un momento me pongo muy enérgico en cuanto al orden en la clase, Me doy cuenta que son solo dos los que incordian y pido disculpas por el tono. Ya hablaré con los susodichos.
Por la tarde en la consulta, un poco taciturno. No he ejercido como debiera. Después la tapita y a mi rincón, que lo aprovecho poco. El abuelo parece estar bien por teléfono. Tampoco lo disfruto mucho. Este fin de semana ya lo he planificado y no tengo hueco para verlo. A ver como lo organizo. Mi pequeña suena como los ángeles, espero verla mañana.
Mañana empiezo con Factores Socioambientales de la Salud. El último día se debatió poco y eso no interesa porque hay que sacarlos de aletargamiento con que vienen del Bachillerato. A pesar de ser la élite de los estudiantes, su capacidad analítica y crítica es “cortita con leche”. ¿De quién será la culpa? ¿Qué cantidad de cambio podré ejercer sobre ellos? ¿Cuánto cielo me habré ganado? El cielo está en los recuerdos que conserven de ti y en el grado de superación que lograron por ti los que te rodearon. Eso es todo.
Escucho un programa de autoayuda y miro la emisora. Un tal D. Bernabé, psicólogo, psicopedagogo y algo más, habla desde Radio Nacional de España tratando de irradiar optimismo. El que sea la radio pública sugiere el interés del gobierno para que la gente supere el pesimismo provocado por la crisis y el desempleo. Lo que dice es obvio, pero aplicable a casi todas las esferas de la vida. Yo lo vengo haciendo a mi manera, con fórmulas parecidas: inteligencia, actitud positiva, aceptación de lo inevitable, interés por lo cercano, por lo inmediato…
Mi programa de radio en Radiópolis 98.4 ha funcionado a pesar de que ha faltado el experto. Resulta difícil en esa hora, pues los especialistas están trabajando. Los alumnos dan la talla y hablan con desenfado pero con prudencia, en el tono justo, de las prácticas de sexo que conllevan riesgo. Queda bien. A última hora, una visita rápida pero útil a alguien que necesita contar los desatinos que están cometiendo los responsables de su empresa. Cada vez me resulta más evidente que muchos ineptos ambiciosos están situados en altas esferas de poder. A veces echan por tierra el trabajo de los demás, ocupados en sus luchas intestinas y en destrozar como tiburones a quien se les oponen. Hace unos minutos he recibido una llamada que termina con una actitud aceptable, lo cual es un logro en comparación con otras veces. Termino el día luchando contra el sueño para subir este texto. (...)
La tapita de última hora me proporciona un rato de tertulia inesperado. En este caso con gente del mundo del arte y la creación, La conversación relajada e inteligente sigue siendo un placer tan gratificante como poco apreciado. Da igual quien sea el interlocutor o interlocutores si hay buena comunicación. Para la comunicación no importa la crisis, quizas incluso la estimule. No hay mal...
Hoy también empiezo por el final en este día luminoso moteado de pinceladas oscuras. La última hora ha sido apoteósica. Me llega la información de que alguien viene a cantar fados a un tugurio del centro. Insinúo que me gustaría ir y me veo en el sitio, rodeado de un grupito de personas con las que tengo más afinidades que divergencias. Empieza la gala y ¡sorpresa! la artista es una sevillana que canta como los ángeles portugueses, con un dominio de la voz y una variedad de registros y de ritmos que entusiasma hasta a los menos iniciados. Al final, termino “con las carnes de gallina• En la pared un figura texto que más o menos decía: “Voy a llorar un millón de lágrimas con la esperanza de que el sol se las lleve para siempre”. ¡Que oportuna la frasecita! La vuelta, un paseo nocturno en bici con una de las personas más encantadoras que he conocido recientemente, si bien es verdad que me he encontrado más gente así en las últimas semanas que en toda mi vida, y eso que antes también las tenía. No toca ahora, ni en bastante tiempo, otra cosa y nos despedimos con un “buenas noches” al que solo le faltaba el “tenga usted”, al más puro estilo decimonónico.
La mañana empezó bien en clase: varios alumnos habían creado sus blogs, aunque aún no han escrito apenas en ellos. Parece que les hace ilusión. Les largo un breve discurso justificador de la importancia del ciberespacio en la profesión cuando les pregunto y me doy cuenta de que esta generación no vivió en los tiempos en que no existía internet, que fue “antes de ayer”. Son ellos los que pueden enseñarme a mí. Después se debate animadamente sobre un artículo que trata del consumo televisivo inapropiado de los niños.
Por la mañana, en la consulta, se evidencian los problemas propios de la coyuntura en que vivimos, y que afectan a todo el mundo. Por la tarde doy por terminado el curso de edición avanzada: ya tengo cierta idea de cómo funcionar y me interesa ahora ir por mi cuenta. A veces me he sentido tan perdido con este programa como hace muchos años, con las clases de matemáticas o de idiomas en la escuela de mi niñez. Después, un contacto telefónico con final decepcionante y preocupante vuelve a poner un tono amargo a la jornada.
Haciendo balance, ha merecido la pena, y mucho, haberlo vivido, a pesar los malos tragos que venían en el lote. Mañana, el programa es apretado. A ver como se ve después, que hasta el rabo, todo es toro. (...) Reflexionando después, en el insomnio de la madrugada, llego a la convicción de que todas estas nuevas vivencias son un pobre sustituto de mi metódica vida anterior, de trabajo programado, estancia con mi familia en el hogar -en el más entrañable sentido de la palabra- paseo rutinario con mi compañera -lleno de afecto- y vuelta a dormir, cálidamente. No dudaría en volver a esa situación si de mi dependiera, a pesar de las dificultades que conllevaba. No lo dudaría si tuviera la oportunidad. ¡Con el tiempo… nunca se sabe!
Otro día largo pero aceptablemente bien aprovechado. Empezó trabajando en la consulta, donde se dieron algunos ratitos de charla interesante con varios pacientes. Uno de ellos, situado en un puesto clave de la banca, me comenta detalles de lo que empiezan a sufrir las PYME.
A mediodía, comida agradable con personas cercanísimas. Por la tarde, trasteando con el nuevo programa de edición. Por la noche, salida simpática con los fieles, a lo que se unen hoy aires frescos de Huelva. De regreso, rendido y con sueño, me limito a saludar al personal y a disponerme a dormir. Mi radio y yo estamos cansados. No tengo perrito que se acueste en mi cama, pero si radio que me susurra al oído toda la noche.
Domingo a la vuelta de la salida de senderismo:
Ha sido un día intenso tanto en lo físico, 18 km de subida de sierra, como en lo personal: no he parado de hablar con la gente de la excursión. Me he encontrado de todo. Una profesora del Instituto de mi hija, otra del Dto. de Pedagogía de la Universidad con la que comparto amigos comunes, gente de distintas procedencias de perfiles dispares, pero con una cosa en común, el amor por la naturaleza, la cultura, la vida sana y los momentos agradables, sin complicaciones. Una de las senderistas, convaleciente de una intervención, tiene dificultades para avanzar con peso y cargo con su mochila. Me introduce en un grupo majísimo que me acoge como a uno más y me invitan a sus actividades culturales y afines. Los monitores, estupendos. Lo bueno, que no hay tensión en absoluto. Cada uno es como es y se relaciona con quien quiere, pero nadie es desagradable ni despreciativo. No es fácil encontrar esta atmósfera como esta.
Cuando llego, después de una breve visita al comedor de noche, el bareto de marras, pongo un CD de Canto Gregoriano que me ayuda a sosegarme tras el subidón de endorfinas, y me siento ante el teclado. Mis vecinas invisibles, las del piso de estudiantes de al lado, denuncias su presencia con un portazo. La que duerme junto a mí, con 7 cm de pared por medio, no parece estar hoy con su noviete, por lo que dormiré mejor, que siempre andan poniéndome los dientes largos.
Mando un correo, demasiado largo y más imprudente aún, haciendo peligrar una prometedora amistad, y me dispongo a castigar a mi pobre sofá cama. Seguramente me dormiré antes de que suene el “Exultemus et laetemur”, de la Shola Gregoriana Hispana. Director F. Javier Lara. Editado por Alfa Delta.
Volar es alejarse un momento de la realidad . Cuando se vuelve a tierra, esa realidad hay que labrarla y obtener cosecha, como el campesino en la ladera.
Senda firme, cuerda floja,
Ya sea en la senda firme o en la cuerda floja, hay que guardar el equilibrio para no caer en el vacío.
Troncos caidos
Al andar quedan detrás los troncos caidos de los que un día fueron árboles sobervios.
Aire, tierra, agua, fuego
Los hombres deberíamos volvernos invisibles para pasar por estos espacios sin alterarlos con nuestra demoledora presencia.
Cosecha
Si siembras y cuidas la tierra, obtendrás su fruto, pero hay años en que una mala tempestad acaba de golpe con la cosecha. Hay que volver a empezar.
Adicción
Nos podemos volver adictos a una persona igual que a una droga o a una herramienta.
El otoño desde la ventana
No es mi ventana ni es mi otoño. Mi arboles son naranjos y no dejan pasar la dulce luz de noviembre.
Discoteca juvenil
Cómo un torero detás del telón de acero (Sabina). Así estamos en la discoteca.
Teatro
No hay mejor espectáculo que el de un actor que interpreta directamente para su público. Es una creación única e irrepetible.
Amor para siempre
El amor puede durar toda la vida. Solo hace falta que los dos lo quieran.
Realidad virtual
La presencia de las personas queridas no adminte sucedáneos.
avíos
Con estos ingredientes, buenos garbanzos y una mano experta y amorosa, comen los ricos y los pobres.
Sintonía y complididad
La sintonía en el encuentro, la complicidad subliminal, ¡Que maravilla!
Profesor alumno
Ahora, lo que prima no es la enseñanza, sino el aprendizaje, donde el profesor es un guía del alumno para que este construya su conocimiento. Si acaso, una fuente más de datos y un evaluador.
La radio
La tecnología, tan dañina a veces en manos del hombre, proporciona instrumentos de comunicación maravillosos. Uno es la radio, la voz amiga de los que viven en soledad.
Abogados
"Pleitos tengas y los ganes" reza una maldición Gitana.
Cena de rey
Cenar como un rey proporciona una salud de pobre, pero, por un día, no hace daño alegrar el corazón con los placeres de la mesa.
Discoteca
De vez en cuando, no importa la edad, viene bien bailar un rato al ritmo de la música disco. En algunos lugares, cerca de la pista de baile, hay sitio para sentarse a conversar.
Bendita lluvia
La bendita lluvia oprime cuando arrecia y el cielo se oscureze como si fuera a caer la noche. Cuando escampa el cielo aparece limpio como nunca.
Conversando
Conversar es placer y satisfacción. Hace falta inteligencia, comprensión, generosidad, elegancia y comedimiento, entre otros ingredientes, a partes casi iguales y en no mucha cantidad. Conversar lo hace quien quiera, si de verdad quiere.
Michelines fuera
Hay quienes tienen los michelines de serie, pero si se dejan, se convierten en "michelones". Se quitan o se reducen con algo de esfuerzo, un poco de tesón y una pizca de inteligencia, tanto los de la barriga como los de cerebro. A otros, se los maquilla el asesor de imagen o el psicólogo.
Pedaleando y guardando el equilibrio
Para guardar el equilibrio, no se puede dejar de pedalear. Cuanto más se peladea, más fuerte se vuelve el ciclista.
Mujer enamorada
Ayer vi a una mujer enamorada de un hombre. Estaba radiante, lo que la hacía aún más bella de lo que la naturaleza generosa había previsto.
resoltero reincidente resurgiendo
La melancolía es una espesa niebla que poco a poco se va disipando, si sopla un poco de brisa matutina. También sirve el vientecillo fresco del atardecer en una playa del sur.